Año/Cero : 2020-06-23

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Fue AÑO/CERO... DESDE PROVINCIAS una buena noticia para todos los que, como yo, éramos de provincias. Hasta que llegó AÑO/ CERO, solo teníamos dos plataforma­s para dar a conocer nuestros trabajos: desde 1989 y – con sus idas y venidas– desde 1972. Hubo más, pero fueron efímeras. Por supuesto, también teníamos los fanzines. Humildes publicacio­nes austeras fotocopiad­as en blanco y negro, como de Iker Jiménez y Lorenzo Fernández; de Josep Guijarro y Javier Sierra, o de Bruno Cardeñosa y Javier García Blanco, entre otros. Todos ellos vinculados antes o después a AÑO/ CERO. Pero para los de provincias, ver nuestros trabajos a todo color, en glamuroso papel couché, era un lujo añadido. Mi propio fanzine, nació casi a la vez, en 1992. Y es el único supervivie­nte de aquella edad de oro que todavía continúa publicándo­se casi 30 años después. Yo empecé a colaborar en AÑO/CERO desde el principio. En su número dos destacaba en portada: donde Gabriel Carrión y yo resumíamos nuestras primeras investigac­iones en el satanismo español. Aquel extenso reportaje, publicado en AÑO/CERO en 1990, se convirtió en el referente sobre el tema de la recién fundada Comisión Parlamenta­ria para el Estudio de las Sectas, liderada por Pilar Salarrulla­na. Y en mi salvocondu­cto para convertirm­e en colaborado­r de la revista. En 1990 no teníamos Internet. Ni redes sociales. Ni teléfonos móviles. No podíamos buscar pistas en o Y la única manera de generar contenidos que ofrecer a la revista era echarse a las carreteras. Buscar a los testigos. Fotografia­r personalme­nte los lugares. Los de aquella generación aprendimos a esperar. Y no solo porque no existía la fotografía digital, y hasta que revelábamo­s los carretes no estábamos seguros de tener la imagen apropiada para ilustrar el reportaje. Mis primeros artículos en AÑO/CERO fueron redactados en máquina de escribir. E ilustrados con fotografía­s en papel. Solo años después nos pedirían que nos pasásemos a la diapositiv­a – para mejorar la calidad gráfica de la revista– y que enviásemos los textos en aquellos primitivos para facilitar el trabajo en la redacción. Hoy, aquel ritual sagrado de embalar cuidadosam­ente el y las diapositiv­as con la última investigac­ión, antes de acudir a la oficina de correos para enviar el reportaje a Madrid por servicio urgente, es difícil de imaginar. Después llegaba la segunda espera. Dos o tres días antes de que sonase el teléfono y Javier Sierra, Eduardo Fernández, Silvia Nieto, Lucrecia Pérsico, Luis García La Cruz o el mismísimo Enrique de Vicente te confirmase el ok a la publicació­n, o te consultase algún párrafo del texto. Y por fin la tercera espera. La más angustiosa. Cuando te confirmaba­n que el reportaje ya estaba impreso, tocaba aguardar al cartero, que debía depositar Por Manuel Carballal Más Allá, Karma7 La Última Hora, El Colegio Invisible, Desclasifi­cado, El Ojo Crítico, Sectas satánicas: los sindicatos del Diablo, Google Wikipedia. en tu buzón el ejemplar de la revista dos o tres días después de que hubiese sido enviado a los colaborado­res desde Madrid. Pero aquella sensación, una mezcla de frenesí y temor, al rasgar el sobre y ver tu último trabajo a todo color y con aquellas magníficas maquetacio­nes, es algo irrepetibl­e. Inhalar el contenido de cada página. Tocarlo, olerlo, sentirlo… nada que ver con la fría e impersonal presentaci­ón digital. Algunos de mis primeros reportajes en AÑO/ CERO, como la (número 4), requiriero­n años de trabajo. Otros, como nuestra investigac­ión sobre los suicidas de Tarrasa (9), terminaron convertido­s en película, y algún otro, como mi primer dossier sobre los fraudes paranormal­es (16), generó tanta polémica que casi fue el último. Pero recuerdo con especial cariño (84), que terminó convertido en macro alerta OVNI de la mano Juan Antonio Cebrián, fusionando radio y revista en una iniciativa irrepetibl­e. Eran otros tiempos. diskettes 3.5, diskette Guía de los curanderos gallegos Cazadores de OVNIs 51

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