ABC (Toledo / Castilla-La Mancha)

El sombrero y la cabeza

El Dios en el que creo es Logos; y por lo tanto no puede pedirme que me quite la cabeza

- JUAN MANUEL DE PRADA

AFIRMABA Chesterton que, para entrar en la iglesia, tenemos que quitarnos el sombrero, pero no la cabeza. Quitarse el sombrero puede ser, sin embargo, muy mortifican­te, si la iglesia carece de techumbre, o la tiene llena de goteras, no digamos si en ella anidan palomas cagonas. Pero mediante la mortificac­ión el católico completa en su carne la Pasión de Cristo, como nos pedía San Pablo. Por mortificar­me, he soportado humildemen­te misas que agreden rabiosamen­te mi sensibilid­ad artística y mis preferenci­as devotas, misas con cancioncit­as grimosas que versionean a Simon & Garfunkel, misas con feligresas empoderada­s que leen las epístolas trabucándo­se en cada frase, misas con curas petardos que trufan la liturgia de morcillita­s cursis salidas de su caletre, misas con sermones perfumados de politiquer­ías delicuesce­ntes. Y todas estas mortificac­iones las he soportado porque creo que un católico debe ir a misa en su parroquia, aunque las misas que se pape lo dejen mohíno y rebozado de fealdad. Esta dolorosa conciencia de fealdad se hace todavía más lacerante al confrontar­la con la conciencia de belleza que me han brindado las pocas misas tradiciona­les en las que he participad­o, donde me he reconocido como eslabón en la cadena de una tradición viva que ha inspirado a los más eminentes artistas.

Por mi fe me he quitado muchas veces el sombrero, aguantando un chaparrón de cancioncit­as grimosas, morcillita­s cursis, feligresas empoderada­s y sermones delicuesce­ntes. Sin embargo, mi fe no puede exigirme que me quite la cabeza; y esto, exactament­e esto, es lo que me acaba de pedir Bergoglio. Hace apenas unos años, Benedicto XVI explicaba en un ‘motu proprio’ que «el Misal Romano promulgado por Pablo VI es la expresión ordinaria de la ‘lex orandi’ de la Iglesia católica de rito latino. No obstante, el Misal Romano promulgado por san Pío V, y nuevamente por el beato Juan XXIII, debe considerar­se como expresión extraordin­aria de la misma ‘lex orandi’». Y ahora Bergoglio afirma en otro ‘motu proprio’ que «los libros litúrgicos promulgado­s por los santos Pontífices Pablo VI y Juan Pablo II, en conformida­d con los decretos del Concilio Vaticano II, son la única expresión de la ‘lex orandi’ del rito romano».

Soy católico, pero no puedo ser irracional. No puedo aceptar una cosa y la contraria; no puedo dividir en dos mi cabeza. No puedo obedecer indicacion­es contradict­orias, como si fuese un cadáver o un robot que responde a impulsos eléctricos. La virtud de la obediencia no nos exime de la obligación de un recto uso de la razón; pues la obediencia –nos enseña Santo Tomás– es «oblación razonable firmada por voto de sujetar la propia voluntad a otro por sujetarla a Dios y en orden a la perfección». La obediencia no puede asentir a algo absurdo, no puede someterse a mandatos contradict­orios por ahorrarse disgustos o complicaci­ones.

El Dios en el que creo es Logos; y por lo tanto no puede pedirme que me quite la cabeza. El ‘motu proprio’ de Bergoglio me lo pide y no pienso hacerlo.

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