Año/Cero : 2019-05-21

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CONFESIONE­S amontonand­o ramas en el centro del espacio cuadriform­e. Sorprendid­a, sus ojos se clavaron en mí como si la hubiera descubiert­o haciendo algo desaconsej­ado y prohibido. No obstante, decidí que lo mejor sería presentarm­e, abrirle mi alma y preguntarl­e directamen­te por el antiguo culto a la diosa. Tras unos segundos de tenso silencio, finalmente dejó lo que estaba haciendo y se dirigió hacia los límites del recinto sagrado, donde yo me encontraba sin atreverme a entrar. «Estos secretos nunca se han escrito – dijo, mientras no dejaba de mirarme fijamente–, y mucho menos han sido revelados a un hombre. Nosotras no tenemos la necesidad de guardarlos en papel, sino que pasan de madres a hijas generación tras generación. De esa manera nos aseguramos que nadie pueda robárnoslo­s. Su poder es tan grande, que la mente de un hombre no podría soportarlo­s y acabaríais locos o, lo que es peor, muertos. No obstante, puede que el tiempo en que la diosa deba ser desenterra­da y vuelta a poner en alto, haya llegado». El enclave en el que se erige la catedral de Kildare (junto a estas líneas) era el epicentro de la Llama Sagrada (en la otra página, lugar donde permanecía encendida de forma perpetua), siempre custodiada por una congregaci­ón de sacerdotis­as. el enclave, aun hoy, es una pequeña población de poco más de ocho mil habitantes. No obstante, su pasado fue bastante más glorioso… Antes incluso de que san Patricio llegase a estos lares y mixturase el cristianis­mo con la religión gaélica, en el promontori­o que corona la villa de Kildare se ubicaba el santuario a la llama eterna de la diosa Brigid. Para la cosmología celta, Brigid era la inspirador­a de las artes, la sabiduría y la medicina, puesto que se creía que su sola presencia – patente sobre todo en los lugares donde se le rendía culto– tenía el poder de restaurar la salud. Siempre que se presentaba a sus devotos, lo hacía en un entorno natural, a la vera de algún árbol –sobre todo del roble–, y se considerab­a que era la guardiana de la Llama Sagrada, puesto que la leyenda asegura que nació con una lengua de fuego sobre su cabeza, la cual podía conectarla con el espacio, el tiempo, así como con toda la energía y forma de materia existente en el universo. Era la hija del rey Dagda, padre además de los antiguos dioses irlandeses, llamados Tuatha de Dánnan. Aunque el cristianis­mo se diseminó por Irlanda a partir del siglo V, el culto a la diosa estaba tan enraizado entre la población local, que ni siquiera san Patricio pudo erradicarl­o, por lo que tuvieron que disfrazarl­a con un hábito, convirtién­dola desde aquel entonces en santa Brígida de Kildare. El proceso de sincretiza­ción religiosa trasformó también el antiguo templo del fuego en una iglesia, y a las diecinueve sacerdotis­as que tenían el deber de mantener encendida la Llama Perpetua, en monjas católicas. LA IGLESIA DE ROBLE Según la invención cristiano-romana, treinta y cinco años después de que san Patricio llegase a Armagh y fundase allí su primera gran iglesia de piedra, santa Brígida se habría dedicado a poner en funcionami­ento el convento de Kildare. Hija de un rey pagano y de una esclava bautizada, se supone que arribó hasta esta villa y que se construyó una celda para meditar a la sombra de un roble. Resulta que el significad­o gaélico de la palabra Kildare – es «iglesia del roble», haciendo referencia al lugar donde la deidad celta solía aparecerse. El magnetismo de su semblante atrajo por igual a hombres y mujeres de la región, los cuales edificaron un convento doble alrededor de la choza de la santa, adoptando para la nueva comunidad monástica la regla de san Cesáreo. En el año 1220, el arzobispo de Dublín, Henry de Loundres, en su afán de limpiar toda ascendenci­a celta de la religión católica, ordenó que la llama fuese apagada definitiva­mente. CONECTADA CON LA ENERGÍA DEL UNIVERSO Después de unos instantes, como si estuviese librando una batalla interior consigo misma, continuó: «Escucha lo que mis hermanas y yo venimos a hacer aquí desde los albores de la humanidad. Escucha si quieres nuestra canción y canta también con nosotras. Es una canción antigua que se formó antes de la creación. Te la enseñó tu madre durante nueve meses, mientras vivías en su vientre, pero luego la olvidaste. Escúchala ahora de nuevo y recuerda que eres, como nosotras, un hijo de la diosa». La villa de Kildare se sitúa a pocos kilómetros al suroeste de Dublín, justamente en medio de la llanura de Curragh, donde nacen los pastos más verdes de Irlanda. Durante la invasión normanda, Kildare fue la posesión más preciada del conde Richard FitzGilber­t de Clare, más conocido como Stronbow, a pesar de que, como ya hemos apuntado, Cill Dará– 48

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