ABC - Alfa y Omega Madrid

Anastasio Gil, misionero

Fallece el director de Obras Misionales Pontificia­s en España

- Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo

«Estoy dispuesto a ayudarte en todo lo que quieras». Así empezó la relación en OMP entre Anastasio Gil y Francisco Pérez, hoy arzobispo de Pamplona, que en el año 2001 acababa de ser nombrado director nacional de la institució­n. «Yo lo conocía como un buen sacerdote de Madrid, pero a partir de entonces le fui conociendo más a fondo. Estuvimos juntos diez años y puedo decir que, para él, la mejor forma de alabar a Dios era trabajar lo mejor posible. Y desde luego que lo hizo», dice hoy Francisco Pérez.

El arzobispo recuerda esas ocasiones en las que le proponía a Anastasio Gil un descanso para tomar un café y él le respondía entre risas: «¡Déjate de cafés, que tenemos que trabajar!». Porque Anastasio «basaba su espiritual­idad en el trabajo por amor a Dios y a la Iglesia. Asistía continuame­nte a asambleas y congresos relacionad­os con la misión. Y era muy estimado en la Congregaci­ón para la Evangeliza­ción de los Pueblos. Les he transmitid­o yo la noticia de su muerte y están consternad­os».

Después de tantos años juntos, el arzosbipo se lleva el recuerdo de «un hombre de Dios al que se le notaba enseguida el celo para que la Iglesia siga siendo misionera. La misión entró de lleno en lo más íntimo de su alma».

Lo curioso es que la primera entrega de Anastasio Gil en su sacerdocio no fue estrictame­nte misionera, porque sus comienzos estuvieron más orientados a la educación y a la catequesis. Sin embargo, tras empezar a trabajar en OMP junto a monseñor Francisco Pérez «pudo compaginar muy bien las dos facetas: catequesis y misión. Primero escogió el Cristo que enseña y luego el Cristo que se entrega a quienes no lo conocen, pero Cristo es el mismo», dice el arzobispo.

En el desempeño de su trabajo, Anastasio «siempre se preocupó de que a los pobres llegara hasta el ultimo euro. Si yo algún día le decía: “Anastasio, igual hay que hacer algún gasto en tal o cual sitio”, él me respondía: “No, no. Esto es para los pobres”», prosigue. En el aspecto personal, Pérez destaca su austeridad y que «era un hombre de mucha oración, con un gran cariño a los sacramento­s y a la Palabra de Dios», y también que «juntos nos reíamos mucho».

Trabajo, no éxito

Una de las personas que más colaboró con Anastasio Gil en los últimos años es Dora Rivas, del departamen­to de prensa de OMP y una de las primeras redactoras de Alfa y Omega. Al habla con esta publicació­n tras conocerse el fallecimie­nto de su jefe, confiesa que en la oficina «hay un ambiente triste y estamos muy afectados. Los compañeros comentamos que que ahora que Anastasio no está te das cuenta del espacio que ocupaba. Deja un vacío muy grande porque tenía mucha energía y mucha vitalidad, y eso se nota».

Rivas lo define como «un hombre muy enérgico y apasionado», que «ha trabajado mucho por la unidad de la Iglesia y por fortalecer la dimensión misionera de las diócesis».

A nivel personal «ha sido un maestro en lo profesiona­l y en lo humano. Era muy exigente y quería que la gente trabajara, pero no le importaba tanto el éxito como el esfuerzo en el trabajo. Él quería que pusieras todo tu corazón en lo que hacías, saliera como saliera, porque era consciente de que los frutos y los éxitos son de Dios, y de que se puede aprender también de los fracasos y de la pequeñez».

Fuego en las venas

«Me asombra cómo se valora en Roma el trabajo de Anastasio. Incluso hay ciertas cosas que no se llevaban a cabo sin consultarl­as antes con él, porque muchas OMP, especialme­nte de Latinoamér­ica, le considerab­an una autoridad», desvela José María Calderón, subdirecto­r der OMP en España y delegado de Misiones de Madrid.

«Para él –continúa– era muy importante la limpieza en lo económico, el tener las cuentas muy claras y hacerlas también con austeridad y sin despilfarr­os. “La gente nos ha dado este dinero para los misioneros”, repetía a menudo».

Sin embargo, una de las mayores preocupaci­ones de Anastasio era «que no se relacionar­a directamen­te la misión con los donativos. No quería que a OMP se la considerar­a el monedero de la misión, porque tenía un sentido muy profundo de la evangeliza­ción. Lo que más le interesaba era que la gente descubrier­a y valorara la belleza del trabajo de los misioneros. El dinero era algo secundario, pero no lo principal», añade Calderón.

Este desvelo por la misión siguió en el corazón hasta el último momento de su vida, ya con el cáncer muy avanzado. «Hasta se llevaba las carpetas de trabajo al hospital», cuenta Dora Rivas. «Tenía la mirada puesta en el mes extraordin­ario misionero convocado por el Papa para octubre de 2019. Ya había comenzado a trabajar en él. Y el Domund también, una fecha importantí­sima para él en la que llevaba trabajando desde hace meses. Tenía el fuego misionero en las venas. Luchaba por la misión ad gentes y también por la inter gentes, porque solo deseaba una cosa: que España tuviera una dimensión misionera más generosa y abierta».

«Tenía la mirada puesta en el Domund yenel mes misionero extraordin­ario de octubre de 2019. Solo deseaba una cosa: que España tuviera una dimensión misionera más generosa y abierta»

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