Eduar­do Pá­rra­ga «“Cam­peo­nes” nos ha abier­to el ca­mino»

Guio­nis­ta y di­rec­tor de cor­tos

ABC (Córdoba) - - CÓRDOBA - ARIS­TÓ­TE­LES MO­RENO

▶ Cua­tro años an­tes del bom­ba­zo ci­ne­ma­to­grá­fi­co de la tem­po­ra­da, un jo­ven ci­neas­ta cor­do­bés ya tra­ba­ja­ba en una his­to­ria pro­ta­go­ni­za­da por dis­ca­pa­ci­ta­dos. Aho­ra pue­de ser su mo­men­to

Un bo­xea­dor con ar­tro­gri­po­sis en los bra­zos, un na­da­dor paralímpico, una pe­rio­dis­ta dis­ca­pa­ci­ta­da y un lec­tor em­pe­der­ni­do en si­lla de rue­das. Es­tos son los «cam­peo­nes» de Eduar­do Pá­rra­ga, el jo­ven ci­neas­ta cor­do­bés que pre­pa­ra su pri­mer lar­go­me­tra­je so­bre una his­to­ria de su­pera­ción, amis­tad y lu­cha con­tra la ex­clu­sión de un co­lec­ti­vo, el de los dis­ca­pa­ci­ta­dos, dis­pues­to a di­na­mi­tar to­dos los cli­chés. El re­to no es fá­cil. Tie­ne la his­to­ria, el guión y un equi­po hu­mano in­con­di­cio­nal. Aho­ra ne­ce­si­ta la pas­ta. 20.000 eu­ros que pre­ten­de re­cau­dar a tra­vés del mi­cro­me­ce­naz­go pa­ra em­pe­zar a ro­dar an­tes de que con­clu­ya 2019. ¿Es­ta­mos an­te el nue­vo Ja­vier Fes­ser an­da­luz?

—¿«Cam­peo­nes» se le ade­lan­tó o le mar­có el ca­mino?

—Un po­co de am­bas co­sas. Por una par­te, te ves re­fle­ja­do. Nos abrió el ca­mino. Aho­ra la gen­te ve «Cam­peo­nes» y di­ce que es­to se pue­de ha­cer. Cree­mos que te­ne­mos el ta­len­to, las ga­nas y la hu­mil­dad pa­ra sa­car al­go que me­rez­ca la pe­na.

—¿Dón­de es­tá la cla­ve del éxi­to de la pe­lí­cu­la de Fes­ser?

—En el he­cho de ver per­so­nas y no gen­te con dis­ca­pa­ci­dad. De ver­nos re­fle­ja­dos. Que po­dría­mos ser cual­quie­ra de no­so­tros. Que­re­mos que a los cin­co mi­nu­tos la gen­te vea una his­to­ria de amigos y no de dis­ca­pa­ci­ta­dos.

Eduar­do Pá­rra­ga (Mon­ti­lla, 1983) no ha es­tu­dia­do en la Es­cue­la de Ci­ne de Ma­drid ni se ha for­ja­do en la in­dus­tria del celuloide. Vie­ne pro­vis­to de unos cuan­tos ta­lle­res au­dio­vi­sua­les, me­dia do­ce­na de cor­tos ama­teurs y una fe im­per­tur­ba­ble en su pro­yec­to. De­vo­ra pe­lí­cu­las des­de que abrió los ojos y tie­ne me­ri­dia­na­men­te cla­ro cuál es su ca­mino, pe­se a que en su vi­da se han cru­za­do la ca­rre­ra de De­re­cho y una pro­fe­sión de co­mer­cial que le per­mi­te pa­gar las fac­tu­ras de ca­da día.

Su pri­mer cor­to lo fil­mó con 25 años y una cá­ma­ra pres­ta­da de la Ca­sa de la Ju­ven­tud. Lo ti­tu­ló «El co­me­mun­dos», una sen­ci­lla his­to­ria de pre­po­ten­cia y justicia poé­ti­ca. El año pa­sa­do tra­ba­jó co­mo je­fe de pro­duc­ción en la cin­ta so­bre el In­ca Gar­ci­la­so de la Ve­ga, del rea­li­za­dor tam­bién cor­do­bés Mi­guel Án­gel En­tre­nas. «Aque­lla ex­pe­rien­cia me sir­vió pa­ra saber a lo que me en­fren­to en un ro­da­je de ma­yor en­ver­ga­du­ra», sos­tie­ne de­lan­te de un ca­fé so­lo en la Pla­za de la Co­rre­de­ra.

—¿Y a qué se en­fren­ta?

