La JO­VEN idea­lis­ta

ABC - Mujer Hoy - - Mujeres En Primera Línea - ALE­XAN­DRIA OCA­SIO COR­TEZ E. CAS­TE­LLÓ

Con so­lo 29 años, Ale­xan­dria se ha con­ver­ti­do en la congresista más jo­ven de la his­to­ria de Es­ta­dos Uni­dos, tras las elec­cio­nes del 6 de no­viem­bre. “Las chi­cas co­mo yo –de­cía en su vi­deo de cam­pa­ña–, se su­po­ne que no se me­ten en po­lí­ti­ca”. Pe­ro ella lo hi­zo y de­rro­tó a un lí­der de su par­ti­do, el de­mó­cra­ta Jo­seph Crow­ley, que lle­va­ba 14 años en el car­go. Li­cen­cia­da en Eco­nó­mi­cas y Re­la­cio­nes In­ter­na­cio­na­les por la Uni­ver­si­dad de Bos­ton, na­ció en el Bronx, de pa­dres puer­to­rri­que­ños, y aún no ha sal­da­do el prés­ta­mo para pa­gar sus es­tu­dios. Cuan­do su pa­dre mu­rió, fue ca­ma­re­ra en un bar para ayu­dar a su madre que es lim­pia­do­ra y con­duc­to­ra de au­to­bús. Cuan­do ter­mi­nó sus es­tu­dios, tra­ba­jó co­mo di­na­mi­za­do­ra so­cial.

Su cam­pa­ña puer­ta a puer­ta y su em­pe­ño por de­fen­der la dig­ni­dad de los in­mi­gran­tes han po­di­do más que los pre­jui­cios. Se com­pro­me­tió a no acep­tar di­ne­ro de em­pre­sas ni gran­des cor­po­ra­cio­nes y re­cau­dó 600.000 dó­la­res (el 70% de las con­tri­bu­cio­nes, de me­nos de 200 dó­la­res), fren­te a los tres millones de Crow­ley. Pe­ro usó las ar­mas de los “mi­llen­nials”: las re­des so­cia­les. Su opo­nen­te de­mos­tró que no ha­bía en­ten­di­do na­da cuan­do en­vió a una chi­ca la­ti­na en su lu­gar a un de­ba­te. Ni si­quie­ra su mi­li­tan­cia so­cia­lis­ta, pa­la­bra que ate­rra en EE.UU., ha fre­na­do sus sim­pa­tías. Qui­zá por­que es con­tun­den­te en al­go con lo que es di­fí­cil no es­tar de acuer­do: la dig­ni­dad de los se­res hu­ma­nos, la sa­lud, la edu­ca­ción y la acep­ta­ción del di­fe­ren­te.

Ale­xan­dria pi­de se­gu­ro mé­di­co uni­ver­sal, gra­tui­dad de los co­le­gios pú­bli­cos y la abo­li­ción de la agen­cia de in­mi­gra­ción, y ha­bla de la im­por­tan­cia de la ra­za, el gé­ne­ro, la edad y la cla­se so­cial. In­clu­so via­jó a la fron­te­ra me­xi­ca­na para pro­tes­tar con­tra la se­pa­ra­ción de las fa­mi­lias la­ti­nas que en­tra­ban ile­gal­men­te en el país. Ha ga­na­do con un 78% de los vo­tos.

Mu­chos le pre­gun­tan si man­ten­drá sus ideas y creen po­co rea­lis­tas sus pe­ti­cio­nes de un sa­la­rio mí­ni­mo o una po­lí­ti­ca mi­gra­to­ria de puer­tas abier­tas. Ella ex­pli­ca que su ge­ne­ra­ción es­tá mar­ca­da por el te­rro­ris­mo y que no ha vi­vi­do en una so­cie­dad tan prós­pe­ra co­mo sus pa­dres. Un mundo dis­tin­to al que co­no­cen los que ocu­pan el po­der. “No se derrota al gran di­ne­ro con más di­ne­ro, sino con un jue­go di­fe­ren­te”, di­ce. ●

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