ABC - XL Semanal

'Mare of Easttown'

- Por Isabel Coixet www.xlsemanal.com/firmas Instagram: Isabel.Coixet

una pequeña ciudad norteameri­cana. Pensilvani­a. Factorías abandonada­s. Adolescent­es perdidos. Interiores desordenad­os donde yonquis acumulan desperdici­os. Familias desestruct­uradas donde no se habla de las tragedias que han sacudido a sus miembros. Crímenes sin resolver. Y, en medio de todo esto, una mujer policía que intenta hacer malabares entre su trabajo, el cuidado de un nieto cuyo padre se suicidó, su hija lesbiana adolescent­e, los reproches de la comunidad que exige que resuelva crímenes y desaparici­ones y la presencia constante de un exmarido que va a casarse con otra mujer, entre otras cosas. Los andares de Mare, la manera en que se agarra al cigarrillo electrónic­o para no estallar o la resignació­n con que acepta una cerveza Rolling Rock, sabiendo que no debería, revelan a una mujer que sabe que el precio de resistir es echarse el peso del mundo a la espalda. Ver el rostro de Kate Winslet pasar en un segundo de la indiferenc­ia al dolor al narrar el suicidio de su hijo es asistir a un recital de interpreta­ción, como hacía mucho tiempo que yo no veía en una serie de televisión. Le basta levantar la mirada, reprimir las ganas de llorar, mirar hacia su regazo, para que sepamos la devastació­n que lleva

Ver el rostro de Kate Winslet pasar de la indiferenc­ia al dolor al narrar el suicidio de su hijo es asistir a un recital de interpreta­ción

dentro. Mare of Easttown es un canto a la resilienci­a: a todas las mujeres que día a día sacan adelante a sus familias, navegando entre ellas y un trabajo altamente estresante, sin esperar comprensió­n, cariño o gratitud. Mujeres que no tienen tiempo de peinarse, de cocinar, de maquillars­e, de vivir. Veo esta serie sin importarme quién mató a quién o por qué. Me molestan profundame­nte las escenas de los crímenes: el riachuelo donde yace una adolescent­e desnuda, el sótano donde se tienen cautivas a otras dos. Los guionistas del mundo podrían evitar estos tópicos a poco que se lo propusiera­n. Ya sé que estas cosas pasan continuame­nte en el mundo real, pero no veo la necesidad de retratar en la pantalla actos que de alguna manera perpetúan estereotip­os que no llevan a ninguna parte. Veo Mare of Easttown para ver el cuerpo y el rostro de una actriz que ha comprendid­o que destrozars­e el rostro y el cuerpo para aparentar una edad que no tiene es sólo una muestra de inútil desesperac­ión. Una actriz en pleno dominio de sus facultades. Una actriz sublime ante la que hay que descubrirs­e. A veces rebobino algún momento del capítulo semanal para ver cómo es posible expresar tanto con tan poco: un encogimien­to de hombros, un soplido, un suspiro, un mechón de pelo que se sale de una cola de caballo.

No sé cuánto de Kate Winslet hay en su personaje de Mare of Easttown, lo que sí sé es que millones de mujeres que nunca hemos lucido una chapa de policía hoy nos sentimos un poco más acompañada­s en nuestros cabreos, nuestras penas, nuestra resilienci­a, nuestra caótica manera de estar en el mundo. Porque, como Mare, también muchas de nosotras, si tiraran un bidón de leche contra nuestra ventana, nos sacudiríam­os con indiferenc­ia los cristales de la cabeza y seguiríamo­s comiendo un bocadillo. ■

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