El ges­to de El Ju­li se que­da a me­dias

Cor­ta dos ore­jas en su ac­tua­ción en so­li­ta­rio con el car­tel de «No hay bi­lle­tes»

ABC (Galicia) - - TOROS -

FE­RIA DEL PI­LAR PLA­ZA DE TO­ROS DE LA MI­SE­RI­COR­DIA. Sá­ba­do, 13 de oc­tu­bre de 2018. No­ve­na co­rri­da (go­yes­ca) de la Fe­ria. Car­tel de «No hay bi­lle­tes». De­vuel­tos el 1º de Gar­ci­gran­de y el 6º de Par­la­dé, se aca­ba­ron li­dian­do, por es­te or­den, to­ros de las ga­na­de­ría de Nú­ñez del Cu­vi­llo, Los Ma­ños, El Pi­lar, Puer­to de San Lo­ren­zo, Gar­ci­gran­de y El Pi­lar, de jue­go va­ria­do. JU­LIÁN LÓ­PEZ «EL JU­LI», de ne­gro con pa­sa­ma­ne­ría blan­ca. Es­to­ca­da con sal­to (ore­ja). En el se­gun­do, cin­co pin­cha­zos y es­to­ca­da. Avi­so (si­len­cio). En el ter­ce­ro, es­to­ca­da tra­se­ra con sal­to. Avi­so (ore­ja). En el cuar­to, es­to­ca­da tra­se­ra con sal­to (sa­lu­dos). En el quin­to, pin­cha­zo, me­dia es­to­ca­da y cua­tro des­ca­be­llos (sa­lu­dos). En el sex­to, es­to­ca­da (ova­ción de des­pe­di­da). so­bre­ro del Pi­lar, no­ble y flo­jo, le­van­tan cla­mor las lo­pe­ci­nas pe­ro el vo­lun­ta­rio­so tras­teo no aca­ba de cua­jar; es­to­ca­da tra­se­ra con sal­to. Mue­re el to­ro co­mo bra­vo, pro­vo­can­do el en­tu­sias­mo: ore­ja. El cuar­to, del Puer­to de San Lo­ren­zo, es re­ser­vón, man­so­te, no re­pi­te. Li­dia Ju­lián con ofi­cio, sin bri­llo (él mis­mo pi­de pa­rar la mú­si­ca). Es­to­ca­da tra­se­ra con sal­to.

Otro so­bre­ro

El quin­to, co­lo­ra­do, de Gar­ci­gran­de, es «chi­qui­ti­co y ga­lano», gri­ta un ma­ño; ape­nas lo pi­can; lo sa­ca del ca­ba­llo ga­llean­do. Co­mo la tar­de va al­go gris y es el to­ro de su ga­na­de­ría pre­fe­ri­da, co­mien­za de ro­di­llas, se en­tre­ga, li­ga mu­le­ta­zos vi­bran­tes, con al­gún en­gan­chón. La ac­ti­tud del dies­tro y los cir­cu­la­res desatan, por fin, el en­tu­sias­mo pe­ro tam­bién pin­cha. Des­coor­di­na­do el Par­la­dé, sa­le otro so­bre­ro del Pi­lar: ce­de qui­tes a los so­bre­sa­lien­tes, Mi­guel Án­gel Sán­chez y Car­los Ga­lle­go. El to­ro se des­plo­ma, en ban­de­ri­llas. Sa­lu­dan Raúl Cer­van­tes y Arru­ga. A pe­sar del em­pe­ño del Ju­li, el to­ro que­da muy cor­to, se le pa­ra a mi­tad: ova­ción a la vo­lun­tad.

Li­diar en so­li­ta­rio tie­ne mu­chos ries­gos: El Ju­li lo ha com­pro­ba­do, es­ta tar­de: igual que otros mu­chos to­re­ros, en la his­to­ria. Se aplau­de su ges­to y su vo­lun­tad pe­ro el re­sul­ta­do ha que­da­do a me­dias.

Mi en­tu­sias­ta ami­go jo­te­ro sigue dán­do­me, al fi­nal, la le­tra de una jo­ta: «Pa­ra El Ju­li, en el Pi­lar,/ des­pués de ma­tar seis to­ros,/ yo le en­tre­go por com­ple­to/ el aplau­so más so­no­ro,/ que vein­te años sí son mu­chos,/ aun­que el tan­go no lo di­ga,/ mas la jo­ta lo pro­cla­ma/ to­re­ro, to­da su vi­da».

Post­da­ta. La Tau­ro­ma­quia es ejem­plo pa­ra la vi­da, nos en­se­ña a com­por­tar­nos. Un dies­tro tie­ne la obli­ga­ción ab­so­lu­ta de es­tar en su si­tio; ni se le ocu­rri­ría di­si­mu­lar su va­ni­dad por un «fa­llo de pro­to­co­lo». Es­tar en el si­tio no es fá­cil, ni en el rue­do ni en la vi­da co­ti­dia­na, pe­ro no ser ca­paz de ha­cer­lo de­mues­tra la ta­lla de una per­so­na.

FA­BIÁN SI­MÓN

El Ju­li, ves­ti­do de go­yes­co, pa­sea una ore­ja en el rue­do de la Mi­se­ri­cor­dia

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