ABC (Sevilla)

Sánchez intenta rescatar al PSOE, influido por Zapatero

La rehabilita­ción política de Óscar López supone mucho más que ser el mero sustituto de Iván Redondo. Será el gestor en la sombra de un PSOE en declive

- MANUEL MARÍN

embargo, tras la salida del ‘gurú’, Del Olmo también se marcha para que la vicepresid­enta ponga a alguien de su equipo. En Podemos consideran que este relevo es natural y el discurso oficial no deja ninguna interpreta­ción posible a que exista malestar por ello.

¿Y dónde queda Podemos?

Será entonces Yolanda Díaz quien se encargue de transmitir el contenido de todas estas reuniones al resto de Unidas Podemos mediante encuentros con el grupo parlamenta­rio y la mesa confederal (espacio de coordinaci­ón entre los partidos formantes).

La nueva estructura desplaza a Podemos, partido predominan­te de Unidas Podemos, de la primera línea de contactos con el flanco socialista del Gobierno. Hay un esfuerzo en todos los estamentos de Unidas Podemos por transmitir la «excelente» coordinaci­ón entre todos los actores de este espacio electoral, sello al que, por cierto, Díaz sigue sin confirmar si será o no su candidata a presidir el Gobierno en las próximas elecciones generales. El discurso oficial en Podemos es considerar pertinente­s los relevos y respetar que Díaz no quiera identifica­rse más con unos que con otros. Pero eso no deja de indicar que el partido se difumine un poco entre las demás siglas moradas.

Nada ha sido casual en la escabechin­a de Pedro Sánchez en su Gobierno. Y menos aún, la reaparició­n de José Luis Rodríguez Zapatero en alguna de las tomas de posesión de nuevos ministros como inspirador de fondo de muchas de las destitucio­nes y, sobre todo, de algunas de las designacio­nes, con una notoria vocación de renovación en las estructura­s autonómica­s del partido. Sánchez planea deshacerse progresiva­mente de barones incómodos que han discrepado públicamen­te del sanchismo –aunque sin efecto de ningún tipo, y a menudo con la boca pequeña–, y sustituirl­os poco a poco por candidatos, o preferente­mente candidatas, con menos autonomía y nula capacidad de disidencia.

Desactivad­a Susana Díaz en Andalucía, y recluida de modo resignado en el Senado, el PSOE vira hacia un modo de control del partido idéntico al que mantuvo Rodríguez Zapatero con José Blanco y el nuevo jefe de gabinete de Sánchez, Óscar López, al frente. Es un aviso a Emiliano García-Page, a Javier Lambán o a Ximo Puig. De momento queda al margen el extremeño Fernández Vara, asimilado al sanchismo desde el primer momento en que se supo que la moción de censura de 2018 contra Mariano Rajoy convertirí­a al líder socialista en presidente del Gobierno.

El retorno de Óscar López no es baladí a ningún efecto. Primero, porque sustituye a Iván Redondo, cuyo poder interno en La Moncloa y en Ferraz ha sido omnímodo en los últimos cuatro años, y es difícil sustraerse a la idea de que López dispondrá de idéntica capacidad de mando. Segundo, porque fue secretario de Organizaci­ón del PSOE y relevante consejero electoral del partido. Y tercero, porque ha sido el décimo indultado por Sánchez. Su sedición política consistió en desmarcars­e de Sánchez en su momento, dejando atrás una vieja amistad personal de años en sus primeros pasos juntos en el partido, y optando por dirigir la campaña de Patxi López en las primarias socialista­s, cuando el exlendakar­i y Susana Díaz plantaron cara compitiend­o con Sánchez.

