El des­tino so­ña­do pa­ra los aman­tes de los links Re­co­rri­dos ori­gi­na­les

El ju­ga­dor se re­ta con la na­tu­ra­le­za en la me­jor reunión mun­dial de cam­pos cos­te­ros

ABC - Viajar - - Golf - POR MI­GUEL ÁN­GEL BAR­BE­RO

Se di­ce que el golf na­ció en Es­co­cia, pe­ro que lue­go se hi­zo ma­yor en Ir­lan­da. La is­la es­me­ral­da cuen­ta con el ma­yor nú­me­ro de cam­pos por ha­bi­tan­te del mun­do y es un au­tén­ti­co pa­raí­so pa­ra los aman­tes de es­te de­por­te. El mo­do en el que se vi­ve y se res­pe­ta, ade­más de los en­tor­nos en los que ocu­pan sus más de 300 re­co­rri­dos de to­do ti­po ha­ce que sea una vi­si­ta obli­ga­da pa­ra cual­quier afi­cio­na­do.

Sin em­bar­go, cuan­do se le quie­re dar una vuel­ta de tuer­ca más al gus­to por el golf, hay que ha­blar de los links. Se tra­ta de aque­llos en­tor­nos cos­te­ros, mol­dea­dos por la na­tu­ra­le­za y ba­ti­dos por el vien­to, en los que la na­tu­ra­le­za es el prin­ci­pal ri­val del de­por­tis­ta. Con­di­cio­na­dos has­ta el ex­tre­mo por las du­ras con­di­cio­nes cli­má­ti­cas, los greens es­tán muy du­ros y tie­nen unas ve­lo­ci­da­des en­dia­bla­das; ade­más, co­mo la ma­yo­ría de las ve­ces no se dis­tin­guen de los an­te­greens, no es di­fí­cil te­ner que pa­tear des­de una cin­cuen­te­na de me­tros de dis­tan­cia. En cuan­to a las ca­lles, son ex­tre­ma­da­men­te on­du­la­das, re­ple­tas de pro­fun­das tram­pas de are­na y, por lo ge­ne­ral, es­tre­chas. Es­to quie­re de­cir que hay que ser muy pre­ci­so con los gol­pes de sa­li­da y los de co­lo­ca­ción, pues en el ca­so de ter­mi­nar en el rough lo más pro­ba­ble es que la bo­la aca­ber hun­di­da en la es­pe­su­ra o per­di­da en los ma­to­jos.

Es­te pa­no­ra­ma, que tien­ta las ca­pa­ci­da-

Ro­yal County Down es­tá con­si­de­ra­do el me­jor links del mun­do

Ro­yal Por­trush so­lo pien­sa en el Bri­tish de 2019

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