EL MUN­DO DE DE­POR­TE CON­VER­TI­DO EN UN NI­DO DE VI­VI­DO­RES

ABC - Vela - - News - PE­DRO SAR­DI­NA

Que el CIO es una or­ga­ni­za­ción co­rrup­ta, lle­na de gol­fos, vi­vi­do­res y gen­tu­za que no ha he­cho na­da en to­da su vi­da, es una co­sa que es­tá pro­ba­da in­clu­so en los juz­ga­dos. Véa­se co­mo se con­ce­die­ron las can­di­da­tu­ras de las se­des de los Jue­gos Olím­pi­cos (Río 2016 y To­kio 2020) y, al­guno más an­te­rior, que aun es­tá por pro­bar. El CIO, que se la co­gía con pa­pel de fu­mar con eso del ama­teu­ris­mo y con los va­lo­res olím­pi­cos en­tre los que se des­ta­ca ese tan im­por­tan­te que di­ce: lo im­por­tan­te es par­ti­ci­par, lle­va unas dé­ca­das ama­san­do di­ne­ros de la pu­bli­ci­dad, de los mo­no­po­lios te­le­vi­si­vos y, en al­gu­nos de­por­tes obli­gán­do­les a que pre­va­lez­ca en es­pec­tácu­lo so­bre la com­pe­ti­ción.

Es­to lo ex­tra­po­la­mos a la ve­la y es más o me­nos lo mis­mo. La an­ti­gua IYRU, lo que es aho­ra la World Sai­ling era una cue­va de «lo­res» an­glo­sa­jo­nes, dic­ta­to­ria­les, que ha­cían y des­ha­cían lo que les ve­nía en ga­na. No to­le­ra­ban otra len­gua que no fue­ra la an­glo­sa­jo­na y se li­mi­ta­ban a or­de­nar lo que ha­bía que ha­cer.

La World Sai­ling ha lle­ga­do mu­cho más le­jos y pa­re­ce ser que se ha gas­ta­do to­dos los di­ne­ros de los fe­de­ra­dos, por lo que es­tá a pun­to de ca­ra­me­lo de la quie­bra. Co­mo ne­ce­si­ta li­qui­dez, qué me­jor for­ma de con­se­guir­la que mo­no­po­li­zan­do las cla­ses, es de­cir ha­cien­do que las diez cla­ses olím­pi­cas sean pa­ra los as­ti­lle­ros que me­jor pu­jen eco­nó­mi­ca­men­te.

Se es­cu­dan en una se­rie de cho­rra­das que no se las cree na­die, co­mo en esa ton­te­ría de la pa­ri­dad y no ha­ce más que crear cla­ses mix­tas, en las que el pa­trón siem­pre es el ma­cho. Ya no im­por­ta el de­por­te. Ya no im­por­ta la par­ti­ci­pa­ción. Aho­ra pri­va el di­ne­ro que se pue­da re­cau­dar. Se quie­re co­lo­car un bar­co de cru­ce­ro co­mo dis­ci­pli­na olím­pi­ca, cu­yo cos­te es­ti­ma­do es de 100.000 eu­ros, pa­ra dar la op­ción a los se­xa­ge­na­rios fo­rra­dos, que nun­ca han lu­cha­do la cla­si­fi­ca­ción pa­ra com­pe­tir en los Jue­gos, a par­ti­ci­par. ¿Qué as­ti­lle­ro cons­trui­rá es­te mo­no­ti­po? Ya es­tá abier­ta la pu­ja, por eso aun no se sa­be que bar­co va a ser el ele­gi­do. De los 100.000, el cin­co o diez por cien­to de ca­da uni­dad irá a pa­rar a la Fe­de­ra­ción In­ter­na­cio­nal. Es­to no lo di­go yo, es voz po­pu­li en los pan­ta­la­nes de la ve­la mun­dial.

Se car­ga­ron el Fl­ying Dutch­man, el Star, el Mis­tral, el Dra­gón, el So­ling, el Elliot... To­do ¿pa­ra qué?, pa­ra cam­biar de as­ti­lle­ro y ga­nar unas pe­rri­llas. ¿Por qué no de­jan co­mo bar­co qui­lla­do al Dra­gón, al So­ling o al Star? Val­dría per­fec­ta­men­te, pe­ro...

Se ce­pi­llan en Finn y de­jan a los de­por­tis­tas con más en­ver­ga­du­ra fue­ra de los Jue­gos, y nos traen el Ki­te­surf, que si que es ver­dad que es es­pec­ta­cu­lar, pe­ro que no va a de­jar de ser una ca­rre­ra de ve­lo­ci­dad con una gran au­sen­cia de tác­ti­ca.

LA WORLD SAI­LING SI­GUE LOS PA­SOS DEL CIO DE­JAN­DO A UN LA­DO EL DE­POR­TE PA­RA AMA­SAR DI­NE­RO

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.