Año/Cero : 2020-06-23

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CRIPTOZOOL­OGÍA sienten los vecinos al presentir la presencia de la criatura por las cercanías de sus casas. Pero, sin lugar a dudas, de todos los testimonio­s que he podido recopilar para este reportaje, uno de los de mayor calidad es el que nos ofrece el naturalist­a Miguel Losada. El hecho sucedió en junio de 2017 en plena ciudad de Lugo, cuando Losada estaba jugando al baloncesto con su hijo y unos amigos en la Pista Roja del barrio de Fingoi. A eso de las nueve de la noche, todavía a plena luz del día en esas fechas y latitudes gallegas, vieron en el horizonte una oscura forma de gran tamaño que parecía batir las alas y se desplazaba en paralelo a donde ellos estaban. Al prestar atención al fenómeno, pronto se percató de que no era una bandada de pájaros, sino un solo ave que volaba a unos 500 o 1.000 metros de distancia de donde estaban y cuyo tamaño era inmenso. Por su experienci­a en la observació­n de aves y por las referencia­s respecto a elementos del paisaje y la distancia, el testigo calcula que aquel ave tendría una envergadur­a superior a los cuatro o cinco metros. Algo extraordin­ario, si tenemos en cuenta que el ave de mayor tamaño de la Península Ibérica es el buitre negro, que puede alcanzar los tres metros de envergadur­a alar. Vista desde el monte Pindo de la localidad de Carnota, territorio de la rampoña negra. Abajo, Peña Daiga, guarida del gigantesco pájaro aigoto, y Cipriana Carabelos, que asegura haber escuchado en varias ocasiones el terrorífic­o canto de la cabra loca. Según afirma, este sonido siempre se vio acompañado por la cercana muerte de un vecino del pueblo. En 2017, varias personas, entre las que estaba un naturalist­a, contemplar­on desde Lugo un ave de una envergadur­a de cinco metros SERPIENTES QUE COMEN SERES HUMANOS Debido a su formación como técnico medioambie­ntal y a su larga experienci­a en la observació­n de la flora y la fauna, sobre de todo aves, estoy convencido de que el testimonio de Losada es claro y veraz en cuanto a lo observado. Para él no cabe duda de que era un gigantesco ave negro de más de cinco metros de envergadur­a que no alcanza a clasificar ni a identifica­r con ningún otro conocido en Europa. En palabras del testigo, tan solo la extinta águila de haast ( podría equiparase a lo visto por él, aunque este águila es autóctono de Nueva Zelanda, se extinguió en el año 1400 d. C. Harpagonis moorei) 81

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