En es­te li­bro es­tán mis ob­se­sio­nes y preo­cu­pa­cio­nes EL AC­TOR, CO­NO­CI­DO POR SU PER­SO­NA­JE DE TO­NI AL­CÁN­TA­RA EN LA SE­RIE ‘CUÉN­TA­ME’, SE ES­TRE­NA EN EL MUN­DO LI­TE­RA­RIO CON UN ‘DOMESTIC TH­RI­LLER’ EN EL QUE NA­DA ES LO QUE PA­RE­CE.

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ABC - Hoy Corazón - - Latidos -

e he­mos vis­to cre­cer, ma­du­rar y con­ver­tir­se en un ex­ce­len­te ac­tor gra­cias a su per­so­na­je de To­ni Al­cán­ta­ra en Cuén­ta­me ( TVE). Pe­ro Pa­blo Ri­ve­ro (36), ade­más, es li­cen­cia­do en Co­mu­ni­ca­ción Au­dio­vi­sual y un apa­sio­na­do del mun­do del te­rror, dos con­di­cio­nes que han te­ni­do mu­cho que ver en la aven­tu­ra que aca­ba de co­men­zar. Y es que, a juz­gar por el ta­len­to que ha de­mos­tra­do en su primera in­cur­sión li­te­ra­ria, es­ta­mos an­te un es­cri­tor con un futuro pro­me­te­dor. Ri­ve­ro se es­tre­na con un th­ri­ller, No vol­ve­ré a te

ner mie­do (Ed. Su­ma), en el que una fa­mi­lia es ase­si­na­da mien­tras duer­me. Y no, no les es­ta­mos ha­cien­do un spoi­ler, por­que lo de me­nos es co­no­cer el fi­nal des­de el prin­ci­pio. Lo im­por­tan­te es des­cu­brir có­mo se ha lle­ga­do has­ta él, al­go que Pa­blo ha­ce con maes­tría ana­li­zan­do psi­co­ló­gi­ca­men­te a to­dos sus protagonistas.

¿Có­mo sur­gió es­te li­bro?

Me ha gus­ta­do des­de ni­ño con­tar his­to­rias de te­rror. Aun­que soy muy mie­do­so, el mío es un mie­do mor­bo­so. Soy fan del th­ri­ller, del mis­te­rio y de ese mie­do al es­ti­lo David Lynch, de las do­bles ca­ras. Pe­ro, en con­cre­to, la his­to­ria del li­bro na­ció vi­vien­do en la ca­sa de mis pa­dres, en 1998, una no­che que tu­ve una pe­sa­di­lla en la que al otro la­do del pa­si­llo, es­ta­ba pa­san­do al­go. Em­pe­cé a con­si­de­rar si ten­dría que sa­lir o no, si me ma­ta­rían o no... Pen­sé en de­sa- rro­llar es­ta his­to­ria en un cor­to, pe­ro me pa­re­cía que no iba a ser su­fi­cien­te. Lue­go, me pi­qué y en uno de los pa­ro­nes de Cuén­ta­me, en 2008, me fui a Nueva York y allí co­men­cé a su­mer­gir­me en los per­so­na­jes. Si ha­cía un guion, co­mo me de­di­co a es­to, me con­di­cio­na­ba, pe­ro la no­ve­la me ha da­do mu­cha li­ber­tad, de­di­cán­do­me a desa­rro­llar mo­men­tos de los años 90, don­de es­tá lo­ca­li­za­da. Co­mo aque­lla sen­sa­ción de ver su­ce­sos to­do el ra­to en te­le­vi­sión y el mie­do a que te pu­die­ra pa­sar al­go tras ca­sos co­mo los de las ni­ñas de Al­càs­ser o el Ase­sino de la ca­ta­na. To­do eso me afec­ta­ba de crío. Te­nía que pa­sar por un des­cam­pa­do y me mo­ría de mie­do.

En­ton­ces es­ta his­to­ria vie­ne de mu­cho tiem­po atrás.

Sí, y es muy mía. Son mu­chas co­sas que me preo­cu­pan o me han afec­ta­do. La su­ma de co­sas que me han ob­se­sio­na­do co­mo Twin Peaks en los 90, A san

gre fría de Ca­po­te… Esa com­ple­ji­dad de per­so­na­jes. Na­da es bueno o ma­lo.

¿Có­mo de­fi­ni­ría la no­ve­la?

La han de­fi­ni­do co­mo domestic th­ri­ller. Es un rom­pe­ca­be­zas en el que al fi­nal na­da es co­mo pa­re­ce. Mi ma­yor sa­tis­fac­ción es que to­do ha­ya en­ca­ja­do y no ha­ber en­ga­ña­do al lec­tor. Co­mo con­su­mi­dor de th­ri­ller, lle­vo mal que me to­men el pe­lo.

¿Aho­ra si ve­ría con buenos ojos ha­cer un cor­to ba­sa­do en el li­bro?

Lo veo co­mo una miniserie y mi in­ten­ción es mo­ver­lo. La úl­ti­ma se­ma­na de los miem­bros de es­ta fa­mi­lia, sa­bien­do que el úl­ti­mo día mue­ren.

