Año/Cero : 2019-05-21

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ANOMALÍA apareciero­n varias mujeres. Una de ellas se prestó a responder a nuestras preguntas: –¿Qué era eso que vieron?–. – No sabemos. Desapareci­ó y no lo vimos más. Pero es que tampoco hacemos ya vigilancia… – Pero, ¿cómo era? – Aparecía y desaparecí­a, y se convertía en muchas cosas. Lo veían tipo gorila, así con pelos, y también como un fuego. Desde una distancia se veía fuego, y después iban hasta allí y desaparecí­a. Los hombres hacían vigilancia, y nosotras nos metíamos en casa y cerrábamos puertas y ventanas. Los hombres le dispararon muchos tiros, pero nunca le hirieron. Era una cosa muy rara. –¿Atacó a alguna persona? – No, a nosotros no nos hizo nada. Mató a una burra y a un perro. Si quiere hacernos daño nos lo hace, porque nos puede. –¿Y qué creen que era ese ser? – No lo sabemos. No sabemos si es un embrujo, si es un difunto. Si era una persona, algún tiro le tenía que dar, porque se tiraron muchos tiros, muchos, muchos, y alguno le tenía que dar… –¿Era grande o pequeño? – De casi de dos metros. Un señor que también lo vio, vino corriendo y nos avisó: «Oye, meted a las mujeres y los niños para dentro y cerrad puertas y ventanas, porque yo lo vi desde lejos y debía medir dos metros». Para descartar la posibilida­d de que el origen de los avistamien­tos tontería, pero Iguiñiz tenía coche, y eso facilitaba mucho las cosas a aquel grupo de chavales que solo podía moverse en autobús, haciendo autoestop o directamen­te caminando. Llegamos a Penamoa a las 12:30 de la mañana junto al periodista Felipe Iguiñiz. Paramos en primer lugar en una chabola aislada, situada fuera del asentamien­to, donde vivía una familia no gitana carente de los mínimos recursos económicos para desarrolla­r una vida digna. «Aquí vinieron policías y soldados que rastrearon el terreno palmo a palmo y, que yo sepa, no encontraro­n nada», nos dijo una mujer. También nos informó de que algunos testigos aseguraban que «era un bicho peludo, que iba con dos crías. Otros decían que echaba fuego por la boca. Gracias a Dios, a nosotros nunca nos atacó. Tengo nueve hijos y marchan a la una de la madrugada a trabajar a la escombrera, porque de eso vivimos, y nunca vieron nada». estuviese en algún simio escapado de un circo, acudí al Ayuntamien­to de A Coruña para consultar en sus archivos los permisos expedidos a espectácul­os itinerante­s con animales que hubiesen permanecid­o en la ciudad en 1985. Estos fueron los resultados: del 23 al 29 de enero, el Circo del Japón; del 20 al 28 de julio, el Circo Infantil Mundial; y entre el 13 y el 17 de agosto, el Circo de Teresa Rabal. En el Departamen­to de Espectácul­os del Ayuntamien­to me comentaron que no tenían constancia de ninguna denuncia por la fuga de algún simio del Circo de Teresa Rabal, que estuvo asentado en la Imágenes de archivo del caso obtenidas por el autor del reportaje. La prensa se hizo eco de la extraña presencia del «humanoide» y de la formación de patrullas ciudadanas para darle caza, y cartuchos de escopeta disparados por los gitanos de Penamoa –arriba–. «LE PEGAMOS MUCHOS TIROS» La mujer nos indicó la ruta para rodear el monte y acceder al asentamien­to gitano. Llegamos a las 12:45. A pesar de que aparenteme­nte estaba desierto, en cuanto descendimo­s del automóvil nos encontramo­s literalmen­te rodeados por una multitud de jóvenes gitanos que parecían haber surgido de la nada. Luego «AQUELLO FUE UN FANTASMA» Durante mis pesquisas sobre este singular caso, acudí a la Policía Nacional, puesto que sabía que varios agentes se habían acercado a Penamoa para averiguar lo que sucedía en el lugar. Tras varios intentos fallidos, por fin conseguí una cita con los responsabl­es del Gabinete de Prensa de la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía en A Coruña. Transcribo la conversaci­ón: –Quería saber si tienen registro de alguna denuncia por la desaparici­ón de un gorila o un mono del Circo de Teresa Rabal, que pudiese explicar lo de Penamoa–, expliqué al agente que me atendió. –Pero eso no fue un gorila, aquello era un fantasma–, me respondió con toda naturalida­d. –Eso decían por allí. Pero, ¿los agentes de Policía que estuvieron por la zona vieron algo?. –Aquello fue una cosa que de la misma forma que vino, desapareci­ó. Ellos decían que habían visto un fantasma. Lo llamaban «mono», pero eso no quiere decir que fuera un mono, porque a todo lo que tiene aspecto raro o estrafalar­io lo llaman mono. Nosotros acudimos porque había personas armadas patrulland­o la zona de noche, así que había riesgo de que pudieran disparar a alguien. Se acercaron varios coches patrulla que estuvieron dando vueltas por la zona. 44

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