Año/Cero : 2020-06-23

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POR: DAVID CUEVAS dijeron que venían de bañarse y que iban a la Alpujarra. Yo les dije que por esa zona no había lugar en el que bañarse, pero ellos insistiero­n. Eran chicos jóvenes con los brazos largos y muy finos. Me preguntaro­n si había tenido algún accidente cuando me había pasado lo del camión». Intrigados, Ramón y yo animamos al bueno de José para que continuase su historia: «Al rato, paré a tomar algo. Quise invitarlos, pero no quisieron y se marcharon. El caso es que al retomar la marcha, decidí desviarme por un camino que nunca había visto antes. Había muchas retamas, con la tierra roja. No pasaba ni un puñetero coche y el silencio era absoluto. Estuve por allí unos quince minutos o media hora, y cuando quise darme cuenta, estaba entre varios coches en una carretera y ya había pasado Albacete. Había recorrido 120 kilómetros… ¡en treinta minutos! Y no cómo pudo ocurrir eso». El sobrino de José, con quien me entrevisté meses después en Torrevieja, me matizó que su tío siempre le contaba que los seres eran muy raros, que hablaban sin mover la boca y que le recomendar­on ir por un camino concreto. Desconozco si el protagonis­ta obvió esos detalles por desconfian­za o porque no los recordaba. las localidade­s de Alburquerq­ue (Badajoz) y Valencia de Alcántara (Cáceres). Era una tarde de tormenta, con bastantes nubes. Algunas de ellas brillaban de manera un tanto peculiar. Al cabo de un rato, se me empezó a hacer muy largo el camino. A pesar de que es una carretera muy transitada, no me crucé con ningún otro coche, y tampoco se escuchaban pájaros ni ningún otro sonido del ambiente. Entonces, en un cambio de rasante, a la altura del Matadero Municipal, a unos tres kilómetros de Valencia de Alcántara, me fijé en que en la carretera había algo que brillaba muchísimo. Era un ser de un metro o metro y medio. Hice algunas fotos con el móvil y lo esquivé». A mi informante también le llamó la atención que en el cielo destacaba una nube con una forma muy extraña. Lo sorprenden­te es que al regresar a Alburquerq­ue horas después, la carretera seguía desierta y ese pesado silencio impregnaba el entorno. «Al llegar al hotel vi las fotos que había tomado, en las que se distingue ese ser bajito que estaba en la carretera. Parece que está algo inclinado, con una cabeza muy grande, y esa extraña nube en lo alto. Luego hablé con personas de Valencia de Alcántara a las que les había ocurrido algo parecido». mente la misma cara que cuando falleció un año más tarde». Le pedí a Fernando que me describies­e con mayor detalle su visión: «No veía todo el ataúd, solo la parte superior, que quedaba a mi derecha en el asiento del copiloto y en cuyo interior podía contemplar la cabeza de mi hijo. Esto duraba apenas unos segundos. Y así durante un año, hasta que me hijo falleció». José Bazán durante la entrevista que concedió al autor del reportaje. A la derecha, Fernando Herradura, que fotografió un OVNI y un humanoide en una carretera (en la otra página). «FOTOGRAFIÉ AL HUMANOIDE» Al preguntarl­e cómo reaccionab­a ante tales visiones, Fernando me explicó lo siguiente: «Cuando me pasaba aquello, que como te digo sucedió varias veces, al llegar a casa por la mañana llamaba a mi hijo porque necesitaba escucharle para saber que estaba bien. Él se extrañaba, pero yo disimulaba. Nunca le conté lo que me estaba ocurriendo. Tiempo después pasó lo que pasó. He llorado muchas veces. Solo le conté esto a mi mujer, a nadie más. No sé si le habrá pasado algo parecido a alguien en alguna ocasión. Aquello, sinceramen­te, no creo que tenga explicació­n». Finalizamo­s este breve reportaje con el caso de Fernando Herradura, que el 24 de octubre de 2012 protagoniz­ó una experienci­a en carretera que jamás olvidará. «Recuerdo que eran las 18:47 horas y circulaba entre PREMONICIÓ­N DE MUERTE Fernando López Navas sufrió un duro revés en la vida, pues el 23 de enero de 2010 perdió a un hijo a causa de un accidente. «Tenía 24 años cuando lo atropelló un coche», comentaba mi informante. Pero lo extraño es que un año antes de la muerte del muchacho, Fernando, que es camionero de profesión, solía escuchar un potente golpe a su derecha mientras estaba al volante. «Cuando miraba hacia ese lado –me explicaba–, se me presentaba junto a la palanca de cambios la figura de un ataúd con mi hijo dentro. Llevaba una especie de babero blanco en el cuello y tenía exacta- 19

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