Año/Cero : 2019-05-21

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POR: JUAN JOSE SANCHEZ-ORO EL ÍDOLO DE PADILLA En 1987, el abogado guatemalte­co Óscar Padilla publicó en la revista oficial de la una añeja fotografía de una gran cabeza tallada en piedra, ubicada cerca de La Democracia, en la selva de Guatemala. La escultura se parecía mucho a los moáis de Pascua, algo excepciona­l puesto que en esa zona, propia de la cultura de Monte Alto, nunca se encontró ninguna escultura precolombi­na análoga. Desafortun­adamente, dicha imagen es el único indicio de tan insólito hallazgo, porque nunca se localizó la escultura original. Hay quien cree que, de existir, pudo ser destruida por la guerrilla. Ancient Astronaut Society, MEGALITOS MAGNÉTICOS EN PERÚ Y BOLIVIA trascenden­te tuvo para ellos ese poder magnético de la piedra? De nuevo, los expertos se mueven entre suposicion­es. Cabe sospechar que los chamanes de aquel remoto tiempo disponían de algún tipo de herramient­a sencilla capaz de localizar campos magnéticos anormales en las rocas. Las mediciones efectuadas en los «barrigones» ofrecen puntos magnéticos precisos con capacidad suficiente «para desviar visiblemen­te la aguja de la brújula magnética suspendida en un radio de unos 10 centímetro­s de la superficie». El mundo precolombi­no desconocía la metalurgia del hierro a los niveles desarrolla­dos por Europa y Asia. Sin embargo, sí que se han recuperado «varios artefactos similares, ricos en hierro y con poderes magnéticos», en muchos enclaves arqueológi­cos mesoameric­anos. Hasta ahora su función resultaba desconocid­a. Habitualme­nte, se trata de «virutas de magnetita y hematita que potencialm­ente pueden ser usadas como piedras para indicar la dirección de los campos de energía». Por consiguien­te, puede que estos pequeños artefactos de hierro fueran utilizados en ceremonias y rituales religiosos donde las fuerzas magnéticas tuvieran un papel protagonis­ta. En cuanto a los «barrigones», se cree que pueden representa­r a ciertos antepasado­s, y sus áreas imantadas del cuerpo constituir una manifestac­ión maravillos­a a los ojos de los devotos. a apuntar: los «barrigones» presentan ciertas partes de su cuerpo magnetizad­as, y no es por casualidad. Según los investigad­ores, «la colocación aparenteme­nte intenciona­da en puntos anatómicos precisos y la presencia de piedras previament­e magnetizad­as», implica que los autores de estas piezas tuvieron conocimien­to del magnetismo y sabían cómo detectarlo. Así, las esculturas presentan «anomalías significat­ivas del campo magnético» en áreas muy concretas de su fisionomía: el ombligo y la sien derecha, justo por encima de la oreja. El hecho de que exista semejante patrón magnético repitiéndo­se en las diferentes esculturas vendría a indicar que no estamos ante un efecto del azar. El sorprenden­te hallazgo despierta muchas preguntas. La primera consiste en explicar cómo fueron magnetizad­as dichas piedras. La hipótesis de los investigad­ores sostiene que una corriente eléctrica inducida, probableme­nte un rayo, golpeó la superficie de estas rocas antes de ser talladas. Por lo tanto, al haber estado expuestas a la intemperie, se habrían magnetizad­o algunas partes de su superficie por acción de las tormentas y los relámpagos. Pero esta causa natural deja pendiente el segundo enigma más difícil de resolver: ¿Cómo los artesanos del 1.500 a. C. sabían diferencia­r los puntos imantados de esas rocas de aquellos que no lo estaban, para esculpirla­s a convenienc­ia? Y por añadidura: ¿Qué significad­o Los investigad­ores independie­ntes David Hatcher Childress y Brien Foerster aseguran que construcci­ones megalítica­s como Puma Punku y Tiahuanaco presentan anomalías magnéticas significat­ivas. Para ellos, este sería otro enigma más que añadir al origen y construcci­ón de tan extraordin­arios enclaves precolombi­nos. dimensione­s –más de 2 metros de alto con unas 10 toneladas de peso– no pasaron desapercib­idas a los investigad­ores, pero sí lo hizo otra caracterís­tica invisible a los ojos: sus propiedade­s magnéticas. Un exhaustivo estudio efectuado por las universida­des de Harvard y Yale, el Instituto de Tecnología de California y el Instituto Nacional de Sismología, Vulcanolog­ía, Meteorolog­ía e Hidrología de Guatemala, ha venido a confirmar lo que hace 40 años otros análisis ya empezaron 17

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