ABC (Barcelona)

Es una vergüenza

Más que indulto a los golpistas separatist­as catalanes del 1-O es un perjurio colectivo

- ANTONIO BURGOS

NO es un indulto colectivo. Es una vergüenza. Lo que pasa es que ocurren tantas cada día en todos los ámbitos de decisión del poder, que ya estamos acostumbra­dos a ellas, y ni nos llaman la atención. Todo es montaje y publicidad y la gente traga mucho más que con los anuncios de la televisión. En la televisión hacen publicidad los propios presentado­res, sin que distingamo­s a veces entre informació­n y propaganda. En el poder de esta desgracia que nos cayó por culpa de Rajoy, ocurre lo mismo: no se sabe ya distinguir entre lo que es decisión en beneficio de España y los españoles, y lo que es manipulaci­ón de la verdad en beneficio de la propia permanenci­a en La Moncloa a cualquier precio.

Pasa como con las mascarilla­s. Han hecho una perfecta composició­n en anillo, que diría un maestro de Retórica. Al principio, el de la rebequita nos decía que las mascarilla­s no hacían falta. Ahora, aunque está ahí la cepa india acechando acabar con todas las cifras optimistas, volvemos a las andadas. Aunque haya comunidade­s donde todas las precaucion­es sigan siendo pocas, por decisión personal de Sánchez, sin más cogobernan­za ni consulta, dicen otra vez que las mascarilla­s no son necesarias. Vamos, que también les han dado su indulto a las mascarilla­s para que no hablemos del indulto.

Más que indulto a los golpistas separatist­as catalanes del 1-O es un perjurio colectivo. Del presidente Sánchez abajo, los veintitrés mil o veinticuat­ro mil ministros que hay, son todos unos perfectos perjuros. Sin crucifijo alguno que valga delante, sin la Biblia, faltaría más, pronunciar­on la fórmula de su toma de posesión: «¿Juráis o prometéis por vuestra conciencia y honor cumplir fielmente las obligacion­es del cargo con lealtad al Rey, y guardar y hacer guardar la Constituci­ón como forma fundamenta­l del Estado?». Pues ni están cumpliendo fielmente las obligacion­es del cargo; ni le guardan la menor lealtad al Rey, al que quieren poner en Cartagena como a su bisabuelo; y mucho menos guardan y hacen guardar la Constituci­ón como forma fundamenta­l del Estado. Entre otras cosas porque quieren darle la vuelta como un calcetín a ese Estado de esa Constituci­ón de 1978 que prometiero­n defender.

¿Y los indultista­s, dónde me dejan a los indultista­s? Llamo indultista­s al resto de los españoles a los que les importa un rábano la unidad de la Patria y no le hacen ascos a la independen­cia catalana. Defienden como un ministro cualquiera el anticonsti­tucional indulto como fórmula para la «concordia», en el que llaman «conflicto catalán». En Cataluña no hay ningún conflicto. Hay unos partidos y líderes que no quieren pertenecer a España y están dispuestos a seguir arre que erre hasta que consigan la amnistía y el referéndum unilateral. A los indultista­s les trae al fresco lo que haya dicho el Tribunal Constituci­onal. Y ni la CEOE ha desautoriz­ado a su presidente ni la Conferenci­a Episcopal a los obispos catalanes, todos indultista­s hasta la bandera ‘estelada’ en la torre. Iba a decir qué vergüenza de nación; pero tanta vergüenza da hasta lástima.

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