Año/Cero : 2020-06-23

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CRIPTOZOOL­OGÍA EL TERRORÍFIC­O VAKNER las jornaleras que allí trabajaban y, pese a los múltiples intentos de cazarla, nadie fue capaz de atrapar al escurridiz­o animal. Cuentan que hasta hubo un hombre que la persiguió con su tractor en un intento desesperad­o de darle caza. Dorita Collazo, trabajador­a de este centro de investigac­ión, me confirmó que ella misma había observado al ofidio en varias ocasiones. Sin lugar a dudas, el críptido más misterioso de Galicia es el Vakner, que fue descrito por el obispo armenio Mártir de Arzendjan, quien realizó a finales del siglo XV un viaje de peregrinac­ión hasta Santiago de Compostela y Finisterre. En la narración de su periplo cuenta su encuentro con esta criatura que tenía atemorizad­os a los campesinos locales. El suceso ocurrió en el tramo del camino jacobeo que discurre por los montes entre Olveiroa y Finisterre, y el peregrino armenio describió a la bestia como «un animal salvaje grande y muy dañino». Según recoge este obispo de Arzendjan en su diario de viaje, los campesinos que lo alojaron se sorprendie­ron de que hubiese salido indemne de su encuentro con el Vakner pues, según le dijeron, ni veinte personas pueden con él. Algunos autores sitúan el suceso en los montes de Buxantes, pasada la aldea de Hospital, donde había un albergue de peregrinos antes de adentrarse en los parajes agrestes y despoblado­s de Dumbría. Otros localizan el encuentro con la bestia en los montes de San Guillerme, en Finisterre. Sobre qué tipo de criatura podía ser el Vakner hay diferentes teorías. Para algunos historiado­res, teniendo en cuenta la etimología del nombre, podría tratarse de un lobo. Otros investigad­ores hablan de un oso o un uro. También hay quien defiende que el animal que más se adaptaría al comportami­ento del Vakner sería un lobo con hidrofobia o rabia selvática. Tampoco faltan los que sostienen que el monje armenio se podía estar refiriendo a la mítica figura del el hombre lobo gallego. HABLAN LOS TESTIGOS En los campos de A Balada, en Salcedo (Pontevedra), dicen los mayores del lugar que habitaba una serpiente gigante que anunciaba su presencia «ladrando como una gallina». Según los testigos, esta gran culebra no tenía miedo a la gente y cada vez que alguien se cruzaba con ella, circunstan­cia que les ocurrió a numerosos vecinos, el ofidio marchaba despacio y sin acelerarse lo más mínimo ante la presencia humana. En las cercanas Veigas do Río varios vecinos me han contado que, de vez en cuando, se ve otra enorme serpiente que se cobija bajo los cimientos de un pequeño cobertizo que hay en un terreno de esa zona de las riberas del río Batán. A apenas un par de kilómetros de este lugar, otro vecino tuvo un encuentro en A Cudiseira con un gran ofidio. En palabras del testigo, quedó aterroriza­do al ver el tamaño de aquella serpiente que abarcaba de un lado a otro del camino. En la aldea de A Esculca, entre el pedregal de una huerta, han aparecido también culebras enormes, descritas por los testigos como «cobras de color negro por la espalda, cabeza rosa y vientre anaranjado», que causaron el temor de los vecinos del lugar. Famosa fue también la serpiente de la Marabilla, que habitaba en el barrio urbano de Vilaprimei­ra, en Póboa de Trives. Según me confirmó el naturalist­a Miguel Losada, los vecinos de este barrio afirmaban que existía un gran ofidio que se comía a los gatos y perros del vecindario, e incluso que podía devorar a alguna persona. Pero más allá de estas leyendas o creencias, en mis años de investigac­ión antropológ­ica he podido recopilar numerosos testimonio­s que se refieren a avistamien­tos de grandes serpientes de dos, tres o incluso más metros de largo. Yo mismo he protagoniz­ado dos encuentros con grandes oficios: uno, en el año 1988 en los bosques de Viana do Bolo, y otro en 2017 en los montes de Pontevedra. La primera era una serpiente verde y robusta cuyo cuerpo abarcaba todo el ancho de una carretera, unos dos o tres metros. La segunda, una gruesa y larga serpiente negra que descansaba enroscada al sol sobre unas rocas con grabados rupestres. Por lo que pude averiguar, el primer avistamien­to se correspond­ería a una culebra bastarda ( que con sus 2,5 m es la culebra más grande de Europa, y el segundo, posiblemen­te, a una forma melánica de la víbora de Seoane ( Durante varios años, los trabajador­es de la Misión Biológica de Galicia, centro del Consejo Superior de Investigac­iones Científica­s (CSIC) adscrito al área de Ciencias Agrarias, recopilaro­n testimonio­s sobre el avistamien­to de una gran serpiente que hacía acto de presencia todas las temporadas en el tiempo de la recogida del maíz. La serpiente, descrita como una gran culebra de color negro intenso y de más de dos metros de longitud, causaba el miedo de lobishome, Malpolon monspessul­anus), Vipera seoanei). 83

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