ABC (Barcelona)

Italia sentencia tras pasar miedo

▶ Chiesa y Pessina decidieron en la prórroga, pero el gol de Kalajdzic dejó la eliminator­ia en vilo hasta el final, con una Austria que pudo dar la sorpresa

- TOMÁS GONZÁLEZ-MARTÍN

Un gol de Chiesa en un buen disparo tras controlar la pelota con la cabeza decidió una eliminator­ia que se le complicó a los italianos hasta límites insospecha­dos, al borde de la debacle. Pessina anotó el segundo tanto, el de la seguridad. Austria forzó la prórroga antes de asustar a su enemigo. Al final, la clase de los pupilos de Mancini decantó un enfrentami­ento de infarto, con dos fases opuestas y ocasiones para los dos conjuntos.

Italia apabulló inicialmen­te a la Austria de Alaba con un dominio aplastante durante un hora que no tradujo en goles. La siguiente media hora, sin embargo, fue de mando austríaco.

El conjunto rojiblanco se vio encerrado ante la técnica de los ‘azzurri’ a lo largo de sesenta minutos. El repliegue de los hombres de Franco Foda agravó aún más el objetivo italiano, pues su rival no dudó en colocar ocho futbolista­s en el área de Bachmann para proteger el cerocerism­o a ultranza y preparar la reacción más tarde.

Austria sabía que si planteaba un duelo de jugar al fútbol estaba perdida y jugó a la guerra de guerrillas. Su secreto era guardar fuerzas para atacar después con mayor potencia que los azules. Así sucedería.

La fase de mandato italiana se definió por una ristra de remates sin precisión. Las huestes de ‘Mancio’, como llaman los italianos a Mancini, enviaron un disparo al poste, obra de Inmobile, e hicieron de Bachmann un héroe. El guardameta austríaco evitó con su pierna derecha un tiro de gol de Insigne y despejó con sus guantes dos lanzamient­os de Spinazzola. Di Lorenzo chutó fuera en otra ocasión italiana. El partido era todavía un acoso sin derribo de esta Italia que llegó a la Eurocopa calladita y que ahora es un enemigo duro para todos. Pero Austria estuvo a punto de dar la sorpresa en una reacción impresiona­nte.

Récords italianos

La ‘Azzurra’ estableció la plusmarca histórica de su selección al acumular 31 encuentros invicta, superando el viejo hito que Vittorio Pozo dejó para la leyenda en los años treinta. Esta Italia de Mancini consiguió también otro récord particular al sumar más de once partidos sin sufrir un gol. Lo firmó por 142 minutos más, hasta que Kalajdzic anotó el 2-1 en la prórroga, superando la antigua marca que Dino Zoff mantenía desde hace casi medio siglo.

Todavía con el cerocerism­o, Verratti quiso aumentar el ritmo de la circulació­n de balón para romper el sistema defensivo austríaco, que demostró ser un bloque que trabaja en grupo desde Arnautovic al portero. Los once destruían. Nadie se escaqueaba. Entre otras cuestiones, porque si alguien dejaba de correr, Foda le cambiaría. El selecciona­dor de los rojiblanco­s había dejado claro a sus hombres que eran inferiores en calidad y solo podrían vencer si defendían con un sacrificio infernal, porque luego, con el cansancio del contrincan­te, atacarían. Así lo hicieron. De Manual.

Los austríacos pusieron primero a prueba al veterano Bonucci en dos balones largos que buscaron la espalda del líbero italiano. Le hicieron respirar con dificultad, pero Bonucci soportó el examen ante Arnautovic, que demostró su talento siempre.

El partido pasó a estar en el alero, al límite de lo imposible. Italia ya no controlaba el juego y Austria amenazaba con dar el golpe en un cambio de papeles absoluto. Impuso su genética y echó atrás a su oponente.

Un buen disparo lejano de Sabitzer hizo volar a Donnarumma por primera vez en el partido. Era una advertenci­a. Esta es la grandeza del fútbol. Gana el que marca, el que no falla. Por eso es un deporte distinto.

Austria luchó hasta el final

Austria asustó a Italia con un golazo que fue anulado por el VAR. Un pase de cabeza de Alaba, perfecto, lo remató el espléndido Arnautovic con un testarazo por alto que superó a Donnarumma. El videoarbit­raje no lo permitió subir al marcador por centímetro­s.

El duelo se había equilibrad­o. Austria creaba más ocasiones que Italia. Mancini introdujo cuatro cambios. Y Chiesa, que merecía tener más minutos, decidió la eliminator­ia en una jugada de ariete. Pessina aumentó la cuenta de una victoria muy trabajada. Kalajdzic redujo distancias a falta de cinco minutos que pusieron los corazones a mil. Austria pujó por forzar los penaltis hasta el final. Los italianos pasaron a cuartos de final con un sufrimient­o descomunal.

Buen partido de Alaba y de Chiesa, un delantero que merece más minutos y que dio la victoria a su selecciona­dor, Mancini

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// AFP Chiesa alza los brazos para festejar con sus compañeros el primer gol de Italia ante Austria
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