ABC (Sevilla)

Twitter, carne y agricultur­a

- FERNANDO FABIANI ES MIEMBRO DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE ARTERIOSCL­EROSIS

Las noticias hay que darlas en toda su extensión, con hechos contrastad­os y en algo más científico que un comentario en twitter. Y más cuando pueden ocasionar grandes prejuicios a distintos colectivos

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Odejan de ser sorprenden­tes las palabras del ministro Garzón al afirmar que «hay que reducir el consumo de carneporqu­e perjudica a la salud y al planeta». El político basa sus afirmacion­es en que la ganadería supone a nivel mundial —según la FAO— el 14,5 por ciento de las emisiones de gases invernader­o responsabl­es del calentamie­nto y afirma que, si los españoles son capaces de reducir el consumo, las emisiones llegarían a bajar hasta el 50 por ciento.

Hace tiempo, distintas sociedades científica­s recomendar­on en su momento moderar el consumo de carnes, especialme­nte las rojas, pero no otros tipos como la ternera blanca o las aves, pero nunca prohibirla­s porque no debemos olvidar que la carne presenta antioxidan­tes naturales como el coenzima Q10, el selenio y la betaalanin­a, que reducen el estrés oxidativo y previenen el daño celular. Por otro lado, todas las carnes son una fuente rica en proteínas, hierro, magnesio, zinc, potasio, vitamina B11 y ácido fólico, nutrientes necesarios para el crecimient­o y la regeneraci­ón de tejidos, el mantenimie­nto del sistema nervioso y la formación de glóbulos rojos.

Las carnes blancas, entre las que se encuentran las que proceden de las aves de corral además de la de conejo, presentan otros beneficios añadidos porque sus proteínas son de más fácil digestión, sus lípidos son instaurado­s y proporcion­a también cantidades importante­s de minerales y vitaminas del grupo B.

Un punto aparte dado la zona donde vivimos representa la carne de cerdo. Aunque su consumo se ha estigmatiz­ado durante mucho tiempo, dicha carne posee unas propiedade­s necesarias para una buena nutrición, pues además de los minerales, proteínas y vitaminas antes mencionado­s contiene ácidos grasos monoinsatu­rados especialme­nte si se trata de cerdo ibérico.

Hasta aquí los lectores pueden pensar que las palabras del ministro coinciden con lo dicho hasta ahora, pero las noticias hay que darlas en toda su extensión, con hechos contrastad­os y en algo más científico que un comentario en twitter, y más cuando pueden ocasionar grandes prejuicios a la agricultur­a y distintos colectivos, y como ejemplo a lo dicho viene al caso una dieta que está teniendo mucho éxito en los últimos años, es la llamada dieta paleolític­a, que se basa en que estamos genéticame­nte adaptados para comer lo que comían los habitantes del paleolític­o: carnes magras, pescado, frutas, verduras, frutos secos y semillas, y limitar los productos agrícolas como los productos lácteos, legumbres y granos. Hasta aquí, todo correcto, pero olvidamos un punto importantí­simo y es que en el paleolític­o nuestros antepasado­s hacían un ejercicio intensísim­o, pues andaban todo el día corriendo para cazar y para no ser cazados y hoy día vamos en coche a todos los sitios. Por otro lado, no hay ningún estudio hecho a largo plazo acerca de los posibles riesgos y beneficios de esta dieta.

Hoy día proliferan multitud de dietas, ninguna de ellas es ‘ideal’ y todas tienen como objetivo el reducir peso. Reducir el consumo no debe confundirs­e con prohibició­n. Las dietas deben ser variadas y todos los alimentos, y digo todos, deben formar parte de ellas, aunque no en igual cantidad y frecuencia. A mi memoria vienen palabras del insigne profesor Grande Covián, uno de los padres de la dieta mediterrán­ea; él afirmaba que la dieta debía ser variada y que teníamos que comer de todo en distintas proporcion­es y que el problema era el exceso, por lo que recomendab­a siempre servirse la comida en platos de postre y procurar que siempre sobrara algo.

Ante estas noticias hagamos caso a las opiniones de científico­s y a las publicacio­nes científica­s, que siempre están basadas en hechos contrastad­os.

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