Aquel episodio le valió a López un exilio en Castilla y León y su expulsión de Ferraz. Después fue incipiente­mente recuperado en el Senado, y finalmente designado director general de Paradores cuando Sánchez fue investido presidente. La vieja amistad se transformó en enemistad manifiesta hasta que Zapatero medió para pulir la relación de nuevo. Y ahora la conjunción de intereses mutuos les ha vuelto a unir. Por eso, en este proceso ha sido crucial la figura de Rodríguez Zapatero, consciente de que, a falta de dos años de las elecciones autonómica­s y locales, el profundo desgaste acumulado por Sánchez ya ha puesto en riesgo el poder en diversas comunidade­s. En Galicia, el resultado del PSOE hace un año fue desastroso. En el País Vasco, insuficien­te. En Cataluña, irrelevant­e pese al triunfo. Y en Madrid, demoledor. Andalucía se configura así como la autonomía donde el PP y Juan Manuel Moreno tienen el ‘botón nuclear’ de un adelanto electoral. De momento, son unánimes los sondeos que apuntan a un claro triunfo del PP junto a Vox, o alternativ­amente junto a Ciudadanos, y esa ha sido la alerta definitiva que ha forzado a Sánchez a reaccionar amparándos­e en una recuperaci­ón orgánica del partido que Redondo había convertido en una sucursal de sí mismo.

Acceso directo a La Moncloa

Rodríguez Zapatero es de los pocos dirigentes con acceso directo a Sánchez y capacidad de influencia en su criterio. Por eso tiene mucho de inspirador en la línea de gestión y en la estrategia que desde ahora ponga en marcha Sánchez en el partido. Primero, en la recuperaci­ón de una oferta –ya insinuada por Moncloa antes de la escabechin­a de días atrás– para que la Generalita­t impulse una reforma estatutari­a en Cataluña que concluya con una consulta legal. Zapatero comentó recienteme­nte en una entrevista que Sánchez debe corregir los errores que él cometió en 2006 cuando impulsó un nuevo Estatuto catalán, que en 2010 fue fulminado por el Tribunal Constituci­onal. La operación consistirí­a en que, cuando dentro de dos años cambie la mayoría ideológica del TC por el acceso directo de magistrado­s designados por el Gobierno de Sánchez, una eventual reforma estatutari­a de corte soberanist­a –federalist­a, gusta decir al PSOE– sí sea esta vez avalada constituci­onalmente.

Falta por determinar si realmente ERC y PDECat aceptarán esta solución de mínimos, más allá de la sobreactua­ción de su eterno «lo volveremos a hacer», en alusión evidente a una declaració­n unilateral de independen­cia. Pero mientras los partidos catalanes se aclaran –la Generalita­t ha dado un margen de dos años a Sánchez–, el PSOE cree que habrá ganado tiempo, y que la ciudadanía visualizar­á al menos que Moncloa ha intentado aportar una solución «sin romper España».

Retorno a los equilibrio­s

En definitiva, es un retorno a los difíciles equilibrio­s del PSOE con la terminolog­ía zapaterist­a de la «España plural y compleja», la «nación de naciones», y la recuperaci­ón de la «Declaració­n de Granada» como modelo territoria­l. Como contraste, Sánchez queda abocado a ofrecer al PP un desbloqueo urgente de la renovación del Poder Judicial, incluso con cesiones que hasta ahora eran inasumible­s para el PSOE, porque para Sánchez ya se ha convertido en una prioridad activar la renovación urgente del Constituci­onal en el mismo paquete negociador.

También el modelo interno de partido funcionará ahora de modo similar a como lo hizo en la última etapa del zapaterism­o, pero con menor debate interno por imposición de Sánchez. Los crecientes desentendi­mientos entre Iván Redondo, que nunca fue militante, y Adriana Lastra o Santos Cerdán, no se producirán ahora con Óscar López, quien tiene su propia autonomía de criterio y una trayectori­a avalada hasta por el fallecido Alfredo Pérez Rubalcaba. Pero es que además ha sido rescatado por Sánchez –y Zapatero– como una suerte de aglutinado­r pragmático de discrepanc­ias internas en un partido que había empezado a desconfiar seriamente del empuje electoral de Sánchez. Antes de convertirs­e en un lastre irreversib­le ante las urnas, Sánchez ha pactado con Zapatero recuperar el modelo que había sido arrumbado por Iván Redondo. Cuestión diferente es si este giro estratégic­o, esta sobresalie­nte rectificac­ión de Sánchez a su propia figura de secretario general, será suficiente para paliar su erosión.

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// EFE Yolanda Díaz y Nadia Calviño, el lunes en el traspaso de la cartera de Presidenci­a
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// ABC José Luis Rodríguez Zapatero
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