MAS­CO­TAS

CAR­LOS HI­PÓ­LI­TO, QUE IN­TER­PRE­TA AL PA­DRE DE BILLY ELLIOT EN EL MU­SI­CAL QUE DI­RI­GE DA­VID SE­RRANO, NOS HA­BLA SO­BRE SU CA­RI­ÑO­SA PE­RRI­TA, TRUDI.

ABC - Hoy Corazón - - Sumario -

Car­los Hi­pó­li­to: “He te­ni­do pe­rros des­de pe­que­ño”.

Ac­tor ver­sá­til, que­ri­do por el pú­bli­co y por sus com­pa­ñe­ros, Car­los Hi­pó­li­to fi­na­li­zó en sep­tiem­bre La men­ti­ra, una obra en la que com­par­tió es­ce­na­rio con su mu­jer, la tam­bién ac­triz Ma­pi Sa­ga­se­ta, pa­ra in­me­dia­ta­men­te in­cor­po­rar­se al mu­si­cal Billy Elliot, don­de su hi­ja es una de las bai­la­ri­nas. Pe­ro en es­ta fa­mi­lia hay un miem­bro que nos re­ci­be con sal­tos y ca­ran­to­ñas, res­pon­de al nom­bre de Trudi. Car­los, ¿quién es Trudi? Trudi na­ció ha­ce sie­te años: era una bo­la blan­ca, la más pe­que­ña de la ca­ma­da, no ma­ma­ba, la más tor­pe. Vio có­mo el res­to de la fa­mi­lia se mar­cha­ba a di­fe­ren­tes ho­ga­res, que­dán­do­se so­la an­te un fu­tu­ro in­cier­to. Una historia que nos es­tre­me­ció a mí, a mi mu­jer y a mi hi­ja. Des­de en­ton­ces vi­ve en el cam­po con no­so­tros. ¿ Lo de Trudi vie­ne de Ger­tru­dis? Noooo ( ri­sas), eso creen to­dos los ami­gos que nos vi­si­tan, pe­ro el nom­bre lo eli­gió mi hi­ja Elisa, que en­ton­ces te­nía ocho años y veía una pe­lí­cu­la que se lla­ma­ba Chitty Chitty Bang Bang, cu­ya pro­ta­go­nis­ta fe­me­ni­na se lla­ma­ba Trudi. No to­dos los pa­dres ce­den a las pre­sio­nes de te­ner una mas­co­ta. He te­ni­do mu­chos pe­rros des­de pe­que­ño, me gus­tan mu­cho. A mi mu­jer tam­bién le en­can­tan y cuan­do mi hi­ja nos lo pi­dió, di­ji­mos, «pues cla­ro que sí » . Elisa es hi­ja úni­ca y de al­gu­na ma­ne­ra es co­mo si hu­bie­ra te­ni­do una her­ma­ni­ta. Trudi es una west high­land whi­te te­rrier. ¿Có­mo es en la in­ti­mi­dad por­que los te­rriers tie­nen mu­cho ca­rác­ter? Es muy ca­ri­ño­sa con los tres. Con la gen­te que vie­ne a ca­sa lo pri­me­ro que ha­ce es en­se­ñar­le la ba­rri­ga pa­ra que se la ras­quen pe­ro, co­mo guar­dia­na, es un desas­tre. Nun­ca he­mos pen­sa­do mi mu­jer y yo en un ani­mal co­mo al­go ren­ta­ble, en el sen­ti­do de uti­li­zar­lo pa­ra al­go. Hay gen­te que los uti­li­za pa­ra pro­te­ger una fin­ca o pa­ra ca­zar. Trudi es una más de la fa­mi­lia, ella ocu­pa su lu­gar en ca­sa. ¿La pues­ta en es­ce­na del mu­si­cal Billy Elliot de­mues­tra que es­ta­mos re­mon­tan­do la cri­sis? Ade­más de los más de 30 ac­to­res, mú­si­cos y téc­ni­cos, hay 60 ni­ños con­tra­ta­dos, cua­tro ni­ños y ocho ni­ñas ca­da día. Co­mo por ley es­tá prohi­bi­do que los ni­ños tra­ba­jen, al­go que me pa­re­ce es­tu­pen­do, es­to se con­tem­pla co­mo una ac­ti­vi­dad ex­tra­es­co­lar. Los ni­ños no pue­den ha­cer más que un nú­me­ro de ho­ras a la se­ma­na de­di­ca­dos al tea­tro. Es de­cir, so­lo se pue­den ha­cer dos fun­cio­nes a la se­ma­na. ¿Ha te­ni­do que apren­der a bai­lar y can­tar o ve­nía apren­di­do? Cuan­do em­pe­cé, ha­ce ca­si 40 años, in­ten­té pre­pa­rar­me de la ma­ne­ra más mul­ti­dis­ci­pli­nar po­si­ble y siem­pre he si­do muy afi­cio­na­do a los mu­si­ca­les. Me han gus­ta­do mu­cho co­mo es­pec­ta­dor, aun­que la vi­da no me lle­vó por ahí. He he­cho cine, te­le, una ca­rre­ra ma­ra­vi­llo­sa. En cuan­to me de­ja­ron, re­to­mé las cla­ses de can­to y de bai­le. Hi­ce con Ma­rio Gas Fo­llies, el mu­si­cal de Sti­ve Sond­heim. Des­pués, vino Son­ri­sas y lá­gri­mas, y aho­ra in­ter­pre­to al pa­dre de Billy, que es otro gran per­so­na­je. ¿Se va­lo­ran las dis­ci­pli­nas ar­tís­ti­cas o los pa­dres pre­fie­ren otro ti­po de ca­rre­ras pa­ra sus hi­jos? Las dis­ci­pli­nas ar­tís­ti­cas no es­tán tan mal vis­tas co­mo ha­ce tiem­po, pe­ro si­guen es­tan­do en un te­rreno que a las fa­mi­lias les si­gue crean­do mu­cha in­se­gu­ri­dad. Aun­que la in­se­gu­ri­dad aho­ra es­tá en cual­quier ofi­cio y en cual­quier pro­fe­sión. Aho­ra na­die tie­ne ga­ran­tía de na­da, ni si­quie­ra los fun­cio­na­rios. ¿ Cuál es el men­sa­je de Billy Elliot? Cual­quier ni­ño que ven­ga a ver la obra con sus pa­dres y se sien­ta di­fe­ren­te, por la ra­zón que sea, se ve­rá reivin­di­ca­do y va a sen­tir que se abre una puer­ta de diá­lo­go con sus pa­dres. Es un mu­si­cal que ha­bla del amor, el res­pe­to y la to­le­ran­cia.

“Co­mo guar­dia­na, Trudi es un desas­tre”

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.