ABC - Mujer Hoy

No te comas ese chocolate

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ese atún, ni el azúcar, los tomates, las gambas o el algodón; ni compres el oro o las piedras preciosas sobre los que no dispongas de informació­n segura. Solo un ejemplo: Ghana y Costa de Marfil producen dos tercios del cacao mundial y hay unos 30.000 adultos y niños esclavos recogiéndo­lo. Según la ONG Free

The Slaves, el primer paso que un ciudadano puede dar para acabar con la esclavitud es controlar de dónde vienen los productos que consume. Buscar los de comercio justo y mirar el etiquetado evita contribuir a la esclavitud, una lacra con la que, de algún modo, todos estamos conectados.

Los esclavos cosechan, en el Sudeste Asiático, el pescado que acaba en los palitos de cangrejo, producen carbón vegetal en Brasil que se utiliza para fundir el acero de nuestros coches… Que las marcas sepan que los consumidor­es no desean productos que procedan del trabajo forzoso es un paso importante. “También es fundamenta­l exigir a los gobiernos que se aseguren de que las empresas cumplan con las leyes que protegen a los trabajador­es”, afirma Jacqueline Joudo

Larsen, investigad­ora senior de Walk Free Foundation.

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