Saúl Cra­viot­to.

Igual ga­na un cam­peo­na­to del mun­do que Mas­te­rChef o da char­las so­bre mo­ti­va­ción. Y aho­ra, ade­más, es la nue­va imagen de la fra­gan­cia Ci­trus Ce­dro de Adol­fo Do­mín­guez. El pi­ra­güis­ta olím­pi­co y po­li­cía es el nue­vo chi­co pa­ra to­do.

ABC - Codigo Unico - - SUMARIO - Por SER­GIO MU­ÑOZ

Aca­ba de col­gar­se dos oros en la Co­pa del Mun­do de pi­ra­güis­mo y otros dos en el Cam­peo­na­to de Eu­ro­pa. Y, des­de que ga­nó Mas­te­rChef y em­pe­za­mos a ver sus ca­si dos me­tros de es­ta­tu­ra has­ta en la so­pa, las mar­cas ha­cen co­la pa­ra fi­char­le. Sin em­bar­go ( spoi­ler alert: lo que si­gue pa­re­ce un ‘to­pi­ca­zo’ pe­ro no lo es), Saúl Cra­viot­to es un ti­po más que nor­mal y le qui­ta im­por­tan­cia a su ubi­cui­dad me­diá­ti­ca. El le­ri­dano es, an­tes que na­da, po­li­cía na­cio­nal y de­por­tis­ta de éli­te, pe­ro se de­ja mi­mar: con 33 años pron­to col­ga­rá las pa­las y no sa­be cuán­to du­ra­rá la ‘fie­bre Cra­viot­to’.

La tem­po­ra­da no ha po­di­do em­pe­zar me­jor. ¿Có­mo te en­cuen­tras fí­si­ca y men­tal­men­te?

Muy bien. Me vino bien el des­can­so del año pa­sa­do. En 2017 no com­pe­tí a ni­vel in­ter­na­cio­nal por­que me sur­gió lo de

Mas­te­rChef y coin­ci­dió con un mal mo­men­to, así que to­mé la de­ci­sión de des­can­sar. Lle­vo com­pi­tien­do des­de los 15 y pa­rar un año me ha he­cho vol­ver con más ener­gía.

Tie­nes los Jue­gos Olímpicos de To­kio de 2020 en el ho­ri­zon­te. ¿Có­mo es­tás afron­tan­do el ca­mino has­ta allí?

De mo­men­to es­toy en es­ta­do de des­can­so por­que to­da­vía que­dan

dos años y pue­den pa­sar mu­chas co­sas. Pue­de ha­ber le­sio­nes. Pe­ro es­toy bien, muy ilu­sio­na­do y con ga­nas de ce­rrar una eta­pa de mi vi­da, por­que se­gu­ra­men­te sean mis úl­ti­mos Jue­gos. No quie­ro anun­ciar aún mi re­ti­ra­da por­que a lo me­jor alar­go mi ca­rre­ra un año más, de­pen­de de có­mo es­té fí­si­ca y men­tal­men­te.

Se­rán tus cuar­tos Jue­gos. Des­pués de otras tres citas olím­pi­cas y cua­tro oros, ¿afron­tas To­kio de una ma­ne­ra di­fe­ren­te?

Las ilu­sio­nes no son las mis­mas que cuan­do fui a Pe­kín en 2008. Te­nía 23 años, la ilu­sión de ir a unos pri­me­ros Jue­gos, y es­ta­ba fli­pan­do con el es­ta­dio y la inau­gu­ra­ción. Y ga­nar el oro fue es­pec­ta­cu­lar. Aho­ra lo afron­to de otra ma­ne­ra. Mi ilu­sión en To­kio es ir a por una quin­ta me­da­lla olím­pi­ca, al­go que tie­ne muy po­ca gen­te.

¿Te pe­sa la edad? Por­que no lo pa­re­ce…

A ni­vel fí­si­co me man­ten­go: el cro­nó­me­tro di­ce que aún es­toy rá­pi­do y los con­tro­les en el gim­na­sio di­cen que man­ten­go la fuer­za. Pe­ro los años sí que pe­san: no­to el alien­to de los jó­ve­nes so­plan­do muy fuer­te por de­trás y la na­tu­ra­le­za ha­bla­rá por sí so­la. Sé que me aca­ba­rán ga­nan­do.

¿Es­tás pre­pa­ra­do pa­ra el mo­men­to en el que de­ci­das de­jar las pa­las?

Bueno, es­toy alla­nan­do el te­rreno por­que veo la luz al fi­nal del tú­nel. Que­dan cua­tro días. Aho­ra es­toy muy cen­tra­do en el de­por­te, pe­ro quie­ro es­tu­diar una ca­rre­ra. No te pue­des es­tan­car.

