El do­lor, la alar­ma del cuer­po

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Re­cien­te­men­te ha si­do pu­bli­ca­do que Es­pa­ña, jun­to con Aus­tra­lia y los Es­ta­dos Uni­dos, es uno de los paí­ses del mun­do don­de más gen­te tie­ne al­gún do­lor. Te­ner do­lor es ma­lo, co­mo to­do el mun­do sa­be, pe­ro sin el do­lor no exis­ti­ría­mos co­mo es­pe­cie y nos hu­bié­ra­mos ex­tin­gui­do ha­ce tiem­po. El do­lor es una se­ñal de alar­ma de nues­tro cuer­po: nos avi­sa de que al­go no fun­cio­na bien, que he­mos si­do da­ña­dos y te­ne­mos que po­ner al­gún re­me­dio, ya que el cuer­po por sí mis­mo no es ca­paz de sol­ven­tar la si­tua­ción.

Exis­ten mu­chos ti­pos de do­lor y es un sín­to­ma que se pue­de cla­si­fi­car de múl­ti­ples ma­ne­ras. Pue­de ser agu­do, cuan­do es­tá des­en­ca­de­na­do por al­gu­na si­tua­ción o en­fer­me­dad pun­tual, o bien cró­ni­co, si se pro­lon­ga en el tiem­po. El do­lor pue­de ser me­cá­ni­co –cuan­do se ori­gi­na por al­gún mo­vi­mien­to–. Y se co­no­ce co­mo do­lor irra­dia­do al que se pro­du­ce en un lu­gar, pe­ro due­le en otra lo­ca­li­za­ción. Es­te es el ca­so de los in­far­tos de mio­car­dio, en los que el do­lor se ori­gi­na en el co­ra­zón y se pue­de irra­diar, por ejem­plo, al bra­zo izquierdo.

El do­lor de ori­gen os­teo­mus­cu­lar y ar­ti­cu­lar es uno de los más fre­cuen­tes. Di­cen los co­rre­do­res más ve­te­ra­nos de mi club de atle­tis­mo que a los atle­tas siem­pre les due­le al­gu­na co­sa: que si la ro­di­lla, que si el ten­dón de Aqui­les…

FRACTURAS Y ARTRITIS

Mu­chos de es­tos do­lo­res se qui­tan con un buen ca­len­ta­mien­to, pe­ro cuan­do per­sis­ten pue­den ser se­ñal de que se pue­de pro­du­cir una le­sión, una so­bre­car­ga, una ro­tu­ra de fi­bras o, lo que es más gra­ve, una do­len­cia en al­gún ten­dón o hue­so.

Ca­pí­tu­lo apar­te me­re­cen las fracturas. Bien sean por al­gún trau­ma­tis­mo o por ex­ce­si­vo uso –es­trés–, di­cen que el hue­so que más due­le cuan­do se rom­pe es la cos­ti­lla. Tam­bién son muy co­mu­nes los do­lo­res de­bi­dos a artritis, que se pro­du­cen con más fre­cuen­cia con los cam­bios de cli­ma. Den­tro de es­te ti­po de do­lo­res de­be­mos des­ta­car los cau­sa­dos en la co­lum­na ver­te­bral, co­mo por ejem­plo las lum­bal­gias pos­tu­la­res o en las her­nias de dis­co. Tam­bién los cau­sa­dos por pro­ble­mas en ten­do­nes, co­mo pue­de ser en el hom­bro do­lo­ro­so o el co­do de te­nis­ta.

Los do­lo­res de cau­sa vascular son muy fre­cuen­tes, bien sea la sen­sa­ción de pe­sa­dez y do­lor en las pier­nas de las per­so­nas con va­ri­ces o el do­lor agu­do y muy in­ten­so de aque­llos que tie­nen una em­bo­lia en una ex­tre­mi­dad. Den­tro de es­tos te­ne­mos que des­ta­car tam­bién las fa­mo­sas ce­fa­leas o ja­que­cas, que son muy va­ria­das, y pue­den ir des­de las ten­sio­na­les acom­pa­ña­das de si­tua­cio­nes de es­trés a las que se aso­cian a subidas de la ten­sión ar­te­rial pa­san­do por las fa­mo­sas mi­gra­ñas que ator­men­tan de ma­ne­ra pe­rió­di­ca en ata­ques –ra­ci­mos– a las per­so­nas que las pa­de­cen.

CUAN­DO NO DUE­LE

Los do­lo­res vis­ce­ra­les son los cau­sa­dos en al­guno de los múl­ti­ples ór­ga­nos del cuer­po. Lo pri­me­ro que hay que de­cir, y que la ma­yo­ría de per­so­nas des­co­no­cen, es que hay ór­ga­nos que no due­len. Es el ca­so del pul­món, sim­ple­men­te, por­que no tie­ne ner­vios ni re­cep­to­res del do­lor. Cuan­do una en­fer­me­dad pul­mo­nar due­le, es por­que es­tá afec­ta­da la pleu­ra, que si tie­ne es­tos re­cep­to­res.

En es­te ti­po de do­lo­res es fre­cuen­te en­con­trar irra­dia­ción, co­mo el do­lor ‘en cin­tu­rón’, cau­sa­do por en­fer­me­da­des pan­creá­ti­cas. Así mis­mo, pue­den dar­se do­lo­res de ti­po có­li­co, co­mo los de ri­ñón o ve­sí­cu­la, de­bi­dos a la obs­truc­ción de al­gún con­duc­to –véa­se el ca­so del uré­ter por una pie­dra–. Exis­ten otros mu­chos ti­pos de do­lor, co­mo es ló­gi­co. El te­ma es muy ex­ten­so.

El tra­ta­mien­to del do­lor ha si­do uno de los hi­tos de la hu­ma­ni­dad y la me­di­ci­na en el úl­ti­mo si­glo y me­dio, ha­bien­do res­ca­ta­do del su­fri­mien­to a mi­llo­nes de per­so­nas. Em­pe­zan­do por la apa­ri­ción de la anes­te­sia, que ha per­mi­ti­do la rea­li­za­ción de ope­ra­cio­nes ca­da vez más com­ple­jas.

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OS­TEO­MUS­CU­LAR

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