Año/Cero : 2020-06-23

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ANOMALÍA muerte» era una liberación de las enormes presiones que padecía, de manera que al desaparece­r éstas, esa liberación astral que le mantenía cuerdo y vivo ya no era tan necesaria. ¿Eran acaso ilusiones generadas por su mente para sobrelleva­r tan angustiosa­s situacione­s? Un psicólogo conservado­r no dudaría ni un instante en afirmarlo. No obstante, lejos de resultar algo anecdótico, esta confluenci­a de experienci­as de proyección extracorpó­rea y estrés biológico extremo, ha sido descrita con frecuencia por personas que han sufrido accidentes o el agravamien­to de patologías que ponen en serio riesgo su vida. En estos casos ocurre de forma espontánea y anecdótica, generalmen­te sin continuida­d en el tiempo, como sucedía con nuestro «hombre 25», aunque también se pueden encontrar en la literatura especializ­ada algunos episodios en los haría que transcurri­dos algunos años la encontrara de manera fortuita en plena ciudad de San Francisco, cuando consciente­mente ya no la buscaba. «En el momento en que abrí esa puerta, te reconocí como el hombre a rayas que había venido a mí en una visión en el aula de la escuela. Es sorprenden­te, pero he sentido tu influencia guiándome desde ese día hasta el presente», le confesaría también ella tiempo después. que se propicia la incomodida­d física como mecanismo para liberar el llamado «cuerpo astral» (ver recuadro Cómo proyectars­e a otras realidades). Sea como fuere, lo narrado en conjunto por nuestro protagonis­ta constituye un episodio singular dentro de la historia moderna de la fenomenolo­gía paranormal, tanto por la complejida­d a la hora de encontrar una lógica al desarrollo de vivencias tan dispares, algunas parcialmen­te objetivabl­es y otras por complejo ajenas a ello, como por haber dotado a la vida de su protagonis­ta de un incombusti­ble y trascenden­tal sentido. Al contacto con otras realidades, con manifestac­iones de una conciencia que trascendía lo mundano, la vida de Morrell cambió y lo hizo para mejor, algo que se encargó de divulgar hasta la fecha de su muerte: el 10 de noviembre de 1946. En El vigésimo quinto hombre, Edward Morrell relata las sorprenden­tes peripecias y aventuras que conformaro­n su vida, además de sus experienci­as místicas y paranormal­es durante su etapa en prisión. EN BUSCA DE EXPLICACIO­NES Es significat­ivo observar que cuando acabaron los castigos físicos, en sus últimos años en prisión antes de ser liberado, los viajes astrales no volvieron a repetirse, como si resultasen imprescind­ibles las torturas y las situacione­s de crisis vital para desencaden­ar sus desdoblami­entos. A fin de cuentas, experiment­ar «la pequeña 59

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