La be­lle­za es­tá en el in­te­rior

La na­tu­ra­le­za es la gran pro­ta­go­nis­ta del paisaje en es­ta co­mu­ni­dad en la que dis­fru­tar de vis­tas de pos­tal es más que ac­ce­si­ble

ABC - Viajar - - Viajar - POR M. GA­JA­TE

es­de la ro­ca ero­sio­na­da por el cur­so del río que for­ma par­te de un ca­ñón de cien­tos de me­tros a la vi­da en for­ma de sa­via que co­rre por ár­bo­les mi­le­na­rios que han si­do tes­ti­gos de tiem­pos de gue­rra y paz. De las al­tas cum­bres a la be­lle­za que ate­so­ra la sim­pli­ci­dad de un va­lle. De los an­da­res de un oso que des­co­no­ce que su ape­lli­do es « en pe­li­gro de ex­tin­ción» al vue­lo de las mi­les de aves que ca­da año pro­ta­go­ni­zan el es­pec­tácu­lo de la mi­gra­ción... La na­tu­ra­le­za en­cuen­tra en Cas­ti­lla y León mil for­mas de ex­pre­sar su gran­de­za.

Más de la mi­tad del te­rri­to­rio de es­ta co­mu­ni­dad au­tó­no­ma es fo­res­tal. En cual­quier pro­vin­cia, en cual­quier di­rec­ción, el GPS es ca­paz de dar sin dificultad con uno de esos en­cla­ves que ya en la le­ja­nía in­vi­tan a per­der­se. La ma­yor ex­pre­sión de es­tos lu­ga­res son los cua­ren­ta pun­tos que con­for­man la Red de Es­pa­cios Na­tu­ra­les de Cas­ti­lla y León, for­ma­do por par­ques, la­gu­nas, va­lles, com­ple­jos kárs­ti­cos, ho­ces, mo­nu­men­tos na­tu­ra­les y re­ser­vas dis­tin­gui­dos por la di­ver­si­dad y la ca­li­dad me­dioam­bien­tal que ate­so­ran dan­do co­bi­jo a una am­plia ga­ma de eco­sis­te­mas.

Los más no­to­rios y tam­bién los más po­pu­la­res son aque­llos que se iden­ti­fi­can por sus gran­des cum­bres. Po­co que­da por de­cir de la Sie­rra de Gua­da­rra­ma (Se­go­via) o Pi­cos de Eu­ro­pa (León), am­bos per­te­ne­cien­tes a la ca­te­go­ría de Par­que Na­cio­nal, o so­bre el co­ra­zón pé­treo de Es­pa­ña que se le­van­ta al sur de Ávi­la, Gre­dos – que es ade­más uno de los me­jo­res pun­tos en los que dis­fru­tar del piorno en flor en es­ta épo­ca–. Es­tos tres son qui­zás los es­pa­cios de es­tas ca­rac­te­rís­ti­cas más co­no­ci­dos, pe­ro que no des­me­re­cen a otras zo­nas de mon­ta­ña co­mo la Sie­rra de la De­man­da (Za­mo­ra), en la que la pre­sen­cia hu­ma­na –en ple­na ar­mo­nía con el me­dio– ha de­ja­do en la zo­na nu­me­ro­sos res­tos y pue­blos car­ga­dos de his­to­ria, ar­te y tra­di­cio­nes; la Mon­ta­ña Pa­len­ti­na y su im­pre­sio­nan­te co­lec­ción de ro­má­ni­co; los Pi­cos de Ur­bión (So­ria), en los que nace el río Due­ro y que con­ser­van en su in­te­rior un interesante con­jun­to de la­gu­nas de ori­gen gla­ciar; el Monte San­tia­go (Bur­gos), con su an­fi­tea­tro ro­co­so, y el es­pec­ta­cu­lar Sal­to del Ner­vión en uno de sus más ais­la­dos y pro­fun­dos re­co­ve­cos; o el Par­que Natural de Ba­bia y Luna (León), del que sur­ge la ex­pre-

Dsión de «es­tar en Ba­bia», por­que era el lu­gar en el que los reyes de León con­se­guían asi­lar­se del mun­do gra­cias al efec­to re­la­jan­te del paisaje.

