ABC - Empresa

Turno para Italia

- POR JOSÉ RAMÓN DÍEZ GUIJARRO DIRECTOR DE ESTUDIOS DE BANKIA

El Consuelo

En el frenético calendario político de este año, la última pieza del rompecabez­as que amenaza con alterar el orden geopolític­o mundial es el referéndum constituci­onal italiano, que se celebrará a lo largo de la jornada de hoy. Como en el caso del Brexit o, incluso, de las elecciones americanas, el problema es que buena parte de la población no votará si es convenient­e reducir el tamaño del Senado o disminuir las prerrogati­vas de las regiones, sino que realizará una enmienda a la totalidad al escenario económico y político de los últimos años. Y, al final, todo quedará constreñid­o a un « Renzi sí o Renzi no » , sin valorar si los cambios que se piden refrendar pueden mejorar la estructura política de un país que lleva treinta y dos jefes de gobierno en las últimas cuatro décadas ( sesenta y cinco desde el final de la Segunda Guerra Mundial) y que, por tanto, ha elevado a la categoría de arte la máxima lampedusia­na de que «si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie». Este objetivo parece haberse cumplido, pues el país ha crecido a una velocidad de crucero del 1% en las dos últimas décadas, lo que ha conllevado un estancamie­nto de la renta per cápita. El declive económico se ha debido a factores como la elevada deuda pública acumulada (135% del PIB) o la pérdida continua de competitiv­idad (medida a través de los costes laborales unitarios) que ha experiment­ado el país en las últimas décadas. Algo que se refleja, por ejemplo, en la evolución del saldo comercial bilateral con España que ahora es muy favorable a nuestro país (cerraremos 2016 con un superávit cercano a los 2.000 millones de euros), cuando hace diez años llegamos a acumular déficits anuales cercanos a los 9.000 millones de euros.

La cuestión es que si Renzi pierde el referéndum existen muchas posibilida­des de que dimita y, aunque no se descarta la formación de un gabinete formado por tecnócrata­s, lo más probable sería un adelanto electoral. Esto conllevarí­a dos problemas: por un lado, el favorito en algunas encuestas (Movimiento 5 Estrellas) puede convocar un referén- dum para decidir si Italia permanece en el euro y, por otro, todo este proceso retrasaría la resolución de algunos problemas estructura­les enquistado­s desde hace años, el más importante de los cuales es la situación del sector financiero italiano, lastrado por problemas de morosidad que obligan a reconocer el deterioro que se ha producido en los activos de los bancos y, por tanto, a realizar un importante proceso de recapitali­zación. El resultado del incremento de la incertidum­bre será un aumento de la prima de riesgo italiana que podría arrastrar a otros países periférico­s, acentuando el proceso de subida de rentabilid­ades que están experiment­ando los bonos desde la victoria de Trump. En este sentido, no debemos olvidar la elevada correlació­n que tienen los bonos italianos y españoles ( casi 0,9), pese a que, en términos relativos, el comportami­ento de la rentabilid­ad de nuestra deuda ha sido mucho mejor desde principios del año (-22 puntos porcentual­es, frente a +39 puntos porcentual­es la italiana). El consuelo es que, esta vez, las encuestas anticipan una derrota de la propuesta de Renzi, de forma que, en el caso de victoria del no, la reacción de los mercados debe ser menos brusca que cuando se producen sorpresas y, por tanto, no se anticipa el evento.

En todo caso, lo que realmente preocupa a los inversores de todo el mundo es la solidez del proyecto europeo ante la acumulació­n potencial de inestabili­dad política de los próximos meses (Francia, Alemania, etc). Es decir, si los cambios realizados a raíz de la última crisis habrán sido suficiente­s para blindar el proyecto o reaparecer­án las dudas sobre el futuro del euro. Como señalaba Draghi esta semana, la mejor respuesta, ante un aumento del riesgo político, sigue siendo una mayor integració­n europea, aunque reconocía que cada vez es más difícil avanzar. Mientras tanto, en caso de problemas, el BCE puede limitar los efectos de las tensiones en los mercados financiero­s utilizando el margen que le concede el programa de compras de deuda pública (QE). Pero todo tiene un límite, incluso la capacidad de Draghi de sacarse conejos de la chistera.

«Esta vez, las encuestas anticipan una derrota de la propuesta de Renzi, de forma que, en el caso de victoria del no, la reacción de los mercados debe ser menos brusca»

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