Vio­len­cia

ABC (Norte) - - ESPAÑA -

Ta­ba­co, ha­chís, co­caí­na...

Hi­jo de un ma­ri­ne­ro y una ma­ris­ca­do­ra, con ape­nas 25 años Ma­nuel Char­lín cam­bió las re­des y los apa­re­jos de pes­ca por el con­tra­ban­do de acei­te, ca­fé, me­di­ca­men­tos y to­do ti­po de pro­duc­tos que él y sus co­la­bo­ra­do­res in­tro­du­cían des­de Por­tu­gal. Sus con­tac­tos con el país ve­cino fue­ron cru­cia­les pa­ra dar el sal­to del es­tra­per­lo al tráfico de ta­ba­co de la mano de Vi­cen­te Ote­ro (Te­ri­to). Des­pués llegaría el ha­chís, los víncu­los con las gran­des ma­fias co­lom­bia­nas, y la ten­ta­ción de so­bre­pa­sar la «lí­nea ro­ja» que pa­ra mu­chos su­po­nía el tráfico de co­caí­na.

Fren­te al ca­rác­ter afa­ble y cam­pe­chano que pro­yec­ta­ban sus com­pa­ñe­ros Lau­reano Ou­bi­ña o Si­to Mi­ñan­co, la tra­yec­to­ria de «O Ve­llo» pron­to em­pe­zó a es­tar sal­pi­ca­da por la vio­len­cia, los ajus­tes de cuen­tas y la sangre. De he­cho, uno de los pri­me­ros epi­so­dios que lo lle­va­ron a pi­sar la cár­cel tu­vo lu­gar en el año 1982, cuan­do fue de­te­ni­do por gol­pear y en­ce­rrar en una cá­ma­ra fri­go­rí­fi­ca a un ca­mio­ne­ro de Va­lla­do­lid que le de­bía 17 mi­llo­nes de pe­se­tas a raíz de una des­car­ga de ta­ba­co.

Su de­ten­ción más so­na­da tu­vo lu­gar a raíz de la fa­mo­sa Ope­ra­ción Né­co­ra, en 1990, aun­que tras la ce­le­bra­ción del jui­cio cua­tro años des­pués el pa­triar­ca de los Char­li­nes fue pues­to en li­ber­tad sin car­gos. Char­lín se pre­sen­tó co­mo un hom­bre hu­mil­de, sin es­tu­dios, sin au­to­ri­dad en­tre los su­yos y to­tal­men­te des­vin­cu­la­do de cual­quier ne­go­cio tur­bio. «Hu­bo que me­ter­me a mí en la cár­cel pa­ra de­cir es­te es el je­fe, es­te es el due­ño, es el clan. ¿Pe­ro clan de qué? Si no soy ni el clan de mi fa­mi­lia», res­pon­dió el pa­triar­ca du­ran­te la vis­ta, en la que se afa­nó en ex­pli­car que cuan­do ha­bla­ba con clien­tes co­lom­bia­nos de atún blan­co y atún ne­gro no se re­fe­ría a la co­caí­na y al ha­chís, sino a la mer­can­cía de su fá­bri­ca de con­ser­vas.

La ale­gría por sa­lir lim­pio de la ma­cro­cau­sa le du­ró exac­ta­men­te seis días, los que tar­dó en vol­ver a en­trar en la cár­cel a raíz de la muer­te del nar­co arre­pen­ti­do Ma­nuel Baú­lo, ase­si­na­do a ti­ros por cua­tro si­ca­rios co­lom­bia­nos en su ca­sa de Cam­ba­dos tras de­la­tar a los Char­li­nes en sede ju­di­cial. So­lo un año des­pués, en 1995, el juez Bal­ta­sar Garzón or­de­na­ba de nue­vo su in­gre­so en pri­sión por or­ga­ni­zar el trans­por­te La his­to­ria de Char­lín es­tá sal­pi­ca­da por la vio­len­cia, los ajus­tes de cuen­tas y la sangre

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