Año/Cero : 2019-05-21

81 : 81 : 81

81

REPORTAJE «Vestían con unos monos no excesivame­nte ajustados de color gris perla, pero no eran metalizado­s, no brillaban. Sus cabezas eran muy extrañas, algo más grandes que las nuestras. Estaban totalmente calvos y tenían unos enormes ojos negros rasgados, inexpresiv­os. Su nariz era muy pequeña, y la barbilla, por el contrario, muy pronunciad­a, y tenían una piel grisácea, muy pálida. Llevaban una especie de capa corta por detrás y también botas. Nos pareció que no nos vieron. Pasaron por delante de nosotros y se perdieron en la lejanía. Calculo que toda la escena duró apenas dos minutos». Los dos humanoides realizaron una trayectori­a paralela a la línea de playa y en ningún momento variaron de velocidad ni de movimiento­s. Tampoco giraron la cabeza. Luis recuerda que, a pesar de lo ocurrido, decidieron quedarse en la zona. Al poco tiempo, su amigo Ramón, que se mostraba muy nervioso y asustado, se quedó «inexplicab­lemente» dormido. Por el contrario, Luis no pudo conciliar el sueño. Horas más tarde, entre el cabo Roche y un faro cercano, mi informante vio en el cielo, a baja altura, una extraña luz amarilla que destacaba entre las luces de los pesqueros que faenaban en las proximidad­es. Tras aumentar su potencia durante unos segundos, la luminaria se fue desvanecie­ndo poco a poco hasta desaparece­r. Minutos más tarde, Luis se durmió y tuvo una terrorífic­a «pesadilla»: «Estábamos en la playa y apareciero­n de nuevo los seres, pero esta vez eran siete u ocho. Nos cogieron a mi amigo y a mí y nos separaron. Me llevaron a una extraña habitación que tenía el mismo color de la luz que había visto antes en la playa. Cuando me desperté, comprobé que solo había dormido unos 15 minutos. No pude conciliar el sueño en el resto de la noche». Por alguna razón que desconozco, parece que playas y lugares de costa son propensas a encuentros con lo desconocid­o, con entidades de otras coordenada­s espacio-temporales. Junto a estas líneas, esquema del enorme humanoide que un grupo de amigos pudo contemplar en la playa de Regla, en Chipiona. En la otra página, mapa de los encuentros con extraños seres en el litoral de Cádiz, y Juan L., testigo que observó en la playa de Regla a seis «monjes voladores». medían unos 2,20 Eran delgados, metros, se movían totalmente sincroniza­dos y, cuando pasaron a se hizo el silencio nuestro lado, del horizonte se acercaban dos personas. Pensamos que estarían haciendo pero cuando pasaron cerca de nosotros, vimos que no eran individuos normales. Todo quedó en silencio de repente. Las gaviotas que escuchábam­os hasta hacía un momento, dejaron de hacer ruido. Era muy extraño, todo estaba en el más absoluto silencio, y esos dos seres se nos acercaron a menos de diez o dice metros». de 29 años y abogado de profesión, me narró su experienci­a a lo largo de una amistosa charla que mantuvimos en una céntrica cafetería de la capital gaditana: «Junto a unos amigos, estaba recorriend­o la costa de Cádiz. Visitamos varias playas y dormimos en algunas de ellas. El viernes 4 de septiembre de 1992 acabamos en Conil tan solo un amigo y yo. En aquellas fechas se celebraba la feria en la ciudad, y tras pasar un rato allí, decidimos irnos a dormir a la playa porque estábamos bastante cansados. Sobre las 22 o 22:15 horas, bajamos por la playa de los Bateles y decidimos alejarnos hacia la izquierda, para evitar el bullicio de la gente de la feria, que estaba a pocos metros de allí y que podía molestarno­s a lo largo de la noche. Cruzamos el río y, tras caminar unos 200 metros, nos quedamos en la playa del Palmar. Estuvimos cenando tranquilam­ente y a eso de las 00:30 horas decimos acostarnos. De pronto, vimos que por la línea footing, UN ENCUENTRO DE PESADILLA Según Luis S., «eran delgados, de unos 2´20 metros de altura, y ambos iban increíblem­ente sincroniza­dos en el movimiento. Movían las piernas y los brazos a la vez. Parecía que no tocaban el suelo, pero tampoco lo puedo asegurar. Iban corriendo a la velocidad de una persona en bicicleta, no muy deprisa pero tampoco a un paso normal». Mi informante se mostró convencido de que no se trataba de seres humanos: 81

© PressReader. All rights reserved.