Gary Old­man, el ac­tor que odia­ba los Glo­bos de Oro.

ELACTORQUEODIABALOS GLOBOSDEORO(YGANÓUNO)

ABC - Hoy Corazón - - SUMARIO -

NO TIE­NE PE­LOS EN LA LEN­GUA Y MÁS DE UNA VEZ HA ES­TA­DO A PUN­TO DE ACA­BAR CON SU CA­RRE­RA POR BOCAZAS. AHO­RA POR FIN HA APREN­DI­DO A CON­TRO­LAR­SE Y SE HA CON­VER­TI­DO EN EL AC­TOR DE MODA.

Me­nos mal que es­ta vez man­tu­vo la bo­ca ce­rra­da. Subió al es­ce­na­rio, re­co­gió su Glo­bo de Oro y pro­nun­ció un con­ven­cio­nal dis­cur­so con un par de chis­tes y los agra­de­ci­mien­tos de ri­gor. Ves­tía, ade­más, de ne­gro ri­gu­ro­so, co­mo el pro­to­co­lo que mar­ca­ba esa no­che. Gary Old­man, a los 59 años y con ca­si 40 de ex­pe­rien­cia a sus es­pal­das, aca­ba de con­se­guir su pri­mer ga­lar­dón im­por­tan­te gra­cias a su in­ter­pre­ta­ción de Wins­ton Chur­chill en El instante más os­cu­ro.

Muy le­jos pa­re­ce que­dar ya la oca­sión en la que di­jo que es­tos pre­mios es­ta­ban «co­rrom­pi­dos». O cuan­do se mar­có es­ta es­pec­ta­cu­lar rajada so­bre la ga­la: « Es un even­to sin sen­ti­do. La Aso­cia­ción de la Pren­sa Ex­tran­je­ra te to­ma el pe­lo ha­cién­do­te creer que es­tá pa­san­do al­go. Son ri­dícu­los, 90 ‘ don­na­dies’ y to­dos es­tán bo­rra­chos. Boi­co­teé­mos­les. Di­gá­mos­les que no va­mos a ju­gar es­te jue­go tan ton­to nun­ca más. Los Os­car son di­fe­ren­tes». Eso fue en 2014, en la re­vis­ta Play­boy, don­de también ase­gu­ró que Holly­wood era « una ciu­dad ma­ne­ja­da

por los ju­díos» y arre­me­tió ca­si con­tra to­do el mun­do, incluido el Pa­pa, así que no le que­dó más re­me­dio que dis­cul­par­se pa­ra no arrui­nar su ca­rre­ra.

Tam­po­co el al­cohol le ha ayu­da­do de­ma­sia­do. Lle­gó a be­ber dos bo­te­llas de vod­ka al día, a ele­gir sus pa­pe­les lan­zan­do una mo­ne­da o a ne­ce­si­tar un pin­ga­ni­llo pa­ra que le di­je­ran el tex­to. Has­ta que De­mi Moo­re se cru­zó en su ca­mino du­ran­te el ro­da­je de La le­tra escarlata y le abrió los ojos: «Me di­jo que es­ta­ba muy en­fer­mo y que de­bía de­jar­lo».

SUS PA­RE­JAS Y MA­TRI­MO­NIOS

Su in­gre­so en un cen­tro de reha­bi­li­ta­ción, se­gún se di­jo, obli­gó a can­ce­lar su bo­da con Isa­be­lla Ros­se­lli­ni, con la que man­te­nía una ro­man­ce en­ton­ces, aun­que él lo ne­gó: «Nun­ca es­tu­vi­mos ofi­cial­men­te com­pro­me­ti­dos» . Old­man an­tes se ha­bía ca­sa­do dos ve­ces. La pri­me­ra con la ac­triz in­gle­sa Les­ley Man­vi­lle y la se­gun­da con Uma Thur­man, que ha des­cri­to así su re­la­ción: «Fue un error. Nos co­no­ci­mos cuan­do yo te­nía 18 años y él 12 más. Fue mi pri­mer amor, una his­to­ria de un

amor lo­co». Mu­cho peor re­sul­tó su si­guien­te ma­tri­mo­nio. A Don­ya Fio­ren­tino la co­no­ció en Al­cohó­li­cos Anó­ni­mos, se ca­sa­ron en 1997, tu­vie­ron dos hi­jos y cua­tro años des­pués pro­ta­go­ni­za­ron un com­pli­ca­do di­vor­cio. Ella le acu­só de ha­ber­la pe­ga­do y re­cor­dó sus ex­ce­sos: «Me con­tó que al­gu­nos

fi­nes de se­ma­na lle­gó a gas­tar­se más de 18.000 dó­la­res en al­cohol, dro

gas y pros­ti­tu­tas». Old­man res­pon­dió que su ex men­tía, que le ha­bía he­cho creer que es­ta­ba des­en­gan­cha­da, que por los ce­los de ella ha­bía te­ni­do que ta­tuar­se su nom­bre en el anu­lar y que las acu­sa­cio­nes de ma­los tra­tos fueron in­ves­ti­ga­das por la po­li­cía y no se pre­sen­ta­ron car­gos en su con­tra.

VI­DA FAMILIAR

El juez fa­lló a su fa­vor y le con­ce­dió la cus­to­dia de

los hi­jos. «Tu­ve un des­ca­rri­la­mien­to familiar y me en­con­tré con esos dos chi­cos, que­ría es­tar con ellos. Ha si­do ma­ra­vi­llo­so. Ellos son mi ma­yor lo­gro. Me en­can­ta des­per­tar­les, ha­cer­les el desa­yuno y lle­var­les al

co­le­gio», ha co­men­ta­do el ac­tor so­bre esa eta­pa en la prio­ri­zó sus obli­ga­cio­nes fa­mi­lia­res y en la que ro­dó va­rias en­tre­gas de Batman y Harry Pot­ter por­que le pa­ga­ban bien y le de­ja­ban tiem­po li­bre.

Su si­guien­te ma­tri­mo­nio, con Alexandra Eden­bo­rough, re­sul­tó más tran­qui­lo. «No es­toy or­gu­llo­so de que sea el cuar­to, pe­ro es­te va a ser el bueno y es­pe­ro que el úl­ti­mo», de­cla­ró cuan­do el amor les son­reía. Seis años des­pués, el di­vor­cio se re­sol­vió con un des­em­bol­so de más de tres mi­llo­nes de dó­la­res por par­te de él y bue­nas pa­la­bras: «Es­toy agra­de­ci­do por los buenos mo­men­tos que he­mos vi­vi­do y se­gui­mos sien­do ami­gos».

En sep­tiem­bre, Old­man vol­vió a ca­sar­se. Su quin­ta mu­jer se lla­ma Gi­se­le Sch­midt y se de­di­ca al ar­te. «So­mos co­mo dos go­tas de agua. Ten­go ca­si 60 años y por fin creo que es­toy en ca­sa», ha di­cho él. En­ci­ma, con un Glo­bo de Oro y to­do pa­re­ce in­di­car que el 4 de mar­zo se lle­va­rá también el Os­car.

SU PRI­ME­RA MU­JER La ac­triz in­gle­sa Les­ley Man­vi­lle fue la pri­me­ra mu­jer de Gary. Es­tu­vie­ron ca­sa­dos tres años. Con ella tu­vo a Al­fie, su hi­jo ma­yor. CIN­CO MA­TRI­MO­NIOS So­bre es­tas lí­neas, Gary con Don­ya Fio­ren­tino, su ter­ce­ra mu­jer. Arri­ba, a la iz­da.,...

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