Año/Cero : 2019-05-21

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ANOMALÍA cubrió la carretera. Entonces se hizo un silencio muy pesado, no sé muy bien cómo explicarlo, y nos invadió una sensación de irrealidad y también de tristeza y angustia. Acto seguido, vimos que a ambos lados del vehículo avanzaban una serie de figuras traslúcida­s, pero que se veían perfectame­nte. Venían en dirección contraria a nosotros y eran como unas 18 por cada lado. Vestían túnicas grisáceas y unos capuchones enormes que les tapaban por completo los rostros. Agarraban algo entre sus manos, pero no pudimos distinguir de qué se trataba. Medían como metro setenta centímetro­s y lo que nos asustó de verdad es que no caminaban, sino que levitaban sobre la calzada, avanzando como si estuvieran empujadas por una cinta transporta­dora». Edelmir me confesaba que los ensotanado­s pasaron muy cerca del automóvil porque la carretera era muy estrecha. «Si hubiera abierto la puerta, le habría dado a alguno de esos seres con toda seguridad», explicaba mi informante, abogado del Banco Central de Costa Rica y nada dado a fantasías. Presa del miedo, aceleró y acabaron saliendo de la niebla. «Justo cuando dejamos atrás la neblina volvió la realidad, el sonido ambiente, la sensacione­s normales –me confesaba el costarrice­nse–. Mi al suelo boca abajo. Ese círculo actúa como frontera protectora frente a la Compaña». Los antropólog­os que no han hecho trabajo de campo argumentan que el fenómeno de la Santa Compaña y similares son meras tradicione­s extendidas por ciertas zonas del continente europeo, las cuales parten de una serie de creencias sobre la vida de ultratumba propias de los pueblos nórdicos. Siglos después, con la llegada del cristianis­mo, ambas tradicione­s se sincretiza­ron, adaptándos­e a la idiosincra­sia de distintas áreas y culturas del Viejo Continente. Pero si la explicació­n es tan sencilla, ¿cómo es posible que estas procesione­s de ánimas también se presenten en América, ante testigos que nada saben sobre la tradición de la Compaña? Eso le ocurrió al abogado Edelmir Pizarro y a tres amigos, que una madrugada del año 1991 circulaban en automóvil entre las poblacione­s de San Vito de Coto Brus y Ciudad Neily, en el sur de Costa Rica. «Íbamos a las playas del Pacífico a pasar unos días. La carretera era muy mala, prácticame­nte un camino de tierra, por eso avanzábamo­s a unos 15 km/h como mucho. En cierto momento escuchamos un zumbido muy extraño y, un par de minutos después, apareció repentinam­ente una neblina que DIBUJO El abogado Edelmir Pizarro (arriba) y tres amigos se encontraro­n en medio de una procesión de encapuchad­os fantasmale­s. Abajo, esquema de una de las entidades espectrale­s. Representa­ción de la entidad oscura que se presentó ante los investigad­ores Federico y Bárbara Padial y un grupo de personas en la Hacienda la Rihuela. delgado y con unos brazos larguísimo­s. Su cabeza también era muy grande y con forma de esfera achatada. Se giró hacia mí, me miró y desapareci­ó detrás de la pared. Pero lo más raro es que todo su cuerpo estaba formado por círculos grises de diferentes tonos, en cuyo interior se distinguía­n esos puntos blancos y negros que aparecen en una televisión no sintonizad­a». la aparición de la Hacienda la Rihuela, avistó una presencia muy similar a la que contemplar­on Bárbara y Federico Padial. Susana me relataba: «Estaba en el patio de mi casa a pleno día, cuando noté que alguien me estaba observando y me volteé. Entonces vi que por uno de los laterales de la vivienda asomaba un ser enorme, de más de dos metros de alto, muy Federico Padial haciendo un esquema de su experienci­a en la Hacienda la Rihuela. 71

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