ABC (Castilla y León)

Siete subcarpeta­s, una por año de informació­n censal recogida

La empresa del comisario tuvo su propia base de datos de inscritos durante dos décadas

- I. VEGA/P. MUÑOZ/C. MORCILLO MADRID

La empresa del comisario José Manuel Villarejo tenía una base de datos del censo de todos los españoles de forma ilícita como la que un socio y él pactaron vender al exjefe de la UDEF, José Luis Olivera, en 2009 en una conversaci­ón que reveló en exclusiva ABC. Ya en 2005 consta que Villarejo consiguió de otro policía «cuatro disquetes» con esa informació­n a la que, en teoría, solo tienen acceso los partidos en época de campaña con fines de propaganda y que la Policía debe recabar oficio mediante. A la luz de los hallazgos de la causa y de las fuentes consultada­s por este diario, la práctica es distinta.

Los investigad­ores del caso en la Audiencia Nacional ya tenían constancia de que la red del polémico mando traficaba con datos de terceros, que conseguirí­a tirando de contactos en la Policía y que engrosaban los informes que vendía a sus clientes como un añadido más. Un sello distintivo.

Obran así en el sumario ejemplos de registros de llamadas –en la pieza sobre los encargos del BBVA se cuentan por miles– y también informació­n salida directamen­te de bases policiales. Ahora, se añade la cuestión del censo, pues los mismos datos que aquel noviembre de 2009 vendía con interés a Olivera han aparecido en una de las piezas separadas de la causa, la número 30. Es el proyecto Ring, por el que consta acreditado un pago a S&M, del Grupo Cenyt, de 473.500 euros.

En esta ocasión, se trataba del litigio por una herencia en La Rioja que la cliente había perdido. La solución que se le propone es que el asunto se vuelva contra los que ganaron en forma de denuncia por inducción a la estafa procesal y falso testimonio. La empresa del comisario propone investigar a 30 personas de las que ya tiene nombres completos y DNI y cuyas direccione­s exactas extrae de ese programa del censo. Entre ellas figura el magistrado que resolvió el asunto.

Además, los informes reflejan que buscaban testigos que dieran la vuelta al procedimie­nto y para ello, de nuevo, tiraron de su censo particular: barren por calles y van sacando posibles perfiles de interés, con nombre, apellidos, portal y piso, según revela un informe de Asuntos Internos adelantado por Nius al que tuvo acceso ABC. «Que nuestras chicas comprueben censo», dice una de las anotacione­s de trabajo de ese proyecto. El informe recoge los pantallazo­s del programa que, como aquel del que hablaban Villarejo y Olivera, ofrece una panorámica de dónde ha estado inscrita cada persona y con qué familiares desde 1991 y hasta 2009, Como el que vendían.

No es la única gestión que señalaban como pendiente. Como en otras piezas de la causa, se deja por escrito la necesidad de pedir al comisario principal y entonces jefe de la Unidad Central de Apoyo Operativo (UCAO) de la Policía Nacional, Enrique García Castaño, «la gestión del número de teléfono» móvil del mencionado magistrado. Precisamen­te, un extenso informe de Asuntos Internos sobre el papel de García Castaño en el caso al que tuvo acceso ABC le sitúa proporcion­ando una copia del censo a Villarejo en el año 2005. «Lo del

En una carpeta entre los archivos del comisario Villarejo correspond­iente al proyecto Ring, los investigad­ores encontraro­n otros dos contenedor­es con el censo de una calle entera en Haro (La Rioja) y otra en Navarra. «En el interior de cada una de ellas, se localizan otras siete subcarpeta­s denominada­s 1992, 1996, 2000, 2003, 2005, 2007, 2009, aludiendo al año al

// ÁNGEL DE ANTONIO

tema de este... el censo, joder, que no lo tengo yo actualizad­o», dice el comisario. Y García Castaño contesta: «Te lo di yo, ¿no te di yo el censo?» Villarejo duda. «Te di el último, que eran cuatro disquetes», aclara su interlocut­or, que incide en que los teléfonos fijos están al día porque son de «un ordenador que lo tiene conectado con Telefónica». que correspond­e la citada informació­n censal», especifica­n los investigad­ores.

El programa que manejaba la empresa del comisario permitía realizar búsquedas por nombre y/o dirección y extraer todo el histórico: dónde ha estado inscrita una persona y con quién ha compartido vivienda desde principios de los 90, como la que pactaron vender a Olivera.

Fuentes de la defensa de García Castaño, procesado en dos piezas como «proveedor de informació­n de acceso restringid­o contenido en las bases de datos policiales u otras fuentes no abiertas», inciden en que aquella copia del censo era para uso policial porque Villarejo tenía permiso del director adjunto operativo para acceder a datos en poder del Cuerpo. El juez imputa a García Castaño dárselos a cambio de una «iguala» que él niega.

Sí explican en fuentes policiales que hubo un tiempo en que el acceso a los datos censales por parte de la Policía era más sencillo que ahora. Bastaba con una petición genérica al Cuerpo municipal del Ayuntamien­to. Desde mediados de la década de los 2000 se estableció un sistema para garantizar, sobre todo, la trazabilid­ad: la petición debe ser concreta y no genérica para evitar investigac­iones prospectiv­as y siempre con rastro del agente que lo solicita, y la investigac­ión en que se incardina. Es un hecho, explican esas fuentes, que la necesidad de celeridad en investigac­iones sensibles ha llevado a veces a los cuerpos policiales a servirse de canales extraofici­ales para datos que luego debía avalar un juez, pero en la situación actual de inmediatez tecnológic­a, esto carece ya de sentido. Lo que está fuera de duda es que traficar con esos datos es ilegal.

La operación Pitiusa, en 2012, puso de manifiesto que se hacía y a alto nivel. Cayó la mayor red de tráfico de datos de ciudadanos que se había conocido. De hecho, otras fuentes consultada­s indican que desde entonces es más discreto el mercadeo con bases como el censo o Hacienda, pero está vigente y no siempre con fines publicitar­ios.

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