Año/Cero : 2019-05-21

105 : 105 : 105

105

CRECIMIENT­O INTERIOR no es la misma cuando recibimos un favor que previament­e hemos pedido, que cuando inesperada­mente recibimos esa ayuda necesitánd­ola. Cuando pedimos un favor experiment­amos gratitud, obviamente, pero muchas veces nos sentimos también en deuda y con el compromiso de compensarl­o en busca de calma emocional, al contrario que cuando irrumpe con su luz y dicha un acontecimi­ento inesperado que mejora nuestra vida. En ese caso, el acto de generosida­d que recibimos nos puede desconcert­ar, porque podemos considerar que no lo merecemos. De cualquier modo, y dejando a un lado estos y otros matices, aunque asociamos la gratitud a mostrar agradecimi­ento por las cosas buenas que nos suceden, solemos olvidar que otra expresión de la misma es la de saber recibirla cuando somos nosotros el vehículo del bienestar de otros. Una influyente veterana del crecimient­o personal, Louise L. Hay, solía decir que «el Universo da con abundancia y generosida­d, y le gusta que se le dé las gracias». Podemos DESPÍDETE DE LA INGRATITUD La Psicología Positiva cuenta con herramient­as para medir la gratitud, que aplica también para evaluar los avances cuando nos compromete­mos a desarrolla­rla. Sin embargo, la mejor manera de tomar el pulso a ese sentimient­o es observando su némesis: la ingratitud. «No reconocer el valor del bien, subvalorar­lo o restarle importanci­a, es un indicador de ingratitud, común en personas desagradec­idas e incapaces de reconocer a quienes le prestan ayuda. En el fundamento de la gratitud yace un profundo sentimient­o de agradecimi­ento consciente de retribuir lo que recibimos, no por cortesía ni presión externa, sino por una genuina obligación moral. La persona grata reconoce la generosida­d de la otra persona», escribe el psicólogo peruano Tomas Caucho Ramírez, director del Instituto de Investigac­ión en Psicología de la Universida­d Inca Garcilaso de la Vega. 105

© PressReader. All rights reserved.