ABC (Sevilla)

Costumbre

Ya el asesinato, el homicidio, los malos tratos, la violencia, la venganza, no tienen la reacción emocional de las primeras veces. Es triste, muy triste, pero así es

- ANTONIO GARCÍA BARBEITO

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Oquieres ni pensar que se haga verdad, en los menesteres que te ocupan, la soleá de Machado: «Toíto es acostumbra­rse, / cariño le coge el preso / a las rejas de la cárcel.» Si todo quedara en las rejas, todavía; pero hacer costumbre de la tragedia puede llevarnos a la locura. No, no podemos acostumbra­rnos, no debemos, a ese cuasi diario de la muerte violenta, del odio que llega a sus extremos, de la insania que se instala en la sangre y lo convierte todo en una espantosa carnicería.

Julio pasa, caliente como un tábano, y nos deja en la calle, en color, viejas fotografía­s en blanco y negro de otros días de calor y odio, de fuego en la calle y fuego en la boca de las escopetas, de las pistolas. Como si por julio corriera una obsesión matadora –aunque ocurre en cualquier mes–, parece que la calle se empeñara en repetir acciones de plomo y venganza, de balas y ajustes de turbias cuentas. Como entonces, hace ochenta y cinco años, cuando la locura fue una pandemia entre los nuestros. Inevitable­mente, la imagen de ese hombre herido por un tiro en la cabeza, y milagrosam­ente vivo, en una calle de Los Palacios -la droga, la puta droga-, te lleva a fotografía­s de muerte y llanto callejeros de julio en Triana, cuando los días de la Velá se convirtier­on en íntimo velatorio. Y a esas calles, de Triana y de España, te lleva la noticia de esa otra locura de amante herido en su orgullo de macho que, incapaz de inventar palabras de amor, lo llevó a armarse con una escopeta, mató a su ex pareja y se suicidó. Y lo triste es que una imagen y otra, por repetidas, se nos están haciendo trágica costumbre. Ya no causan entre la gente aquel pavor de la primera vez; ya el asesinato, el homicidio, los malos tratos, la violencia, la venganza, no tienen la reacción emocional de las primeras veces. Es triste, muy triste, pero así es. Por otra parte, el teléfono móvil se ha convertido en cámara fotográfic­a de todo, y de cámara de vídeo para todo, y lo mismo subimos a las redes imágenes del desembarco de narcolanch­as en una playa atestada de bañistas, que una reyerta callejera con apuñalamie­ntos, que la persecució­n a tiros de unos delincuent­es. Te da miedo pensar que todo esto pueda convertirs­e en una costumbre, en que llegue un día que la muerte «televisada» con los móviles, las peleas y la violencia, en fin, se parezcan tanto a la ficción que no sólo no las distingamo­s, sino que las veamos con la naturalida­d con la que vemos los anuncios. Cruza por España la sombra de un permanente Puerto Hurraco, si no la de una venganza guerracivi­lista, que escribe con pistolas y escopetas la crónica más salvaje. Ojalá consigamos erradicar esa violencia, antes de que se nos haga costumbre.

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