Cam­peón olím­pi­co, po­li­cía na­cio­nal, fa­mo­so des­de que ga­nas­te Mas­te­rChef y, aho­ra, mar­cas co­mo Adol­fo Do­mín­guez se te ri­fan. Pa­re­ce que no so­lo tie­nes un plan B, sino tam­bién un plan C y has­ta D.

Mi pasión es el de­por­te. Cuan­do me re­ti­re, me gus­ta­ría de al­gu­na ma­ne­ra se­guir apor­tan­do al­go en ese cam­po. Y tam­bién ten­go cla­ro que mi pro­fe­sión, des­de los 19 años, es la de po­li­cía, pe­ro nun­ca hay que ce­rrar las puer­tas a na­da. Es­toy muy agra­de­ci­do a las mar­cas que apues­tan por mí y yo in­ten­to apor­tar­les to­do lo que pue­do. Sin em­bar­go, al fi­nal es­to son mo­das y exis­te la va­ria­ble del éxi­to: si no ga­na­se me­da­lla en To­kio y no vol­vie­se a sa­lir tan­to en los me­dios, ten­dría que acep­tar­lo. Es­toy vi­vien­do un mo­men­to dul­ce y voy a apro­ve­char­lo.

¿Aho­ra te cui­das más que an­tes?

No me con­si­de­ro muy co­que­to, pe­ro sí me echo cre­mas an­tes y des­pués de en­tre­nar por­que, sien­do pi­ra­güis­ta, es­toy muy ex­pues­to al sol. Me cui­do lo nor­mal. Eso sí, creo que la imagen es im­por­tan­te, me gus­ta ir bien ves­ti­do.

¿Cuál es tu es­ti­lo cuan­do no es­tás de­ba­jo de los fo­cos?

Cam­bia mu­cho du­ran­te la se­ma­na. Cuan­do voy a en­tre­nar al em­bal­se voy en chán­dal o pan­ta­lón cor­to, muy có­mo­do. Y, si no, uso va­que­ros, ca­mi­se­tas, ame­ri­ca­na… Tam­bién me gus­ta el tra­je. Ten­go un es­ti­lo muy va­rio­pin­to y me gus­ta ir acor­de a don­de voy.

¿Có­mo con­si­gues lle­gar a to­do y, ade­más, en­tre­nar seis días a la se­ma­na?

Con or­ga­ni­za­ción. En mi Drop­box ten­go un ca­len­da­rio y lo he sin­cro­ni­za­do con mi en­tre­na­dor y con mi re­pre­sen­tan­te. Si el mar­tes ten­go un even­to por la ma­ña­na, en­ton­ces me to­ca en­tre­nar el do­min­go. En­tre los tres nos com­pa­gi­na­mos, así no pier­do un en­tre­na­mien­to y pue­do ha­cer even­tos. Si ate­rri­zo hoy en As­tu­rias voy a ir di­rec­to al agua a en­tre­nar [ri­sas].

Ca­ta­lán afin­ca­do en As­tu­rias. Re­co­mién­da­me un res­tau­ran­te…

Ca­sa Ge­rar­do, en As­tu­rias. Una estrella Mi­che­lin y la me­jor fa­ba­da del mun­do. Buen pro­duc­to de la tie­rra. Ade­más, es don­de tra­ba­jé dos me­ses y me­dio an­tes de en­trar en

Mas­te­rChef. Sa­lía de en­tre­nar y a las on­ce de la ma­ña­na me me­tía en co­ci­na, me po­nía mi cha­que­ti­lla, mi de­lan­tal, mi go­rri­to… y a pe­lar ce­bo­llas o co­ci­nar co­mo uno más has­ta las cua­tro de la tar­de.

¿Al­gu­na vez has lle­ga­do a ob­se­sio­nar­te?

Sí, en 2015. Que­ría ir al mun­dial y cla­si­fi­car­me a lo gran­de pa­ra los Jue­gos de Río y fue el peor año de mi ca­rre­ra de­por­ti­va. Des­cu­brí que la ob­se­sión no es bue­na. Hay que de­jar que las co­sas flu­yan.

¿Ges­tio­nas me­jor el éxi­to o el fra­ca­so?

Los fra­ca­sos me han ve­ni­do siem­pre muy bien. Soy un buen ges­tor de fra­ca­sos. El úl­ti­mo, el de 2015, es­tu­vo a pun­to de aca­bar con­mi­go, ca­si ti­ro la toa­lla y de­jo el de­por­te, pe­ro al fi­nal su­pe dar­le la vuel­ta y me vino muy bien. Gra­cias a ese fra­ca­so con­se­guí dos me­da­llas en Río. A ve­ces es muy bueno fra­ca­sar.

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