La llu­via rom­pe las ilu­sio­nes del Ce­rro

∑ El mal tiem­po pro­vo­có la sus­pen­sión de la sa­li­da ex­tra­or­di­na­ria de la Vir­gen de los Do­lo­res

ABC (Sevilla) - - SEVILLA - JO­SÉ JA­VIER CO­MAS SE­VI­LLA

Eran las 19:30 ho­ras y el cie­lo en­ne­gre­ció. Los ma­los au­gu­rios se ci­ñe­ron so­bre un ba­rrio que es­pe­ra­ba la sa­li­da ex­tra­or­di­na­ria de su Vir­gen de los Do­lo­res des­de ha­ce me­ses cuan­do una tor­men­ta atro­na­do­ra a las 20:10 ho­ras cam­bió el sem­blan­te de los que allí es­pe­ra­ban. La jun­ta de go­bierno de­ci­dió re­tra­sar el co­mien­zo a las 20:30 ho­ras, pe­ro, de nue­vo, otra gran tor­men­ta eléc­tri­ca car­ga­da de agua pro­vo­có una nue­va de­mo­ra de una ho­ra. En ca­da trueno, los aplau­sos en el ex­te­rior alen­ta­ron al res­to. A las 21:30 se pu­so una nue­va me­ta a la es­pe­ran­za, pe­ro no fue po­si­ble. Ya en no­che ce­rra­da, la llu­via no ce­sa­ba y el pá­rro­co, Al­ber­to Te­na, em­ble­ma del ba­rrio, anun­cia­ba la sus­pen­sión de­fi­ni­ti­va de la sa­li­da. Los vi­vas a la Vir­gen des­de la ca­lle y en mi­tad de la tem­pes­tad cor­ta­ron la res­pi­ra­ción. Don Al­ber­to tam­bién con­tes­tó: «¡Vi­va nues­tra Vir­gen de los Do­lo­res!».

Las ilu­sio­nes se es­fu­ma­ron y el tem­plo es­tu­vo abier­to has­ta las 23:30 ho­ras. Des­de ese mo­men­to, un re­gue­ro de ve­ci­nos em­pa­pa­dos en agua que se ha­bía man­te­ni­do im­per­té­rri­to en las puer­tas del tem­plo du­ran­te dos ho­ras, en­tró con lá­gri­mas. Mu­chos con ora­cio­nes en­tre sus la­bios, otros con pa­la­bras ha­cia su Vir­gen. Esa es la ver­dad del Ce­rro.

Un ba­rrio en­ga­la­na­do

Des­de que co­men­zó el día el co­ra­zón pal­pi­ta­ba de una for­ma dis­tin­ta en el Ce­rro. Era el de su Vir­gen, era de nue­vo 15 de sep­tiem­bre, pe­ro no se­ría igual que en otras oca­sio­nes: la «pa­tro­na» y guía de su ba­rrio sa­lía en pro­ce­sión ex­tra­or­di­na­ria. Así ce­le­bró la pa­rro­quia sus 75 años de vi­da, con el me­jor te­so­ro que guar­da pa­ra sus ve­ci­nos.

An­tes del desas­tre, a las sie­te de la tar­de, to­do era un her­vi­de­ro de emo­cio­nes. Las ca­lles es­ta­ban en­ga­la­na­das des­de Afán de Ri­be­ra, Dia­man­tino Gar­cía Acosta o Pá­rro­co An­to­nio Gó­mez Vi­lla­lo­bos; des­de Juan Castillo Sán­chez, Ga­li­cia o Lis­boa; des­de Te­ruel, To­más Pé­rez, Ál­va­rez Be­na­vi­des o la que lle­va su nom­bre. Guir­nal­das, ban­de­ro­las, col­ga­du­ras o el al­tar ins­ta­la­do por la her­man­dad del Ro­cío, que tu­vie­ron que ser ta­pa­das con pre­mu­ra por la llu­via, da­ban co­lor al ba­rrio más pue­blo que tie­ne Se­vi­lla, a una de las gran­des ver­da­des de la Se­ma­na San­ta his­pa­len­se. Era sep­tiem­bre, pe­ro tam­bién Mar­tes San­to.

La Ban­da de cor­ne­tas y tam­bo­res del Sol abría el cor­te­jo y des­de tem­prano es­pe­ra­ba for­ma­da en las puer­tas, las Nie­ves de Oli­va­res es­pe­ra­ba en el in­te­rior. Más de 500 her­ma­nos con ci­rios es­ta­ban den­tro; al­gu­nos niños, otros adul­tos y los más ve­te­ra­nos, al fi­nal, jun­to al pa­so. Al­gu­nos aún re­cuer­dan cuan­do su Vir­gen sa­lía en pro­ce­sión de glo­ria co­mo lo de­bía ha­ber he­cho ayer, otros so­lo guar­dan en su me­mo­ria una es­ta­ción de pe­ni­ten­cia de ro­jo bur­deos que en 2019 ve­rá el re­na­cer de una nue­va de­vo­ción en el ba­rrio: el Se­ñor de la Hu­mil­dad.

La llu­via rom­pe ilu­sio­nes pe­ro no la fe, de eso va so­bra­do el Ce­rro. «No pu­do ser es­ta vez» de­cían mu­chos mien­tras en­tre lá­gri­mas lan­za­ban be­sos a su Vir­gen de los Do­lo­res. Con eso ya ha me­re-

RO­CÍO RUZ

Fie­les es­pe­ran­do a la Vir­gen de los Do­lo­res, que al fi­nal no pu­do sa­lir de su tem­plo por la llu­via

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