Año/Cero : 2020-06-23

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APÓCRIFA nueve monasterio­s dedicados a san Miguel en la isla de Symi. El más grande de ellos, Panormitis, se encuentra situado al sur y su construcci­ón estuvo motivada por un milagro. Se cuenta que una mujer devota encontró una imagen del arcángel mientras cavaba la tierra. Se la llevó a su casa, pero la estatua desapareci­ó. Al día siguiente, la mujer regresó al campo y, al volver a cavar, exhumó de nuevo la misma imagen. Fue entonces cuando el arcángel se le apareció en sueños y le expresó su deseo de permanecer en aquel lugar, donde debía construirs­e un santuario en su honor. Por último, en el extremo más oriental de esta asombrosa línea imaginaria, encontramo­s el Monte Carmelo, en Israel. Los judíos llamaban Karmen o Jardín de Dios al promontori­o que se extiende a lo largo de treinta kilómetros y que desciende hasta Haifa. Se trata de una cordillera de forma triangular cuyo nombre, Karmen, derivó en Carmelo. Era un lugar de cultos paganos, plagado de cuevas y santuarios cananeos, fenicios, griegos y judíos. Fue allí donde el profeta Elías desafió a los augures de Baal y Asera y dio muerte a más de cuatrocien­tos de aquellos falsos profetas. En el monte hay un santuario cristiano dedicado a la Virgen del Carmen, situado a 170 metros de altitud sobre la bahía de Haifa, pero en la novela concedo importanci­a a la cueva de Elías, situada más arriba. En su interior, William de Yorkshire vivirá una asombrosa e increíble experienci­a. En la Biblia leemos que Yavhé solía amenazar a su pueblo con desposeerl­e del Carmelo si se entregaba a los cultos paganos. ¿Por qué llamaron a este lugar «Jardín de Dios»? ¿No hay una tradición rabínica y bíblica que menciona un jardín y la presencia del diablo? En definitiva, la existencia de esta gigantesca línea o carril telúrico enlaza siete monasterio­s o lugares de poder en los que siempre están presentes el arcángel San Miguel y el diablo. Era algo demasiado irresistib­le como para no entregarse a construir una novela a partir de esa idea. el mandato del arcángel en dos ocasiones. En la tercera aparición, san Miguel introdujo un dedo dentro del cráneo del incrédulo obispo, y a partir de ese instante comenzaron a sucederse hechos asombrosos y se promovió la construcci­ón del imponente santuario que, desde 966, quedó bajo la custodia de los benedictin­os. La abadía de Mont Saint Michel fue concebida inicialmen­te como una réplica de la iglesia del Monte Gargano, e incluso se trajo un bloque de mármol de ese lugar sobre el que, se decía, se había aparecido el arcángel. Pero lo más llamativo es que el islote había sido un lugar de culto desde tiempos muy anteriores, cuando era conocido como Mont Tombe, y fue escenario de la lucha del arcángel contra el monstruo que encarnaba al diablo. Umberto Eco se inspiró en Sacra de San Michele (arriba) para su novela El nombre de la rosa. Abajo, línea de los siete monasterio­s. LA CUEVA DE LAS APARICIONE­S El Monte Carmelo era un lugar de cultos paganos, plagado En Lombardía (Italia) encontramo­s el cuarto de los hitos de esta Línea: Sacra de San Michele. En los siglos V-VI, monjes procedente­s de Persia extendiero­n el culto al arcángel por esta región. Curiosamen­te, procedían de la misma tierra donde había nacido Mani, fundador del credo maniqueo. En el año 900, se construyer­on en la cima del monte Pirchirian­o dos capillas adosadas a la roca, y el obispo Giovanni Vincenzo ordenó edificar una tercera más grande que, según la tradición, fue consagrada por el mismísimo san Miguel. Ese fue el origen de Sacra de San Michele, escenario en el que Umberto Eco se inspiró para su novela y lugar en el que yo mismo dispuse el final de la mía tras recorrer esa abadía y demorarme cuanto pude en algunos de sus rincones más enigmático­s, como la Escalera de los Muertos, una escalinata arañada a la piedra, en cuyos flancos fueron enterrados monjes. El quinto enclave de la Línea Sacra es el santuario de San Michele, en Monte Gargano, también en Italia. Allí, en Apulia, en el siglo VI, el obispo Lorenzo Maiorano luchaba contra el paganismo sin demasiada fortuna. de santuarios cananeos, fenicios, griegos y judíos Entre la gente que vivía junto al Monte Gargano estaba muy arraigado el culto a una enorme piedra caliza sobre la que hubo un templo dedicado al dios Calcante, adivino y sacerdote de Apolo. En el Libro de las aparicione­s de san Miguel en el Monte Gargano se refieren tres sucesos milagrosos que cambiaron las creencias de los lugareños. En primer lugar, el arcángel se apareció al obispo Maiorano y le dijo que consagrara la cueva que había en el monte y perdonaría los pecados a quienes rezasen en ella. Pero el obispo dudó, debido al pasado pagano del lugar, lo que provocó tres aparicione­s más del arcángel: dos en el siglo V y otra en el siglo XVIII. El sexto eslabón de la cadena se encuentra en el monasterio de Symi, en Grecia. En los primeros siglos del cristianis­mo, se había desarrolla­do en Frigia, Asia Menor, un fuerte culto a los ángeles. Por ello, pronto se fundaron hasta El nombre de la rosa 89

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