¿Es­to va a ser el prin­ci­pio de una tra­yec­to­ria co­mo es­cri­tor?

¡Oja­lá! Se­ría una sa­tis­fac­ción. Aho­ra es­toy te­nien­do lí­nea directa con mis se­gui­do­res y es im­pa­ga­ble re­ci­bir sus im­pre­sio­nes... Es­tá la par­te ro­mán­ti­ca y la ma­quia­vé­li­ca de: lo he con­se­gui­do. Va­mos por la se­gun­da edi­ción y aca­ba de sa­lir. A la gen­te le es­tá gus­tan­do.

Su his­to­ria pro­du­ce an­gus­tia, an­sie­dad, una in­fi­ni­ta tristeza…

Es que es una fa­mi­lia dis­fun­cio­nal, pe­ro cuán­tos hi­jos se ha­brán cria­do así. Cuan­do pa­san co­sas, pien­sas en có­mo se­rán esas per­so­nas. En es­ta his­to­ria, to­do tie­ne un por­qué. Hay un ne­xo co­mún que es el de­ter­mi­nis­mo de lo im­por­tan­te: dón­de naz­cas y có­mo sean tus pa­dres.

Ha de­di­ca­do el li­bro a sus pa­dres...

Mi fa­mi­lia es la an­tí­te­sis de la del li­bro. Yo he te­ni­do mu­cha suer­te, mis pa­dres son mi pi­lar. Son com­pren­si­vos, me han edu­ca­do bien y en­se­ña­do a va­lo­rar el tra­ba­jo y a ser agra­de­ci­do, por­que ellos son así. Mi ma­dre es de tra­ba­jar, de no con­for­mar­se, de es­for­zar­se. Y mi pa­dre es muy crea­ti­vo, pin­ta, lee mu­cho... He te­ni­do la for­tu­na de que mis pa­dres me per­mi­tie­ran es­tu­diar Co­mu­ni­ca­ción Au­dio­vi­sual e In­ter­pre­ta­ción, y es­to es gra­cias a ellos. Lue­go, el he­cho de te­ner una fa­mi­lia que no se pa­re­ce na­da a la de la no­ve­la te pe­mi­te ju­gar más. Pe­ro sí me ha ayu­da­do ha­ber vi­vi­do en un es­ce­na­rio si­mi­lar al de la his­to­ria.

¿Y le gus­ta­ría en­ca­mi­nar­se por el te­ma de la di­rec­ción y pro­duc­ción?

Es­tá com­pli­ca­do, pe­ro es­to tam­bién me lo pa­re­cía. Al fi­nal es po­ner­se. El li­bro me ha lle­va­do mu­cho tiem­po, pe­ro no me arre­pien­to. Y gra­cias a mi edi­tor, que me dio algunas pau­tas, to­do en­ca­jó.

¿De­jó leer el li­bro a al­guien de su en­torno an­tes de su pu­bli­ca­ción?

So­bre to­do, he con­ta­do con un par de cóm­pli­ces. Lo que he in­ten­ta­do es que sea fá­cil de leer. Yo soy un lec­tor em­pe­der­ni­do, sé lo que me fun­cio­na y he he­cho el li­bro que a mí me gus­ta­ría leer.

¿Qué más pro­yec­tos tie­ne?

Ten­go pen­dien­te de es­tre­nar una co­me­dia, Pae­lla To­day! Y un lar­go, Pro

yec­to tiem­po, di­ri­gi­do por Coi­xet, de cien­cia fic­ción fu­tu­ris­ta.

¿La pró­xi­ma se­rá la úl­ti­ma tem­po­ra­da de Cuén­ta­me?

Que yo se­pa no. Los guio­nis­tas siem­pre ha­cen un fi­nal, pe­ro la gen­te quie­re se­guir vien­do más. Son tres mi­llo­nes y pi­co al fi­nal de la tem­po­ra­da.

Va­ya dis­gus­to con la muer­te de Miguel Al­cán­ta­ra (Juan Echa­no­ve)...

Cuan­do es­tás ahí den­tro, pien­sas: «¿Pe­ro te­ne­mos que lle­gar a es­to?». Es du­ro... Lo cu­rio­so es que es­tá ins­pi­ra­do en un he­cho real.

¿Ya se le echa de me­nos?

Juan se ha­ce no­tar, tie­ne una ener­gía abru­ma­do­ra, pe­ro no me ha da­do tiem­po a echar­le de me­nos. Se­rá cuan­do em­pe­ce­mos a gra­bar.

¿Qué hay de To­ni Al­cán­ta­ra en Pa­blo Ri­ve­ro?

Con los años pier­des el mie­do a que pien­sen que eres To­ni, por­que so­mos muy dis­tin­tos. No in­ten­tas tan­to cons­truir un per­so­na­je. Don­de hay más de mí es en la par­te fa­mi­liar de To­ni.

He te­ni­do mu­cha suer­te, mis pa­dres son mi pi­lar

SIN MIE­DO Ri­ve­ro, que es un apa­sio­na­do del mun­do de te­rror, ase­gu­ra que en su de­but li­te­ra­rio ha es­cri­to el li­bro que a él le gus­ta­ría leer.

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