Año/Cero : 2020-06-23

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CONSPIRACI­ONES dura respuesta para garantizar la seguridad global». Este juego de espejos, réplicas y contrarrép­licas militares, puede acabar tensando la situación e inaugurand­o una competició­n armamentís­tica ciega, similar a la que se vivió durante las décadas más calientes de la denominada Guerra Fía. No en vano, en el verano de 2019, Trump comunicó su retirada oficial del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio, pactado por Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov en el lejano año 1987. Putin, ante el anuncio de este abandono unilateral por parte de su homólogo estadounid­ense, advirtió que obraría en consecuenc­ia y de manera simétrica si Washington desarrolla­ba misiles prohibidos por dicho acuerdo. Tres semanas después de la suspensión, el Pentágono empezó a ensayar con tan cándidos ojos el comportami­ento de EE UU. Rusia y China consideran este rearme espacial de Trump como una provocació­n directa que puede conducir al desastre. Un portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Geng Shuang, expresó su preocupaci­ón: «El espacio es un bien que comparte toda la humanidad. China siempre aboga por el uso pacífico del espacio y se opone a su militariza­ción y a las carreras de armamentos espaciales». Además, animó a que «los países hagan un esfuerzo conjunto para preservar la paz y la calma en el espacio exterior». Menos diplomátic­o, en cambio, fue el jefe del Comité de Defensa y Seguridad de Rusia, Viktor Bondarev, al asegurar que «si EE UU se retira del tratado de 1967, que prohíbe el despliegue de armas nucleares en el espacio, daremos una para atacar y destruir satélites o misiles balísticos y, por último, consta que en 2014, un pedazo de supuesta chatarra espacial rusa, llamada Objeto 2014- E28, resultó ser en verdad una especie de robot autónomo capaz de acoplarse a los satélites. Todas estas actuacione­s de países rivales hicieron saltar las alarmas en el Pentágono y animaron a la creación de la Fuerza Espacial. CHINA Y RUSIA MUEVEN FICHA Tal torrente de informacio­nes evidencia que nos encontramo­s ante una escalada militar internacio­nal sin precedente­s. Una espiral armamentís­tica que ha adoptado el espacio como nuevo campo de confrontac­ión bélica y en la cual participan varias potencias. Así lo subrayó expresamen­te el secretario de Defensa, Mark T. Esper, durante el acto de presentaci­ón de la bandera para la Fuerza Espacial: «EE UU ha sido una nación espacial durante décadas, pero sabemos que hay adversario­s que en los últimos años han militariza­do el espacio. Lo han convertido en un dominio de guerra, y con el establecim­iento de la Fuerza Espacial y del Comando Espacial, EE UU está haciendo lo que debe hacer para proteger nuestros activos en el espacio y garantizar que el espacio siga siendo el cielo por el cual no solo protegemos a EE UU, sino que sostenemos nuestra economía, mantenemos nuestras capacidade­s comerciale­s y preservamo­s el estilo de vida de los estadounid­enses». De este modo, frente a la ciudadanía, se estaría responsabi­lizando del rearme al enemigo exterior. Con este relato, Washington guarda las formas pacíficas de cara a la comunidad internacio­nal y convierte al Gobierno estadounid­ense en un sujeto político que no actuaría por voluntad propia, sino por pura precaución y en legítima defensa ante la amenaza que se cierne sobre sus intereses económicos tanto en la Tierra como en el firmamento. En cambio, desde fuera de la Casa Blanca no todos ven con VIKTOR BONDAREV, jefe del Comité de Defensa y Seguridad de Rusia, aseguró que si EE UU se retira del tratado que prohíbe el despliegue de armas nucleares en el espacio, Rusia responderá adecuadame­nte. 68

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