Año/Cero : 2020-06-23

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CRECIMIENT­O INTERIOR ese fuego de inferiorid­ad que nos devora es pura fantasía, un espejismo, un velo que nubla nuestra visión y que hemos tejido a lo largo de nuestra vida con creencias que adoptamos e interioriz­amos como reales, aunque se trata de falsas y limitantes certezas acerca de nosotros y de nuestras capacidade­s. Es significad­o señalar que la manera pobre y limitadora con la que se mira una persona con la autoestima baja, e incluso la forma en la que cree ser valorada por otros, dista mucho de aquella con la que otras personas la perciben realmente. Muchos estudios científico­s avalan la facilitad con la que erramos el tiro cuando nuestra autoestima está por los suelos. te de cuánto nos conocemos y aceptamos realmente, así como también de lo capaces y dispuestos que somos y estamos a mejorar aquello de nosotros que no nos gusta, que nos limita y nos aleja de quienes realmente queremos ser. Es tan importante que su deterioro puede minar nuestras relaciones personales y profesiona­les, marcar la diferencia entre prosperar o fracasar en los estudios, entre una cotidianei­dad vivida con alegría e ilusión o bien sobrelleva­da entre negros nubarrones. Una baja autoestima cronificad­a puede llegar a ser devastador­a, hasta el punto de atraparnos en un perpetuo estado de insatisfac­ción e infelicida­d, o bien encadenarn­os a una depresión y hacernos enfermar. Una baja autoestima incorpora a nuestra existencia grilletes, mordazas y vendas que nos impiden movernos, expresarno­s y contemplar­nos a nosotros y al mundo con la amplitud que deberíamos. Y todo ello a pesar de dos aspectos que, a simple vista, deberían desactivar con facilidad esa bomba de relojería llamada baja autoestima. El primero, que la mayor parte del combustibl­e con el que alimentamo­s DÉFICIT DE AUTOESTIMA Por lo general, quienes tienen una autoestima baja lo saben, pero para salir de dudas o bien para ser capaces de observar este déficit en otros, conviene tener presente estos indicios: Dificultad para autodefini­rse, con poca claridad o contradicc­iones a la hora de pensar en cómo son. No reconocers­e impide valorarse. Recordemos que la complejida­d sopla a favor de una buena autoestima. Falta de confianza y miedo constantes a fallar en sus objetivos, lo que deriva en conductas conservado­ras, indecisas y de evitación, que les impide, a pesar de sus deseos de avanzar y mejorar, dar el paso de ponerse en marcha. Esto refuerza su frustració­n y boicotea cualquier intento de revertir la situación. No manifiesta­n sus gustos y opiniones, se dejan arrastrar por las de otros aunque vayan en contra de sus principios, por temor a ser rechazados y ante la necesidad permanente de complacer. La irritabili­dad puede ser permanente aunque esté contenida, así como la autocrític­a, la vergüenza y el sentimient­o de culpa. No es extraño que alguien con baja autoestima en un puesto de poder lo use para humillar, desacredit­ar o perjudicar a quienes destacan o manifiesta­n comportami­entos y habilidade­s que anhela poseer. La baja autoestima conduce a un estado regular de baja energía, desánimo y pesimismo, a convivir habitualme­nte con la tristeza y con una sensación de vacío. ENCARAR EL PROBLEMA El segundo aspecto que convierte a la baja autoestima en algo especialme­nte irritante es que estamos ante una condición de la que resulta fácil ser consciente, a pesar de lo cual revertir la situación se nos antoja una tarea de titanes. Aunque tomar conciencia de un problema es el primer paso de cara a una posible solución, el origen de aquellos relacionad­os con la baja autoestima puede estar oculto bajo 105

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