Año/Cero : 2019-05-21

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REPORTAJE «CAMINABA SOBRE EL MAR» El veterano ufólogo Andrés Gómez Serrano me contó en cierta ocasión un interesant­e incidente ocurrido en Algeciras: «Esto sucedió un verano, a finales de la década de los ochenta. El testigo no recuerda la fecha exacta, pero lo que no olvidará jamás fue el susto que se llevó aquella noche, eso seguro. Tenía un chiringuit­o en la playa de Getares. Era tarde y ya no quedaba nadie en el lugar. Estaba cerrando el puesto cuando lo vio venir del agua, de la parte de la orilla. Me dijo que era un ser enorme, muy alto, y vestía un traje muy raro de color negro. Lo más extraño de todo era que venía caminando sobre el agua, aunque no movía sus pies, sino que más bien se desplazaba como deslizándo­se hacia adelante. No pudo ver detalles de su cara. El traje le pareció como una túnica, pero algo ajustada, pues se le marcaban perfectame­nte las piernas. Le entró un miedo de muerte y salió corriendo, dejando allí sillas y mesas. Fíjate el susto que tendría, que subió por el medio del campo hacia un cuartel de la Guardia Civil que estaba próximo, para dar cuenta de lo que había visto. Cuando los agentes consiguier­on calmarlo, lo acompañaro­n a la playa, pero no vieron nada. El gigante había desparecid­o». en un bosque situado en Roche (Chiclana) que se encuentra colindando con la playa de Caños de Meca, varios jóvenes vivieron una situación angustiosa. Mientras jugaban en el interior del bosque, escucharon unos extraños ruidos y un fuerte viento azotó los arbustos violentame­nte. Entonces observaron, frente a ellos, a una figura estilizada y muy alta. Javier Gala, uno de los testigos, me explicó que el siniestro individuo «era bastante alto, delgado, tenía largos brazos y parecía una sombra de color morado y marrón que cambiaba de tonalidad. Lo vimos desplazars­e de un lugar para otro, parecía que corría». Durante el tiempo que duró el avistamien­to se hizo un silencio sepulcral en el campo, circunstan­cia común en infinidad de casos de encuentros cercanos con OVNIs y/o humanoides. Todos los jóvenes huyeron del lugar. No muy lejos de esta zona, unas extrañas entidades volvieron a hacer acto de presencia. Luis S., orilla para evitar que la subida de la marea nos mojara, y nos quedamos dormidos». A la mañana siguiente, a la hora del desayuno, su padre le relató una extraña experienci­a que había vivido durante la madrugada. «Al despertars­e, vio a través de la lona transparen­te de la tienda, dos siluetas que lo observaban en completo silencio. No recuerda o no pudo distinguir sus facciones, pero estaban muy cerca de la puerta de la tienda, parados e inmóviles». Los extraños humanoides vestían de blanco y, según Francisco, su padre contempló a otros seres similares más alejados de los primeros. «Estaban en la orilla del mar, andando de un lugar para otro, como buscando algo por la playa». El hombre tuvo la impresión de que aquellos visitantes nocturnos querían decirle algo, pero no se produjo ningún tipo de comunicaci­ón. Casi en esas mismas fechas, el 28 de septiembre de 1989, y no a demasiada distancia de allí, pegados al cuerpo. El testigo reaccionó con inusitada tranquilid­ad, pese a que el humanoide se dirigió a él. «¿Hay fábricas de pescado?», preguntó. «No, eso está en el pueblo», respondió Esteban. «Chico, pero ¿tú eres de por aquí?», replicó el humanoide. Tras un rato en silencio, Esteban regresó a casa. Tras atravesar el umbral de la puerta, le entró un pánico atroz. HUMANOIDE DE EL TEJAR «CAMBIABA DE COLOR» El siguiente suceso en nuestro periplo por las costas gaditanas nos lleva a Caños de Meca, en Barbate (Cádiz). Según los protagonis­tas, tuvo lugar en el verano de 1989 o 1990. Aunque vecinos de Huelva, un matrimonio y sus dos hijos habían decidido disfrutar de unos días de acampada en la playa de Caños de Meca. Francisco, uno de los hijos, me relató lo siguiente: «Sería el mes de julio o agosto y mis padres tendrían entonces unos 40 años. Montamos la tienda a cierta distancia de la 80

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