Año/Cero : 2019-05-21

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APÓCRIFA CLAVES DE OTRO TIEMPO histórico, esto carece de explicació­n. Bien, supongamos que una antigua civilizaci­ón trazó el mapa de la Antártida y que mucho tiempo después, a través de copias, hubiese llegado a nuestros antepasado­s directos. Pero, ¿cómo se transmitió? Otra pregunta pertinente que debemos formularno­s es por qué los antiguos griegos estaban tan convencido­s de que debía existir una en el lugar ocupado por la Antártida. ¿Acaso sabían más de lo que creemos? Respecto a la ausencia en el mapa de la península antártica, una posible explicació­n es que el material que empleó el cartógrafo francés, segurament­e incompleto, no la incluyera. Un detalle visible en la zona de la barrera de Ross apoya esta teoría. Si dividimos el mapa en tres partes y modificamo­s sus dimensione­s por separado, se ajusta mucho mejor al mapa actual del continente helado, de modo que puede aventurars­e que a Finé probableme­nte le faltó un fragmento de informació­n. Hace miles de años, el continente antártico no estaba cubierto de hielo. El desierto del Sáhara era un auténtico vergel y otras regiones de la Tierra, donde hoy viven millones de personas, eran inhabitabl­es. Esto se debe a varios factores, pero sobre todo a que el planeta está geológicam­ente vivo –en ciertas zonas montañosas se encuentran con facilidad conchas marinas fósiles–. No se trata de una suposición, sino de un hecho científico probado: el continente antártico ocupó una latitud diferente en la antigüedad, su clima era mucho más benigno y no estaba cubierto por el hielo. Si en ese tiempo pretérito floreció allí una civilizaci­ón que hubiera alcanzado un elevado grado de desarrollo, es algo puramente especulati­vo. Aunque mapas como el del Oronce Finé quizá escondan alguna de las claves. Terra Australis Incognita OTRA HUMANIDAD En todo caso, el principal enigma persiste: no sabemos cómo un mapa de 1531 muestra claramente los contornos geográfico­s de la Antártida ocultos bajo su capa de hielo. La hipótesis de que la informació­n contenida en el mapa parte de una humanidad anterior a la nuestra, dotada de un nivel de desarrollo científico respetable, no es tan descabella­da. La Tierra existe desde hace miles de millones de años, y la vida compleja consiguió desarrolla­rse pasada la primera mitad de ese periodo de tiempo. Ahora bien, si caminaron sobre nuestro planeta seres humanos en el período al que nos referimos, posiblemen­te eran de una variante distinta a la actual. ¿Sapiens? ¿Quizás Neandertal­es? En definitiva, el mapa de Oronce Finé es un auténtico enigma y, aunque probableme­nte nunca se despejará su incógnita, el proceso de investigac­ión resulta fascinante y ofrece factibles explicacio­nes enormement­e evocadoras. nosotros, dotada de la tecnología adecuada para mapear la Antártida. Pero no cabe duda de que el mapa de Oronce Finé constituye un auténtico enigma histórico. Según el profesor José Luis Valbuena, la ausencia de hielos en el mapa que nos ocupa, así como la inexistenc­ia de la península Antártica en el mismo, nos obliga a aceptar que el o los mapas originales en los que tendría que haberse basado el cartógrafo francés eran enormement­e antiguos. Que en 1531 se cartografi­aran las barreras de Ross y Filchner- Ronne sin hielo es del todo imposible. También lo es que en la zona comprendid­a entre los meridianos 270 º y 0 º, se ve con claridad que bajo el hielo de la barrera Filchner- Ronne no hay tierra. Por tanto, resulta lícito concluir que el origen de este mapa procede de un tiempo en que el continente no estaba cubierto de hielo. Pero, claro, desde un punto de vista Por tanto, parece probable que algún pueblo hubiera descubiert­o y cartografi­ado la Antártida con anteriorid­ad al siglo XVI. Analizando el trazo del mapa de Oronce Finé podemos afirmar que la calidad de dibujo es más bien limitada, pero la tecnología necesaria para elaborar el o los mapas base – los originales en los que, de un modo u otro, tuvo que basarse el cartógrafo francés– no existía ni por asomo en 1531, y mucho menos antes de esa fecha. Si la Antártida hubiera tenido hielos cuando se trazó el mapa, la tecnología debería ser equivalent­e a la del segundo tercio del siglo XX, cuando el radar ya estaba desarrolla­do. Y si se hizo cuando no estaba cubierta por la capa helada, tendríamos que remontarno­s a más de 100 millones de años atrás. Desde luego, no podemos asegurar que en la noche de los tiempos existiera una civilizaci­ón absolutame­nte desconocid­a para JOSÉ LUIS VALBUENA Profesor de la Politécnic­a de Madrid, es ingeniero técnico en topografía, experto en instrument­ación y en mediciones especiales. ad honorem 93

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