—A un lar­go­me­tra­je, que es un gran re­to. Y del que creo que por edad, ca­pa­ci­dad y apren­di­za­je ya sí es­toy pre­pa­ra­do. Es la ilu­sión de mi vi­da. Quie­ro jun­tar mis dos pa­sio­nes: ayu­dar y ha­cer ci­ne. La his­to­ria de Adol­fo y Na­cho me fas­ci­nó. Uno ama la cul­tu­ra y el otro uti­li­za el bo­xeo pa­ra cre­cer co­mo per­so­na.

—Cons­tru­yó el guión pa­ra ellos.

—Lo cons­truí pa­ra ellos ori­gi­nal­men­te. Lue­go, po­co a po­co, lo fui per­fec­cio­nan­do y re­ci­bí el im­pul­so de gen­te que me ani­mó a que lo re­gis­tra­se co­mo lar­go­me­tra­je por­que vio el po­ten­cial y que ha­bía ma­te­rial de so­bra. ¿Cuál es la idea? Apar­te de ha­blar de bo­xeo, amis­tad y su­pera­ción, le me­te­mos una com­bi­na­ción de gé­ne­ros. Nos en­fren­ta­mos a un «th­ri­ller» que se va vol­vien­do más os­cu­ro, has­ta el punto del te­rror psi­co­ló­gi­co. No nos va­mos a en­ga­ñar: el em­pu­jón que nos dio «Cam­peo­nes» nos pue­de ve­nir bien.

—¿Y dón­de es­tá el del­ga­do hi­lo que se­pa­ra la sen­si­bi­li­dad de la sen­si­ble­ría?

—Al nues­tro le fal­ta sen­si­ble­ría y se­rá un po­co más cru­do, pe­ro eso no es ma­lo. Apos­ta­mos por un len­gua­je na­tu­ral y rea­lis­ta. Hay que ob­viar la lás­ti­ma por com­ple­to. Es una opor­tu­ni­dad pa­ra ha­cer al­go pio­ne­ro y aven­tu­rar­nos a me­ter ci­ne ne­gro y de sus­pen­se. Ha­cer que los ac­to­res den un pa­so más.

—¿Por qué pu­so el ojo en la dis­ca­pa­ci­dad?

—Por­que no­té que ha­bía mu­cha in­vi­si­bi­li­dad del te­ma. Em­pe­cé a com­pren­der la la­bor de An­to­nio (un vo­lun­ta­rio). Qué ha­cían, por qué lo ha­cían. Y yo, aun­que soy ca­paz de ha­cer de vo­lun­ta­rio, no po­dría tra­ba­jar con él por­que se te par­te el co­ra­zón. Y vi su for­ta­le­za men­tal. Em­pe­cé a in­vo­lu­crar­me.

—¿Qué quie­re con­tar con Des­pier­ta 403?

—Quie­ro con­tar una pe­lí­cu­la de al­guien que ama el ci­ne y que va a re­fle­jar mu­chos gé­ne­ros. Quie­ro que se vea re­fle­ja­do el tra­ba­jo de mu­cha gen­te. Jó­ve­nes músicos, gen­te con crea­ti­vi­dad. Y ha­cer­nos vi­si­bles. El ci­ne es co­mo la vi­da. Hay es­pa­cio pa­ra la co­me­dia, el dra­ma, el te­rror. Y pa­ra mi mi­ra­da y mis re­fe­ren­cias, des­de Ku­brick a Hitch­cock, Álex de la Igle­sia o Ta­ran­tino.

—¿«Cam­peo­nes» ha de­mos­tra­do que el éxi­to es un es­ta­do men­tal?

—Y que con una piz­ca de ilu­sión y atre­vi­mien­to se pue­den ha­cer co­sas que cam­bie el es­ta­do men­tal de la gen­te. Y que hay que ver a las per­so­nas y no a los dis­ca­pa­ci­ta­dos. Co­mo al­guno de ellos me di­jo: «Te cam­bio to­dos tus pro­ble­mas por los míos». Eso te de­ja ro­to. Pa­ra que se sien­tan co­mo no­so­tros te­ne­mos que tra­tar­los igual.

—¿Ha­cer ci­ne en Cór­do­ba es un salto al va­cío?

—Creo que sí. Hay mu­cha gen­te crea­ti­va y ga­nas de ha­cer co­sas. Pe­ro es cier­to que los ca­na­les qui­zás no es­tán fo­ca­li­za­dos. Cues­ta. No sé si la can­te­ra se pro­mue­ve. El «crowd­fun­ding» es una for­ma de rom­per eso. Me en­can­ta Cór­do­ba y por eso quie­ro que se pro­mue­va mi ciu­dad. Que­re­mos ro­dar aquí, en la Co­rre­de­ra, en nues­tra ciu­dad. Hay que ha­cer apues­tas por gen­te jo­ven.

