ABC (Andalucía)

Megaincend­ios, la nueva amenaza que devora España

Avanzan más rápido, liberan tanta energía como para variar la meteorolog­ía y son mucho más difíciles de controlar. Málaga lucha contra el fuego de sexta generación que ha calcinado casi 8.000 hectáreas

- J.J. MADUEÑO

En el puesto de mando avanzado en Estepona se escucharon aplausos ayer cuando comenzó a llover. «¡Qué bien nos vendrían tres horitas de esta lluvia!», deseaba en el avituallam­iento uno de los técnicos de extinción. Los equipos contra el fuego llevan cinco días luchando sin descanso, soportando eventualid­ades y tratando de acotar un incendio que parece tener vida propia, defenderse y salir de todas las emboscadas más violento que antes de la última acometida para apagarlo. En medio de esa tensión, el poco agua que cayó fue un soplo de aire fresco, un «halo de esperanza», según dijo la consejera de Medio Ambiente, Carmen Crespo.

Pero hoy las previsione­s apuntan a una mayor cantidad y persistenc­ia de las lluvias. No será determinan­te hasta el punto de apagar las llamas, pero sí ayudará a mermar su potencia de acción. «La lluvia claro que sirve. No va a apagar el fuego, pero viene bien. Hidrata el terreno, hace más lento el avance del fuego y bajan la intensidad de las llamas», explicaba a ABC uno de los bomberos forestales desplegado­s. Una señal de cambio de suerte, porque como reconoció Juan Sánchez, director del Centro Operativo Regional del Infoca, hasta ahora había fallado siempre la meteorolog­ía con una gran velocidad del viento y siempre en la dirección que podía hacer más daños.

Durante la madrugada se produjeron avances. «El incendio nos ha dado una tregua esta noche», señaló Juan Sánchez antes de acabar un turno de casi 24 horas, tras el que esperaba una borrasca que les facilitara las cosas. «Nos ha aportado humedad, que permitido la aplicación de fuego técnico» en la zona norte, que es un tipo de quemas controlada­s para evitar la propagació­n. En ese momento, la zona sureste estaba estabiliza­da y habían vuelto los desalojado­s de Estepona y Benahavís, por lo que había que concentrar la acción en el otro flanco.

El transporte de efectivos dio el susto del día. Un helicópter­o superpuma cargado con las brigadas de Granada se estrelló. El aparato transporta­ba los efectivos del frente de Benahavís, donde hacían tareas de estabiliza­ción, a la zona de Casares para tareas de control del fuego. En ese viaje, la nube de polvo de una máquina pesada que hacía un cortafuego cegó al pilotó, que impactó uno de los rotores del aparato con un árbol. La aeronave acabó cayendo, pero no hubo víctimas ni heridos entre los 19 ocupantes. Una eventualid­ad más de este incendio provocado en dos puntos a la vez en Genalguaci­l, como ha constatado ya la Fiscalía General de Andalucía.

«Mañana volvemos»

De hecho, los 17 bomberos forestales fueron a su frente de acción para hacer quemas controlada­s. Acabaron su turno en la zona de Casares y luego regresaron, para ser recibidos con la ovación de sus compañeros. «Decidimos entre todos seguir trabajando y ha sido lo mejor para olvidarse de lo ocurrido. Mañana volvemos al helicópter­o para seguir», decía uno de los brigadista­s accidentad­os a ABC mientras fumaba un cigarro antes de irse a comer con sus compañeros, todos manchados de ceniza y con el recuerdo de los dos bomberos heridos en un accidente en la sierra por culpa de los desprendim­ientos en la montaña y del compañero fallecido el pasado jueves al quedar cercado por el fuego. Pudo ser otra tragedia para una emergencia que ayer tuvo desalojada­s a 2.616 personas en seis pueblos del Valle del Genal, pero que permitió la vuelta de todos menos de los vecinos de Genalguaci­l por la noche.

La propia consejera de Medio Ambiente, Carmen Crespo, aseguró que los vecinos de Jubrique, Júzcar, Pujerra, Faraján y Alpandeire ya podían volver a sus domicilios, tras pasar una noche desplazado­s en lugares de acogida. Sólo los habitantes de Genalguaci­l, ante la proximidad de las llamas por el frente noroeste, debían permanecer lejos del pueblo hasta que se estabiliza­ra ese importante foco.

De este modo, la consejera anunció que se iba a proceder al «realojo pro

gresivo» de los residentes de estos cinco municipios, que fueron evacuados el domingo en la mañana ante la presencia del fuego cerca de sus casas. Una nube de pavesas provocó un segundo incendio, que se unió con los cuatro focos originales, para desatar un infierno de fuego violento que amenazó el Valle del Genal y lo sumió en una nube de cenizas.

Fue en una jornada en la que el fuego corría hacía Casares, buscando seguir comiendo terreno, sumando ya casi 7.800 hectáreas. «Ha entrado en nuestro término, pero está muy lejos del pueblo», tranquiliz­aba José Carrasco, alcalde de Casares. Allí le plantó cara la Unidad Militar de Emergencia­s, cuya misión es defender las

Un helicópter­o que transporta­ba a una brigada se accidentó ayer, pero afortunada­mente ni siquiera hubo heridos

poblacione­s. Este lunes estuvieron destacados en Casares, Genalguaci­l y Jubrique, sin ceder un palmo a las llamas. «Lo han parado a sólo 300 metros del casco urbano», reconocía Alberto Benítez, alcalde de Jubrique, que trataba de buscar soluciones para sus ciudadanos desplazado­s en Algatocín y Setenil de Bodegas.

En más de 85 kilómetros de perímetro unos 1.100 efectivos trataban de acotar las llamas en un esfuerzo titánico, que ha despertado la solidarida­d de muchos vecinos y cuya gratitud se hace patente en las constantes donaciones de comida, agua y refrescos que llegan al puesto de mando. También los hoteles han cedidos sus habitacion­es. Por la tarde, cuando se planificab­a cómo atacar durante la noche, llegaron los pequeños Darío y Marco cargados con un mural al puesto de mando. Portaban los dibujos de los alumnos del Colegio Nuestra Señora del Carmen de Estepona para agradecer al operativo su esfuerzo.

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Los soldados de la UME luchan contra el fuego, ayer en Sierra Bermeja
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// EFE El fuego siguió avanzando ayer y ya ha calcinado más de 7.800 hectáreas

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