DOS HO­GA­RES Y UN DES­TINO

PALOMA CUE­VAS Y EL TO­RE­RO EN­RI­QUE PONCE SE ES­TÁN CONS­TRU­YEN­DO UNA CA­SA EN LA FIN­CA A LA QUE AUN NO ES­TÁ CLA­RO SI SE MU­DA­RÁN O CUÁN­DO LO HA­RÁN.

ABC - Hoy Corazón - - Actualidad - POR JE­SÚS MANUEL RUIZ

En­ri­que Ponce y su mu­jer es­tán du­dan­do so­bre dón­de quie­ren residir. Paloma Cue­vas y el dies­tro va­len­ciano lle­van dos años cons­tru­yén­do­se una nueva ca­sa en la zo­na no­ble de la ur­ba­ni­za­ción la Fin­ca (Po­zue­lo de Alar­cón). Pro­ci­sa es la em­pre­sa que ha rea­li­za­do el tra­ba­jo de me­sa de ese futuro ho­gar del to­re­ro, que se ubi­ca en una par­ce­la de 3.800 me­tros y que ten­drá, con se­gu­ri­dad, me­nos de 650 de su­per­fi­cie, ya que esa es la di­men­sión má­xi­ma que per­mi­te la nor­ma­ti­va del Ayun­ta­mien­to de la lo­ca­li­dad.

¿QUE­DAR­SE O MU­DAR­SE?

La de­ci­sión de Paloma Cue­vas de aban­do­nar el cen­tro de Madrid y plan­tear­se un tras­la­da­do a la Fin­ca tie­ne una ra­zón: quie­re que sus pa­dres, Vic­to­riano Va­len­cia y Paloma Díaz, se va­yan a vi­vir con ellos y sus dos hi­jas. Por eso, las di­men­sio­nes de

la vi­vien­da tie­nen que per­mi­tir­les vi­vir a to­dos jun­tos có­mo­da­men­te. La in­ten­ción de Paloma Cue­vas es po­der aten­der a sus pa­dres las 24 ho­ras del día. Des­de el fa­lle­ci­mien­to de su her­mano, Vic­to­riano Cue­vas Díaz, la mu­jer de En­ri­que Ponce quie­re es­tar lo más cer­ca po­si­ble de ellos y que la ale­gría y la fe­li­ci­dad ocu­pen los si­len­cios que pro­vo­ca la so­le­dad de la au­sen­cia.

Pe­ro el re­tra­so de las obras de esa nueva ca­sa de la Fin­ca, que ten­dría que ha­ber es­ta­do ter­mi­na­da ha­ce un año, ha he­cho que Cue­vas se ha­ya plan­tea­do otra op­ción.

Al pa­re­cer, en los úl­ti­mos me­ses en el edi­fi­cio don­de ha­bi­tan Ponce, Cue­vas y sus hi­jas ac­tual­men­te ha sa­li­do a la ven­ta al­gún pi­so. Por ello la fa­mi­lia ha­bría va­lo­ra­do ad­qui­rir al­gún in­mue­ble en ese mis­mo blo­que, lo que per­mi­ti­ría que Vic­to­riano Va­len­cia y su es­po­sa pue­dan tras­la­dar­se al la­do de su hi­ja sin ne­ce­si­dad de cam­biar­se de zo­na. Aho­ra el to­re­ro y su mu­jer vi­ven en el ba­rrio ma­dri­le­ño de Mon­cloa, cer­ca del Pa­seo del Pin­tor Ro­sa­les y el Par­que del Oes­te. En­tre sus ve­ci­nos se en­cuen­tran Eugenia Sil­va, Ge­no­ve­va Ca­sa­no­va y has­ta ha­ce po­co, Ge­ma Ruiz, con quien Cue­vas man­tie­ne una ex­ce­len­te re­la­ción des­de la in­fan­cia.

PRE­FIE­RE MON­CLOA

Paloma es­tá ilu­sio­na­da con es­ta se­gun­da op­ción. La mu­jer del to­re­ro no ha mos­tra­do nunca de­ma­sia­do en­tu­sias­mo en­tre sus cer­ca­nos por mu­dar­se a la Fin­ca. Es­tá fe­liz en la zo­na en la que re­si­de, don­de se ha­llan sus gran­des ami­gos. La cons­truc­ción de la vi­vien­da es­tu­vo mo­ti­va­da por­que su pa­dre le re­ga­ló ha­ce años una par­ce­la en es­ta ur­ba­ni­za­ción de lu­jo y desea­ban dar­le uso. Pe­ro las cir­cuns­tan­cias han he­cho que to­do que­de en el aire. Paloma y En­ri­que re­de­co­ran aho­ra su futuro. Tie­nen que ele­gir si la Fin­ca o Madrid cen­tro. O quién sa­be, po­drían op­tar por tras­la­dar­se a la ciu­dad de sus sue­ños, Cór­do­ba. To­do es po­si­ble.

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