Año/Cero : 2019-05-21

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LEONARDO EL HEREJE Un buen número de investigad­ores defienden la relación de Leonardo con grupos de herejes que criticaban la opulencia y corrupción de la Iglesia de san Pedro. Este pensamient­o habría condenado a la hoguera a quienes así lo manifestas­en. Pero es que hay cuadros donde Leonardo parece plasmarlo. Quizás el más llamativo sea Si lo analizamos, veremos que es una de las obras más extrañas de Leonardo. Lo empezó a pintar en 1483 por encargo de los franciscan­os de Milán, que no eran consciente­s del escándalo que se iba a formar apenas tres años después, porque lo que en un principio debía de ser un homenaje a la inmaculada concepción de la Virgen, se había convertido en algo enigmático, casi pagano… Leonardo no pintó un pasaje contenido en los Evangelios oficiales, sino en los Apócrifos, textos no reconocido­s por la Iglesia descubiert­os en 1945 en el desierto egipcio de Nag Hammadi y que contaban una realidad de la vida de Jesús muy distinta a la oficial. Pero, ¿cómo tuvo acceso Leonardo a esa informació­n? En la escena están la Virgen, el arcángel Uriel, Jesús y san Juan de niños, reunidos en una cueva durante su huida a Egipto. Ninguno tiene halo de santidad y el arcángel señala a Juan, el que según los textos gnósticos ha de guiar la Iglesia pobre de Jesús. Además, en tiempos recientes y gracias a técnicas de investigac­ión de microscopi­a, se ha descubiert­o la presencia de un perro en la obra. Los expertos lo han identifica­do como una crítica a los defensores de la fe, los –Dominicos–, los perseguido­res de todo aquello que oliese a herejía. Pero, ¿por qué? ¿Acaso él estaba de acuerdo con algunas de éstas? Finalmente fue obligado a repetirlo, ahora sí, con los atributos propios de las pinturas religiosas… La Virgen de las Rocas. EL «ENIGMA GIOCONDA» Sea como fuere, las nuevas tecnología­s están permitiend­o saber más – o quién sabe si cada vez menos– de la figura de este hombre al que se ha tachado de hereje, de espía, de ocultar claves en sus obras… Hace unos meses, a comienzos de 2019, la de Londres, es decir, la colección real privada que se encuentra en el castillo de Windsord, anunciaba que en un dibujo del sistema cardiovasc­ular y de los órganos internos de una mujer, se había hallado una huella digital, segurament­e hecha a conciencia por el mismísimo Leonardo. Como digo es habitual que en sus obras aparezcan este tipo de elementos ocultos. Por eso, el estudio de otras huellas ha servido para determinar que el pintor tenía al menos el 30% de genética árabe. ¿Cómo es posible? La respuesta, en este caso sólo tiene una vía: su madre Caterina, una mujer que a su vez podría estar vinculada y ser la clave para comprender la obra más destacada y misteriosa de Leonardo Da Vinci… Analizada durante siglos, codiciada por las familias más poderosas de la historia, interpreta­da hasta la saciedad… Sobre ella se han formulado todo tipo de hipótesis y, aún así, continúa siendo un delicioso enigma. Lo cierto es que su presencia ha fascinado a lo largo de los siglos. Tanto que, por ejemplo, en 1800 el mismísimo Napoleón Bonaparte ordenó que fuera trasladada desde el Museo del Louvre, donde había sido colocada en 1797, para que adornara su habitación en el palacio de las Tullerías; tanto como para que en 1911 fuera robada por Vincenzo Peruggia, un ex trabajador del Louvre, alegando que debía regresar a Italia; tanto como para que en pleno siglo XXI se siga analizando con minuciosid­ad, intentando sonsacar una respuesta a la sonrisa más enigmática del planeta. Pero, ¿quién se esconde detrás de Mona Lisa? ¿Hay argumentos para defender que era su madre? ¿Puede ser Royal Collection Trust Domini Canis 19

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