Sin­gu­la­ri­dad

Ca­da vez, esos mi­ra­do­res de al­ta mon­ta­ña que ha­cen bue­na la foto de cual­quier ama­teur con su mó­vil, es­tán de­jan­do más es­pa­cio en el tu­ris­mo de na­tu­ra­le­za a otros rin­co­nes más sen­ci­llos pe­ro sin­gu­la­res en los que se tra­zan ru­tas pa­ra re­co­rrer sin pri­sas. Es, por ejem­plo, lo que ocu­rre en el Pi­nar de Ho­yo­ca­se­ro (Ávi­la) y en el Sa­bi­nar de Ca­la­ta­ña­zor y las la­de­ras que lle­van al mo­nu­men­to natural de La Fuen­to­na (So­ria).

Ade­más, en­tre tan­tas mon­ta­ñas des­ta­can tam­bién los pai­sa­jes de va­lles, co­mo el de Irue­las, en el lí­mi­te más orien­tal de la Sie­rra de Gre­dos; y de ri­be­ras, que va­rían des­de el en­can­to del si­len­cio­so trans­cu­rrir de ria­chue­los a la ri­que­za de los vi­ñe­dos que pro­te­gen el Due­ro y los per­fi­les es­ca­pa­dos que du­ran­te si­glos per­fi­la­ron los cur­sos flu­via­les en es­pa­cios co­mo los Arri­bes del Due­ro (Sa­la­man­ca y Za­mo­ra), el Ca­ñón de Río Lo­bos (So­ria), La Ye­cla (Bur­gos) y las ho­ces del Du­ra­tón y Riaza (am­bos en la pro­vin­cia de Se­go­via), del Al­to Ebro y Ru­drón ( Bur­gos) y las de Ve­ga­cer­ve­ra (León).

El agua es, ade­más, pro­ta­go­nis­ta de otro ti­po de es­pa­cios. Por un la­do, de pai­sa­jes co­mo el La­go de Sa­na­bria y sus múl­ti­ples po­si­bi­li­da­des lú­di­cas; por otro, de en­cla­ves de ori­gen gla­ciar, co­mo las La­gu­nas de Nei­la (Bur­gos) y la La­gu­na Ne­gra y Cir­cos Gla­cia­res de Ur­bión (So­ria). Ade­más, en torno al li­qui­do ele­men­to des­ta­can en­cla­ves que en los úl­ti­mos años han ido co­bran­do pro­ta­go­nis­mo en cuan­to a que ha cre­ci­do la po­pu­la­ri­dad del avis­ta­mien­to de aves. So­bre­sa­len en es­te as­pec­to las La­gu­nas de Vi­lla­fá­fi­la ( Za­mo­ra), el hu­me­dal de La Na­va y Cam­pos de Pa­len­cia y la Reserva Natural Ri­be­ras de Cas­tro­nu­ño (en la pro­vin­cia de Va­lla­do­lid).

Men­ción es­pe­cial me­re­ce el par­ti­cu­lar paisaje de Las Mé­du­las, en la co­mar­ca leo­ne­sa del Bier­zo, que cum­plió en 2017 su vi­gé­si­mo aniver­sa­rio co­mo de­cla­ra­ción co­mo Pa­tri­mo­nio de la Hu­ma­ni­dad. No en vano fue la mi­na de oro más grande ex­ca­va­da por los ro­ma­nos en to­do su im­pe­rio. www.pa­tri­mo­nio­na­tu­ral.org

MÁS DE LA MI­TAD DEL TE­RRI­TO­RIO DE ES­TA CO­MU­NI­DAD ES FO­RES­TAL

ICAL

La­go de Sa­na­bria

ICAL

Mi­ra­dor de Pan­de­tra­ve, en Pi­cos de Eu­ro­pa

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