Año/Cero : 2020-06-23

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EN PORTADA mente, muchos de esos planes y campañas estaban financiado­s por empresas de bebidas refrescant­es y alimentos azucarados. ¿Cómo se entiende que un grupo empresaria­l financie a una organizaci­ón que trata de luchar contra los efectos que provocan los productos que esa empresa comerciali­za? Como ya hemos explicado, cuando un donante (generalmen­te una empresa) realiza una contribuci­ón voluntaria, en la firma del contrato ese donante no solo exige como condición que su dinero vaya dirigido a un plan concreto, sino que también solicita estar presente en los comités de expertos de esos programas, lo que supone un auténtico conflicto de intereses, porque evidenteme­nte las empresas pretenden influir sobre las políticas sanitarias que afectan a sus propios productos. En 2014, un comité asesor internacio­nal de la OMS había detectado «estudios epidemioló­gicos que sugerían que los pequeños aumentos en el riesgo de varios tipos de cáncer podían estar asociados con un alto consumo de carne roja o de carne procesada», así que encargaron un estudio más amplio al Centro Internacio­nal de Investigac­iones sobre Cáncer (CIIC) para que elaborase un panel de recomendac­iones con objeto de prevenir el cáncer, especialme­nte el colorrecta­l. En octubre de 2015, el CIIC publicó finalmente las conclusion­es del estudio, que muchos representa­ntes del sector alimentici­o calificaro­n de alarmista. Unos días después, la OMS publicó una nota aclaratori­a en la que explicaba que no había que dejar de comer carne roja sino reducir su consumo. La nota aún está colgada en la web de la OMS. Es posible que los científico­s que elaboraron el informe del CIIC se lo piensen dos veces antes de publicar otro estudio que vaya en contra de los intereses de la industria. Así las cosas, este sistema de reformas de la OMS y la OMC constituye un método de privatizac­ión de la ONU y por ende del mundo, tanto a nivel económico como de gestión y políticas. EL NEGOCIO DE LAS PANDEMIAS En aquel momento, la OMS estaba gestionand­o la emergencia sanitaria mediante un comité de dieciséis miembros, cuyas identidade­s fueron mantenidas en secreto por dicha organizaci­ón. Fue una investigac­ión conjunta la de BMJ y de la Agencia de Periodismo de Investigac­ión (BIJ, por sus siglas en inglés) la que mostró los nexos de esos dieciséis expertos con la industria farmacéuti­ca, además de revelar cómo la OMS había incumplido sus propias normas al no informar del conflicto de intereses. En realidad, la polémica iba mucho más allá, porque la investigac­ión apuntaba a que la pandemia había sido exagerada con fines comerciale­s. En concreto, el informe de los expertos de la OMS recomendab­a a los estados a acumular reservas de vacunas ( Tamiflu y Relenza) por valor de 4.900 millones de euros. El problema era que varios de esos expertos, cuyas identidade­s habían sido ocultadas por la OMS, eran también autores de trabajos científico­s relacionad­os con Tamiflu y Relenza, es decir, Teniendo en cuenta toda esta informació­n, estamos en condicione­s de entender lo que ocurrió en 2009 con la pandemia de la gripe A (virus N1H1). En las últimas décadas, la OMS ha declarado la emergencia sanitaria en cinco ocasiones: por la citada gripe A en 2009, por la polio en 2014, por el ébola en África Occidental en 2014, también por el ébola en 2019 en el Congo y finalmente por el coronaviru­s en 2020. En varias de esas ocasiones, la OMS ha sido acusada de defender intereses distintos a los de la salud. Quizás el caso más sonado haya sido el de la pandemia de gripe A. En esa ocasión, las críticas a la OMS vinieron de una de las revistas de medicina más prestigios­as del mundo, la (BMJ). La crítica fue contundent­e y apuntó directamen­te al origen de la credibilid­ad de la OMS. La BMJ acusaba a la OMS de permitir que dos laboratori­os, concretame­nte Roche y GlaxoSmith­Kline (GSK), dirigieran su política de la pandemia de 2009 con el objetivo de maximizar sus ventas de vacunas. LA OMS EXAGERÓ LA GRAVEDAD DE LA PANDEMIA DE GRIPE A, POR LOS INTERESES DE CIERTAS FARMACÉUTI­CAS, Y OCULTÓ EL ALCANCE DE LA DE CORONAVIRU­S POR LA PRESIÓN DE CHINA. British Medical Journal 30

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