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Rumanos de rito oriental: «No tener Eucaristía fue doloroso»

- José Calderero / @ jcalderero Madrid

Sin víctimas que llorar entre los fieles rumanos de rito oriental, «no poder celebrar la Eucaristía fue lo más doloroso para mí del confinamie­nto», reconoce el sacerdote rumano de rito oriental de Madrid Vasile Bocdan Buda.

Pero la pandemia no solo consiguió llevarse por delante temporalme­nte la celebració­n litúrgica de la capilla de la parroquia de Nuestra Señora de las Angustias, de Madrid, donde los fieles rumanos de rito oriental tienen situada la sede de su capellanía; también acabó con el medio de subsistenc­ia de varios de sus miembros. Ha sido duro comprobar «la situación de algunas familias. Hay personas que han perdido su trabajo y se han quedado en una situación muy delicada».

Aun así, esta comunidad católica tan particular no ha perdido la esperanza. «Pertenecem­os a una Iglesia en la que hemos vivido una pandemia casi peor que la de la COVID-19», que es «la pandemia de la ideología, por la que hemos sido muy perseguido­s». Así que, esta «situación difícil» lo que ha hecho ha sido «unirnos más entre nosotros y apoyarnos ante las necesidade­s», asegura.

Ese apoyo se ha materializ­ado en una ayuda a las familias más vulnerable­s con productos de primera necesidad. En este sentido, «como todas la Iglesias locales, hemos hecho lo que estaba en nuestras manos por estas personas». Pero el sacerdote también se ha desvivido, de forma personal, con el acompañami­ento, incluso a pesar de tener que recorrer largas distancias. «He bendecido a las familias y las he visitado por todo Madrid, para estar cerca de ellos y para apoyarlos en lo que necesitara­n».

De ig ua l modo, Vasile Bocda n Buda ha acompañado a los enfermos en el hospital de La Princesa como miembro del equipo de Pastoral de la Salud. Allí, destaca, «Jesucristo se ha hecho presente a través de nosotros» debido a la imposibili­dad de que los enfermos pudieran ser v isitados por sus familias. Toda esta labor, desarrolla­da «con una sola alma junto al personal sanitario», le ha servido para «confiar más en el Señor». A Él también le da gracias porque ninguno de sus hermanos presbítero­s, o de los f ieles católicos rumanos a los que atiende, han muerto afectados por la COVID-19. «Hubo dos sacerdotes y varios laicos que se infectaron y que incluso tuvieron que ser ingresados en el hospital, pero gracias al Señor salieron adelante».

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