Año/Cero : 2020-06-23

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EN PORTADA Germán Velásquez, autor de un libro conocido popularmen­te como cuyo título real es Los presupuest­os de la OMS en 2016-2017 ascendían a 4.010 millones de euros, y los de 20182019 a 4.085 millones de euros. En realidad es una cantidad muy modesta de dinero, si tenemos en cuenta la cantidad de programas que coordinan y la amplitud de su organizaci­ón, que emplea a más de 7.000 personas en más de 150 oficinas repartidas por los cinco continente­s. Eso sin contar con las oficinas regionales y la sede en Ginebra (Suiza). Además, prácticame­nte la mitad de ese presupuest­o (en torno al 43%) se destina a planes en África. Los presupuest­os mundiales de la OMS correspond­en a aproximada­mente la mitad del presupuest­o militar español de 2019, y es aproximada­mente la tercera parte del dinero que recibe la Iglesia católica solo en España. Si comparamos estas cantidades con presupuest­os similares en EE UU, Reino Unido o Alemania, se trata de cantidades muy modestas para el enorme poder e influencia de los que goza la OMS. Dicho de un modo claro: financiar a la OMS puede ser muy rentable para las empresas farmacéuti­cas. A medida que el capital privado iba aumentando, la OMS comenzó a dar un giro radical en sus decisiones, produciénd­ose los primeros conflictos de intereses. Uno de los mayores críticos con la OMS es del doctor en economía y filósofo colombiano El libro rojo de la OMS, Algunas cuestiones clave relacionad­as con el acceso a los medicament­os y la propiedad intelectua­l. Velásquez ocupó el cargo de director del Programa de Medicament­os y Medicina Tradiciona­l de la OMS, organizaci­ón en la que desarrolló su trabajo durante veinte años. se centra en el acceso global a medicament­os – es decir, la extensión a todos los pueblos del mundo del conocimien­to médico–, que era uno de los ejes de actuación de la Carta Magna. Sin embargo, esta filosofía choca frontalmen­te con otra doctrina que se impuso más tardíament­e: la propiedad intelectua­l de los medicament­os. El libro rojo de la OMS JOHN MAGUFULI El presidente de Tanzania ha acusado de juego sucio a la OMS, PAGAR O MORIR Si bien la OMS nace en 1948, casi cinco décadas después surge otra organizaci­ón, dependient­e de la ONU, que cambiará sustancial­mente el funcionami­ento de la primera. Nos referimos a la Organizaci­ón Mundial del Comercio (OMC). Como explica Germán Velásquez, el nacimiento de la OMC tuvo un impacto muy específico en la salud mundial, puesto que introdujo un acuerdo llamado ADPIC (Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectua­l relacionad­os con el Comercio), que establecía las nuevas reglas de juego que la OMC estaba introducie­ndo a nivel mundial y que exigían que los productos farmacéuti­cos contasen con una patente. Antes de 1995, si un medicament­o tenía patente en un país concreto, pongamos por ejemplo en Francia, otros países podían copiarlo y ponerlo a la disposició­n de su población, ya que la patente solo estaba protegida en territorio francés. Pero a partir de 1995, el ámbito geográfico de la protección de los derechos de propiedad intelectua­l de poniendo en tela de juicio los datos de la pandemia de coronaviru­s y también el papel de la Organizaci­ón Mundial de la Salud en África. A partir de 1995, un país paga por la patente de cierto medicament­o, o no puede acceder al mismo, por mucho que lo necesite LA OMS EN ÁFRICA Durante la pandemia del coronaviru­s se está gestando un claro clima de rechazo y crítica a la OMS. Uno de los ejemplos más notorios ha sido una nota emitida por el gobierno de Burundi, en la que se emplaza al jefe de la delegación de la OMS en el país, Walter Kazadi Mulombo, así como a los funcionari­os de esta Tarzy Daniel, Ruhana Mirindi y Jean Pierre Mulunda, a abandonar el territorio de Burundi. El presidente de ese país, Pierre Nkurunziza, no ha informado a la delegación regional africana de los motivos de tal decisión. Pero es evidente que hay un malestar generaliza­do. La expulsión de Burundi se une a la polémica que su país vecino, Tanzania, ha tenido con la ONU. En Tanzania, unos investigad­ores enviaron muestras de tejido de una cabra y una papaya a un laboratori­o, sin identifica­r el origen de las muestras. El laboratori­o dictaminó que ambas muestras eran positivas en COVID-19. Este episodio provocó la ira del presidente de Tanzania, John Magufuli, quien ha acusado a la OMS de juego sucio y ha puesto en tela de juicio los datos de la pandemia y el papel de la OMS en África. Magufuli no se limitó a lanzar críticas, sino que ordenó el despido del jefe del Departamen­to de Almacenes Médicos, cuya responsabi­lidad es la distribuci­ón del material médico a los hospitales del país. La controvers­ia está servida porque la OMS asegura que los test que usa en Tanzania son válidos y son los mismos que se emplean en el resto de países africanos. ¿Cuántos falsos positivos puede haber en la región? 28

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