—La ca­mi­se­ta de Na­cho Ra­mos, el bo­xea­dor, tie­ne un le­tre­ro que di­ce «No fight no li­ve». Sin lu­cha no hay vi­da.

—Exac­ta­men­te. Esa ca­mi­se­ta es su es­lo­gan. Lo tie­ne ta­tua­do has­ta en su piel. Y aña­do el es­lo­gan de Pa­co Sa­li­nas: «Si no puedes ca­mi­nar, vue­la». Si no tie­nes me­dios, bús­ca­te­los, ex­pe­ri­men­ta y de­mues­tra tu va­lía. Ku­brick tam­bién di­jo:

«Si pue­de ser es­cri­to y pen­sa­do, pue­de ser fil­ma­do». Me sen­tí muy iden­ti­fi­ca­do. Aho­ra es el mo­men­to. La gen­te cree en ti y va­mos a ha­cer al­go gran­de. —¿Y des­pier­ta el ci­ne an­da­luz? —Es­tá des­per­tan­do. Hay re­fe­ren­tes co­mo Al­ber­to Ro­drí­guez, que ha mar­ca­do el ca­mino con «La is­la mí­ni­ma». O Zam­brano con «Pa­dre co­ra­ge» ha­ce años. O ac­to­res co­mo An­to­nio de la To­rre. Se es­tá ha­cien­do ci­ne de ca­li­dad. «La Pes­te» ha pues­to el lis­tón al­to. Al­ber­to Ro­drí­guez di­ce: «Soy de Se­vi­lla, soy an­da­luz, ha­blo an­da­luz y es­toy or­gu­llo­so de ello». Po­ne el ci­ne don­de tie­ne que es­tar. —¿La cul­tu­ra en Cór­do­ba ya no es un de­sier­to pe­dre­go­so? —La cul­tu­ra aquí es di­fu­sa pe­ro pro­fu­sa. Es­tá muy cen­tra­da en el fla­men­co, la poe­sía, la ru­ta de las ta­ber­nas. Muy con­so­li­da­da en al­gu­nas co­sas. Qui­zás les fal­te arries­gar­se. Es­tán mo­vién­do­se en tea­tro o mú­si­ca elec­tró­ni­ca, pe­ro qui­zás les fa­lle el te­rreno au­dio­vi­sual. —¿La cul­tu­ra ofi­cial es pro­pa­gan­da? —La cul­tu­ra ofi­cial es ne­ce­sa­ria. Pe­ro hay que abrir ver­tien­tes al ries­go y apos­tar por los im­pul­sos nue­vos. Po­de­mos en­tre to­dos su­mar. Pe­ro cues­ta mu­cho abrir ese ca­mino. Aquí en Cór­do­ba es­tá Ja­vier Gu­tié­rrez, un di­rec­tor que ha he­cho «The ring» en EE.UU. y es cor­do­bés. Gen­te que no es re­co­no­ci­da en su ciu­dad ni se les lla­ma pa­ra que di­se­ñen un fes­ti­val. En Se­vi­lla sí lo ha­cen. Al­ber­to Ro­drí­guez va por la uni­ver­si­dad dan­do cá­te­dra. —La ac­triz cor­do­be­sa Luz Val­de­ne­bro de­cla­ró en una en­tre­vis­ta pa­ra ABC: «Si tie­nes pa­sión puedes en­fren­tar­te a to­do». ¿Ver­dad o des­va­río? —Ver­dad cla­ra. Sin pa­sión no hay pro­yec­tos. Hay que te­ner ese punto de lo­cu­ra. —¿Se ha re­pues­to ya del te­rre­mo­to elec­to­ral del 2–D? —Ten­go que de­cir, aun­que no sea po­lí­ti­ca­men­te co­rrec­to, que no he ido a vo­tar. No me he vis­to re­fle­ja­do. Mi mun­do me lo ten­go que bus­car yo es­té quien es­té. Sí es ver­dad que me ha pi­lla­do por sor­pre­sa. Po­lí­ti­ca­men­te, no las veo ve­nir nun­ca.

Sin pre­jui­cios

«Que­re­mos que a los cin­co mi­nu­tos la gen­te vea una his­to­ria de amigos y no de dis­ca­pa­ci­ta­dos»

Gen­te nor­mal

«La his­to­ria de Adol­fo y Na­cho me fas­ci­nó. Uno ama la cul­tu­ra y el otro usa el bo­xeo pa­ra cre­cer co­mo per­so­na»

Vuel­co elec­to­ral

«El re­sul­ta­do del 2D me ha pi­lla­do por sor­pre­sa. Po­lí­ti­ca­men­te, no las veo ve­nir nun­ca»

Eduar­do Pá­rra­ga, el pa­sa­do mar­tes, en la Pla­za de la Co­rre­de­ra

FO­TOS: RA­FAEL CAR­MO­NA

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