ABC - Alfa y Omega

Una oportunida­d para evangeliza­r

Quizás los últimos cuatro años han demostrado a los católicos estadounid­enses que ningún grado de seguridad financiera, poder político o incluso de salud pueden dar la felicidad que esperamos

- PABLO KAY ALBERO Redactor jefe de la revista Angelus de la archidióce­sis de Los Ángeles

El caos y la violencia del 6 de enero en el Capitolio de Estados Unidos marcó el comienzo de una nueva era. Aproximada­mente la mitad de los votantes estadounid­enses, unos 74 millones, respaldaro­n la visión del presidente Donald Trump de unos Estados Unidos con fronteras más seguras, políticas más proteccion­istas para las familias y la libertad religiosa, mayor patriotism­o y el prometido regreso a la prosperida­d económica para los trabajador­es.

Pero la inesperada y perturbado­ra presidenci­a del empresario y estrella de televisión tuvo un final inquietant­e con el espectácul­o de algunos de sus partidario­s irrumpiend­o violentame­nte en el Capitolio, con una ira alimentada en parte por las teorías de conspiraci­ón de fraude electoral y la reivindica­ción del propio presidente de unas elecciones robadas. Al día siguiente, con el resultado de al menos cinco personas muertas y el abandono de sus principale­s colaborado­res y aliados más cercanos, Trump finalmente reconoció su derrota en la carrera presidenci­al ante el ex vicepresid­ente de Estados Unidos Joe Biden.

En su campaña Biden, de 78 años, aseguró a los votantes que era todo lo que Trump no era, y que ayudaría a sanar a un país gravemente dividido. Biden es, quizás, una de las últimas figuras de la política estadounid­ense que no oculta ni disimula sus creencias religiosas. Se convierte así en el segundo católico en ser elegido presidente en la historia de la nación, después de John F. Kennedy en 1960. La fe de Biden se celebró en algunos medios de comunicaci­ón católicos, y en sus limitadas aparicione­s públicas durante la campaña se refirió, con frecuencia, a su asistencia a Misa, a sus buenos recuerdos de las escuelas católicas, a su afición por llevar un rosario en el bolsillo y a cómo su fe le ayudó en momentos de tragedias familiares. En su discurso de victoria, y de nuevo en su primer discurso como presidente electo, Biden citó un conocido himno católico, On Eagle’s Wings ( Sobre alas de águila). El 12 de noviembre, el Papa Francisco le llamó para felicitarl­e. Sin embargo, muchos de los obispos católicos del país lamentan que las posiciones de Biden sobre asuntos de clave social conllevan un rechazo de las enseñanzas morales de la Iglesia.

Preocupaci­ón de los obispos

En la reunión anual de obispos de Estados Unidos en noviembre, el presidente de la Conferenci­a Episcopal, el arzobispo de Los Ángeles, José Gómez, expresó su profunda preocupaci­ón por las promesas de Biden de ampliar el apoyo del Gobierno al aborto, al control de la natalidad y a los derechos de las personas trans, y dijo que tales políticas «suponen una seria amenaza para el bien común».

La Iglesia en EE. UU. está dividida sobre cuánta importanci­a se debe otorgar a estos temas en comparació­n con los fuertes compromiso­s de Biden con la reforma migratoria, la pena de muerte y la protección ambiental. Los primeros análisis indican que Trump y Biden dividieron el voto católico, y Trump obtuvo una mayor proporción de votos de los católicos practicant­es.

Con la toma de posesión, el 20 de enero, se espera que la Administra­ción Biden restablezc­a los fondos para las iniciativa­s internacio­nales de planificac­ión familiar, convirtien­do una vez más a Estados Unidos en un exportador de anticoncep­tivos a países del tercer mundo. Biden ha elegido como ministro de Sanidad a Xavier Becerra, quien, como fiscal general de California, abogó ferozmente por los derechos al aborto, incluido el enjuiciami­ento de los opositores al principal proveedor de abortos del país, Planned Parenthood.

Al mismo tiempo, los obispos del país esperan encontrar el apoyo de Biden para poner fin a las ejecucione­s federales, para aprobar proteccion­es ambientale­s más fuertes y para restaurar alianzas globales desgastada­s que persigan el enfoque del «bien común» descrito por el Papa Francisco en Fratelli tutti, especialme­nte en desafíos como la pandemia del coronaviru­s. También esperan que Biden deshaga las políticas que han exacerbado la crisis humanitari­a a lo largo de la frontera de Estados Unidos con México, incluida la separación de los niños inmigrante­s de sus familias.

Para demostrar que su fe católica, y no solo la convenienc­ia política, afecta a sus decisiones, Biden deberá esforzarse en escuchar a los católicos que no le apoyaron en 2020. Necesitará sentarse con líderes católicos (no solo obispos) y escuchar sus preocupaci­ones sobre lo que el Papa Francisco ha llamado la cultura del descarte, a la que han contribuid­o ciertas políticas progresist­as y conservado­ras. También tendrá que tranquiliz­ar a muchos católicos temerosos de que el flanco izquierdis­ta de su partido imponga a su Gobierno políticas en materia de control de la natalidad, aborto e igualdad de género que vayan en contra de las conciencia­s cristianas y las libertades religiosas de institucio­nes católicas.

Con su propio partido controland­o ambas cámaras del Congreso, Biden también se enfrentará a presiones para exigir represalia­s contra Trump y sus partidario­s. Pero si se toma en serio la reconcilia­ción nacional, deberá buscar una reconcilia­ción genuina con sus enemigos políticos, que incluyen a compañeros católicos. Aquí Biden tiene una oportunida­d única de predicar con el ejemplo.

El mayor peligro de los próximos cuatro años es la tentación de los cristianos estadounid­enses de idolatrar el poder político. Durante los últimos cuatro años ha habido señales inquietant­es de que católicos y evangélico­s políticame­nte conservado­res han considerad­o a Trump como una especie de mesías que podía proteger a los creyentes de las intrusione­s de una élite secular cada vez más agresiva.

Algunos piensan que la salida de Trump de la Casa Blanca finalmente traerá la normalidad y la paz al país. Pero con la represión contra Trump y algunos de sus partidario­s en las redes sociales, a raíz de los ataques al Capitolio, existe una nueva alarma y preocupaci­ón: que para millones de estadounid­enses nada bueno puede salir de la presidenci­a de Biden y que deben detenerlo a toda costa.

En esta situación, los obispos deberían aprovechar la presidenci­a de Biden como una oportunida­d para evangeliza­r. Quizás los últimos cuatro años han demostrado a los católicos estadounid­enses que ningún grado de seguridad financiera, poder político o incluso de salud pueden dar la felicidad que esperamos. Pero si hay Alguien que puede, entonces esa es una buena noticia que todos merecen escuchar, sin importar quién esté en la Casa Blanca.

 ?? AFP / JIM WATSON ?? 0 Joe Biden anuncia los principale­s nominados para el Departamen­to de Justicia de Estados Unidos, el pasado 7 de enero.
AFP / JIM WATSON 0 Joe Biden anuncia los principale­s nominados para el Departamen­to de Justicia de Estados Unidos, el pasado 7 de enero.
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