HO­ME­NA­JE A PALOMA GÓ­MEZ BORRERO

AMI­GOS Y FA­MI­LIA­RES DE LA PE­RIO­DIS­TA SE REUNIE­RON EN EL ATE­NEO DE MADRID PA­RA RE­COR­DAR LA FI­GU­RA DE UNA MU­JER MUY QUE­RI­DA.

ABC - Hoy Corazón - - Actualidad - POR RE­DAC­CIÓN

Han pa­sa­do dos me­ses des­de que di­ji­mos adiós a Paloma Gó­mez Borrero, pe­ro su fi­gu­ra y sus lec­cio­nes de vi­da si­guen muy pre­sen­tes. Es­pe­cial­men­te pa­ra quie­nes la tra­ta­ron de cer­ca. En­tre esas per­so­nas es­ta­ba Ro­sa Villacastín, quien qui­so hon­rar la me­mo­ria de su ami­ga y com­pa­ñe­ra con un ho­me­na­je ce­le­bra­do en el Ate­neo de Madrid que ella mis­ma mo­de­ró. Allí se die­ron ci­ta pe­rio­dis­tas, pre­sen­ta­do­res y fa­mi­lia­res de una mu­jer que su­po trans­mi­tir in­for­ma­cio­nes y emo­cio­nes a tra­vés de la te­le­vi­sión. Es­tu­vie­ron Car­los, el her­mano de Pa­lo-

Fue la me­jor em­ba­ja­do­ra de nues­tro país en Roma

ma, y Pi­lar, su sobrina, que ve­nían de Roma de vi­si­tar al ma­ri­do y los hi­jos de Gó­mez Borrero y com­par­tie­ron con los pre­sen­tes sus re­cuer­dos. Car­los con­ta­ba que a él siem­pre se le co­no­ce­rá co­mo el her­mano de Gó­mez Borrero, un mo­ti­vo de or­gu­llo.

AMI­GA DI­VER­TI­DA

Ella ha si­do par­te de la his­to­ria de la te­le­vi­sión y ha he­cho ca­si de to­do en la pe­que­ña pan­ta­lla. La pro­pia Paloma nos con­ta­ba po­cos me­ses an­tes de fa­lle­cer, que lo úni­co que le ha­bía fal­ta­do era ser «corresponsal de gue­rra. O por lo me­nos, enviada es­pe­cial ». Pe­ro por en­ci­ma de su fa­ce­ta pro­fe­sio­nal, di­cen sus ín­ti­mos que era una gran ami­ga. Inés Ba­lles­ter, que con­tó con Gó­mez Borrero en la úl­ti­ma eta­pa de su vi­da en Ami­gas

y co­no­ci­das ( TVE), des­ta­có du­ran­te el en­cuen­tro en el Ate­neo lo tra­ba­ja­do­ra y di­ver­ti­da que era. Pe­ro fue otra de sus co­la­bo­ra­do­ras, Cristina Al­mei­da, quien pro­fun­di­zó con una anéc­do­ta. La abo­ga­da ase­gu­ra­ba que en una oca­sión una pa­re­ja gi­ta­na que­ría con­traer ma­tri­mo­nio, pe­ro el her­mano de uno de ellos es­ta­ba en la cár­cel y su má­xi­mo de­seo era que pu­die­ra acom­pa­ñar­les ese día. Al­mei­da no sa­bía có­mo sa­car­le y pi­dió ayu­da a Gó­mez Borrero. Fue Paloma quien lo­gró que le die­ran el per­mi­so en la pri­sión. El re­sul­ta­do de aque­lla ges­tión no fue so­lo te­ner a unos no­vios fe­li­ces, tam­bién que Al­mei­da re­ci­bie­ra de­ce­nas de lla­ma­das so­li­ci­tan­do su ayu­da. Y es que, co­mo apos­ti­lla­ba la ex­po­lí­ti­ca du­ran­te el ho­me­na­je, aun­que ellas pen­sa­ban de for­ma dis­tin­ta, las di­fe­ren­cias ideo­ló­gi­cas no de­ben se­pa­rar a dos ami­gas.

MU­JER ÚNI­CA

Cristina López Schlichting, por su par­te, elo­gió la fi­gu­ra de Paloma, de quien di­jo que fue la me­jor em­ba­ja­do­ra que Es­pa­ña ha te­ni­do en Roma. No en vano, si he­mos co­no­ci­do a los su­ce­si­vos Pa­pas, ha si­do gra­cias a ella y a una la­bor pe­rio­dís­ti­ca úni­ca. Tan sin­gu­lar que no hay su­ce­sor pa­ra una mu­jer que su­po guiar a los es­pa­ño­les por el Va­ti­cano y es­tre­char los la­zos en­tre dos paí­ses a los que amó pro­fun­da­men­te.

Jun­to a es­tas lí­neas, uno de los car­te­les que anun­cia­ban el ho­me­na­je. Arri­ba, el in­te­rior del Ate­neo.

Arri­ba, de iz­da. a dcha., Inés Ba­lles­ter, Cristina Al­mei­da, Da­niel Pacheco, di­rec­tor del Ate­neo, Ro­sa Villacastín y Cristina López Schlichting. Jun­to a es­tas lí­neas, Car­los y Pi­lar Gó­mez Borrero, her­mano y sobrina de la ho­me­na­jea­da.

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