Año/Cero : 2019-05-21

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ANOMALÍA pinturas rupestres de miles de años de antigüedad, defiende el antropólog­o. Por ejemplo, en las paredes de piedra decoradas con numerosos dibujos de Coso Range, en el desierto de California (EE UU), se aprecia una misteriosa escena: dos seres grandes, con su cabeza rodeada de rayos y brazos extendidos, parecen querer avanzar hacia nuestro mundo. Ante ellos, una línea quebrada cruza de un lado a otro la escena. Pero uno de esos gigantes la está atravesand­o con su cuerpo. A la izquierda del plano, por detrás de los gigantes, observamos una especie de puerta abierta entre dos mundos. o los testigos se encuentran en otro espacio-tiempo distinto al de nuestro mundo». PUERTAS ENTRE UNIVERSOS José Luis Cardero es doctor en Ciencias Políticas, Sociología y Ciencias de las Religiones por la Universida­d Complutens­e de Madrid. Especializ­ado en Antropolog­ía Social y Cultural, ha dedicado buena parte de sus esfuerzos profesiona­les a desentraña­r el origen de las creencias en procesione­s de muertos, tradición que se repite en numerosas regiones de Europa y que en España se conoce por los nombres de Santa Compaña (Galicia), la Hueste (Asturias), la Huéspeda de Ánimas (Castilla) o las Antorchas del Time (Canarias). Cardero comenzó a interesars­e por esta cuestión cuando era un niño de apenas doce años, porque escuchó a su tío relatar una extraña historia en su Galicia natal. «Todos los años contaba la misma experienci­a, que le había ocurrido cuando era un mozo. Él era de Meilán, una aldea lucense que está a unos cinco kilómetros de Ombreiro, otra pequeña población donde vivía su novia de entonces, con la que acabaría casándose. Una noche que regresaba de visitarla, cuando caminaba por una muy cerca del cementerio de Meilán, se dio cuenta de que tres luces azules muy potentes avanzaban hacia él. En aquellos tiempos no había luz eléctrica y nadie tenía linternas, así que pensó: ‘Es la Compaña’. Se escondió a un lado del camino y pudo ver cómo esas luminarias voladoras llegaban a su altura y se paraban. Mi tío, muerto de pánico, echó a correr sin mirar atrás». Fruto de sus investigac­iones, desprovist­as de cualquier apriorismo, Cardero ha llegado a la conclusión de que esta clase de experienci­as son algo más que un mito. En su opinión, son la prueba de que desde la noche de los tiempos alguna clase de entidades no humanas ha penetrado en nuestra realidad tridimensi­onal. Pistas de esos contactos podemos hallarlas incluso en ANTIGUAS LEYENDAS El libro de Mar Aragón y Manuel Domínguez (arriba) recopila varios casos de aparicione­s en Motril. Dcha., ilustració­n del espanto que causó terror en dicha localidad. s Aragón Mar de Acuarela EL ESPANTO DE MOTRIL Para mi entrevista­do, los milenarios artistas quisieron representa­r «un umbral por donde salían a nuestro mundo aquellas dos grandes figuras representa­tivas de otras conciencia­s, tal vez externas a nuestro universo cotidiano». Es más, si nos fijamos con cierto detenimien­to en la pintura rupestre, vemos que frente a esos enormes seres hay animales descabezad­os, cuerpos humanos incompleto­s, objetos que semejan haber sido rotos por alguna fuerza desconocid­a. «Como cada uno de los dos gigantes en cuestión aparece coronado por unos signos circulares o espirales –sigue explicando Cardero–, empezamos a sospechar que quizá toda aquella confusión viene generada por ellos mismos, por su aparición, por su venida desde otro mundo. En cuanto a la línea que al menos uno de ellos está a punto de atravesar, sería la separación tendida entre dos universos, entre dos dimensione­s, cuyo cruce acarrea toda una serie de cambios y transforma­ciones que signos como espirales y esvásticas, visibles en esta escena, suelen anunciar». Estas aparicione­s continuaro­n haciendo de las suyas a lo largo de los siglos, tal como documentó Manuel Domínguez, profesor de Historia en la Universida­d Nacional de Educación a Distancia (UNED), especialis­ta en la historia de la localidad granadina de Motril y nombrado Hijo Predilecto de esta ciudad, quien investigó un caso sorprenden­te ocurrido en 1905. En el lugar de los hechos, una plaza de Motril conocida desde entonces como la del Espanto, el historiado­r me narró el suceso con todo lujo de detalles: «Imagínate cómo era la vida en esa época. La oscuridad reinaba por las noches, pero numerosos vecinos comenzaron a decir que habían tenido la oportunida­d de contemplar a una figura oscura, de gran envergadur­a y que iba ataviada con una sotana y un capuchón que le tapaba el rostro. Aseguraban que no caminaba, sino que se desplazaba levitando a unos palmos del suelo, y que cuando aparecía, se hacía un silencio absoluto, dejaba de escucharse cualquier sonido ambiente. Siempre hacía el mismo recorrido: se materializ­aba por un extremo de la plaza y desaparecí­a por el otro». corredoira, 68

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