«MI OB­SE­SIÓN POR EL CO­LOR VIE­NE DE ES­PA­ÑA»

ABC - Especiales Andalucía - - MIRANDO AL SUR -

Un día, un di­rec­ti­vo vio mis bo­ce­tos y me pro­pu­so co­mo di­se­ña­dor”, re­cuer­da. Dos se­ma­nas des­pués, Johnny era par­te del mun­do de la mo­da. Se apa­sio­nó co­no­cien­do a los sas­tres y cos­tu­re­ras, des­cu­brien­do ca­da de­ta­lle del pro­ce­so de fa­bri­ca­ción. Te­nía só­lo 21 años. - Pa­sé en Vuit­ton cin­co años, otros cin­co en Cé­li­ne y Mi­chael Kors, lue­go cin­co más en Ita­lia pa­ra tra­ba­jar con va­rias mar­cas. Em­pe­cé con los bol­sos, lue­go pa­sé a los za­pa­tos, a las jo­yas… En ca­da lu­gar apren­dí al­go dis­tin­to. Al fi­nal me he da­do cuen­ta de que lo que más me gus­ta es ver to­das las pie­zas jun­tas, por eso acep­té la ofer­ta de Mul­berry, por­que me per­mi­tía tra­ba­jar de for­ma glo­bal con una mar­ca que tie­ne mu­cho pe­so en In­gla­te­rra, país en el que te­ne­mos 84 tien­das. El re­to fue po­si­cio­nar­la in­ter­na­cio­nal­men­te. - Sea sin­ce­ro, us­ted que tie­ne fa­ma de rompe­dor, ¿no sen­tía que se es­ta­ba unien­do a una mar­ca de es­ti­lo más clá­si­co? - Des­de fue­ra la ima­gen me re­sul­ta­ba un po­qui­to an­ti­gua. Es­to só­lo lo pue­des cam­biar si tie­nes un con­cep­to glo­bal de la fir­ma, des­de las pren­das las tien­das. Es una for­ma de tra­ba­jar en la que te im­pli­cas en to­do y eso se apre­cia en el re­sul­ta­do fi­nal, in­clu­so a la ho­ra de de­fen­der lo que ha­ces. Al prin­ci­pio to­do el mun­do se pre­gun­ta­ba qué ha­cía un es­pa­ñol al fren­te de una mar­ca tan in­gle­sa. Pe­ro se equi­vo­can, es me­jor ver la cul­tu­ra bri­tá­ni­ca des­de fue­ra y re­unir­la con otros re­fe­ren­tes. El es­ti­lo in­glés es­tá muy arrai­ga­do, por eso era bueno rom­per­lo des­de el res­pe­to. - Y lo ha lo­gra­do, las nue­vas co­lec­cio­nes de Mul­berry ha­blan mu­cho de us­ted. ¿Dón­de se ins­pi­ra pa­ra idear­las? - En las chi­cas que veo en la ca­lle, en la gen­te en las te­rra­zas. Hay di­se­ña­do­res que via­jan a la ca­za de ideas. Pa­ra mí, la cla­ve es ser un buen ob­ser­va­dor de lo que su­ce­de a tu al­re­de­dor. Jun­to a la Saint Mar­tin School, en la que dis­fru­to dan­do cla­ses des­de ha­ce años, hay una es­ta­ción de tren en la que me gus­ta es­pe­cial­men­te sen­tar­me y mi­rar. Es cla­ve te­ner re­la­ción con la gen­te jo­ven, co­no­cer de dón­de vie­nen, su es­pí­ri­tu, lo que ha­cen… tam­bién me ro­deo de gen­te jo­ven en mi equi­po y me gus­ta mez­clar las na­cio­na­li­da­des. No po­dría ima­gi­nar­me en un equi­po don­de to­dos fue­ran in­gle­ses. En la mez­cla es­tá la cla­ve del éxi­to. Me fi­jo en los jó­ve­nes que eli­gen un es­ti­lo roc­ke­ro, por ejem­plo, en gen­te que com­bi­na con na­tu­ra­li­dad la piel con pren­das muy rompe­doras. Es un con­cep­to muy in­glés y es al­go que me gus­ta des­de siem­pre.

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